El día en que el documental superó a la ficción


Hace ya tiempo que el documental tomó carta de naturaleza en los festivales llamados “generalistas”; es decir, aquellos en que se muestra todo tipo de películas. Para ser justos, hay que decir que la Semana de Valladolid fue pionera en este terreno, al crearse la sección “Tiempo de Historia” en 1984, cuando los documentales estaban limitados a los certámenes especializados en ellos. Poco a poco fue variando la situación, hasta el punto de que hoy no resulta nada extraño que alternen con los films de ficción al mismo nivel y en idéntico apartado. E incluso que los superen en relevancia e interés, como ha sucedido en la jornada de ayer de Cannes con ‘Le dernier des injustes’, de Claude Lanzmann, y ‘L’Image manquante’, de Rithy Panh.

Autor de la monumental ‘Shoah’, la obra cinematográfica más importante que se haya realizado sobre el Holocausto, Lanzmann vuelve a él para recuperar la muy importante entrevista que mantuvo en Roma durante 1975 con Benjamin Murmelstein, el último de los decanos del Consejo Judío del “ghetto”/campo de concentración de Terezin, cerca de Praga. Era este Consejo el encargado de organizar la vida diaria, la intendencia y el control interno de los recluidos en cada campo; y en Terezin tal labor tenía un sentido especial porque la propaganda nazi, y concretamente Adolf Eichmann, lo presentaban como un “modelo” de su política respecto a los judíos. Muchos acusaban a ese Consejo, y más directamente a sus decanos o presidentes, de colaboracionismo con el régimen de Hitler, de facilitar el brutal trabajo represivo que ejercían las SS. Por el contrario, Murmelstein defiende que, gracias a ellos, los detenidos aliviaron sus padecimientos cotidianos, que su intercesión resultó fundamental para que la crueldad no llegase a dimensiones todavía más insoportables.

Debate abierto todavía, que plantea cuestiones éticas fundamentales, ‘Le dernier des injustes’ lo aborda a lo largo de casi cuatro horas, en las que lo fundamental, lo auténticamente revelador, es la mencionada entrevista: Lanzmann no consideró adecuada integrarla en ‘Shoah’ porque se alejaba de su estructura e intenciones; si ahora, ya con casi 88 años, lo hace, es porque le parece justo que se conozca antes de que él desaparezca. Así lo manifestó en la presentación de su documental, dentro de una sesión en la que estuvieron presentes la Ministra francesa de Cultura y la esposa del presidente Hollande, llegada especialmente de París para la ocasión. Igualito que en España…
Si Lanzmann tiene el Holocausto como tema casi monográfico de su filmografía, el camboyano Rithy Panh la dedica al despiadado régimen de los Jemeres Rojos y la dictadura de Pol Pot en los años 70. Lo hizo de manera magistral, sobre todo en ‘S21’ y en ‘Duch’, de 2002 y 2010 respectivamente, y vuelve a hacerlo ahora en ‘L’Image manquante’. Con una doble variación: emplea en este caso la narración autobiográfica y reproduce las situaciones, además de con documentos de la época, con un espléndido “retablo” de figuritas esculpidas en madera por Sarith Mang. Lo que para Panh –que entonces era un adolescente cuyo padre había sido asesinado por el régimen– significó aquel terrible periodo, conforma su lúcido y sensible relato de hasta qué punto puede llegar un régimen despótico en su intento de modelar a su gusto a todo un pueblo.

Ya decía al comienzo que, ante estos dos potentes documentales, habían palidecido las películas de ficción programadas en la Sección Oficial. La verdad es que no eran grandes rivales, porque tanto la japonesa ‘Shield of Straw’, de Takashi Miike, como la franco-norteamericana, fuera de concurso, ‘Blood Ties’, de Guillaume Canet, no van más allá de lo convencional y archiconocido. La primera, parte de una idea prometedora: cómo una supermillonaria recompensa por matar a un criminal, ofrecida por el abuelo de una niña asesinada, puede convertirle en objetivo a abatir por parte de todos, agentes incluidos. Pero lo que viene después, incluyendo el destrozo masivo de coches de policía por parte de un camión cargado de nitroglicerina, no escapa del consabido cine de acción a la “manera americana”. Del que tampoco escapa la más psicológica ‘Blood Ties’, film ya visto muchas veces, por ejemplo el francés ‘Les liens du sang’, del que supone un innecesario “remake” rodado en Nueva York.

¡Ah! ‘Shoah’ y ‘S21’ estuvieron en su momento en “Tiempo de Historia”. Esperamos que suceda otro tanto con ‘Le dernier des injustes’ y ‘L’Image manquante’.

Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 21 de mayo de 2013


Los Coen dominan la competición de Cannes



Es, hasta ahora, la película que más amplio acuerdo ha logrado en la competición de Cannes: ‘Inside Llewyn Davis’, de los hermanos Coen. Una producción pequeña, que refleja el ambiente musical del Greenwich Village neoyorquino a comienzos de la década de los sesenta, antes de Bob Dylan. Y lo hace a través del itinerario en el fracaso del músico cuyo nombre figura en el título, epígono de un auténtico Dave Van Ronk que nunca llegó a la fama, como relatase en su libro autobiográfico “The Mayor of MacDougal Street”, en el que los Coen se han basado. No es la primera vez que muestran el camino de un perdedor y, en este caso, lo han hecho con sencillez, sentido del humor y un auténtico “feeling” con el personaje central. Muy bien interpretado por el excelente actor y cantante guatemalteco Óscar Isaac, en su primer papel protagonista pero a quien ya conocimos como Orestes en ‘Ágora’, de Alejandro Amenábar. A quien da réplica en varias de la mejores secuencias Carey Mulligan, mucho más convincente que en ‘El gran Gatsby’.

Los Coen ya tienen una larga trayectoria en Cannes, con la Palma de Oro para ‘Barton Fink’ en 1991 y dos Premios a la Mejor Dirección, años después, con ‘Fargo y ‘El hombre que nunca estuvo allí’, además del gran éxito logrado por ‘No es país para viejos’. Probablemente, tras la buena recepción que ha cosechado ‘Inside Llewyn Davis’, y con Steven Spielberg a la cabeza del Jurado Internacional, tampoco este año se irán de vacío. Juega a su favor la sencillez y claridad de la propuesta, incluso ese carácter de “película pequeña” que antes citábamos, en el que es su trabajo más personal y auténtico desde aquel ‘No es país…” con un inolvidable Javier Bardem tan malo malísimo.

Radicalmente distintas son las intenciones de ‘Borgman’, de Alex van Warmerdam, en una de las escasísimas ocasiones en que el cine holandés ha figurado en la Competición Oficial. Octavo largometraje de su director, cuya obra más conocida hasta ahora era la de su debut, ‘Abel’, en 1986, sorprende encontrarlo aquí en lugar de un festival especializado como Sitges. Quizá ha sido su –demasiado evidente – reflexión sobre el mal y su carácter de parábola sobre la sociedad de nuestros días, lo que ha determinado su presencia en el primer nivel de Cannes. El acoso y destrucción de una acomodada familia burguesa a cargo de un grupo de vampiros demoníacos o demonios vampíricos, que no tienen apariencia de tales, conforma un relato que se sigue con interés y curiosidad, aunque sea a costa de perdonarle diversos cabos sueltos y una cierta arbitrariedad en su desarrollo.

Cannes suele reservar sus “sorpresas” para el primer domingo del certamen: así lo hizo hace dos años con ‘The Artist’ e históricamente con ‘La balada de Narayama’, que detenta el “récord” de que ningún crítico español del momento la viera entonces y todos tuvieran que inventarse su opinión sobre ella cuando obtuvo la Palma de Oro… Me figuro que no va a suceder lo mismo con ‘Borgman’, subsumida en el clima de máxima expectación y notable resultado conseguido por los Coen. O por la polémica que sigue rodeando a ‘Jeune&Jolie’, de François Ozon. Claro, que si la no explicada en la película “vocación hacia la prostitución” que muestra su protagonista, es entendida a estas alturas (así lo ha hecho el comentarista del diario local “Nice-Matin”) como un claro ejemplo de los “misterios de la sexualidad femenina”, apaga y vámonos.

Por otra parte, se habla mucho por Cannes sobre la hoy en peligro “excepción cultural”, que ha hecho posible el cine europeo de los últimos treinta años. La actitud de Bruselas hacia la próxima firma del Tratado de Libre Comercio, muy ambigua respecto a mantener ese imprescindible principio, gracias al que se salvaguarda la diversidad cultural y no queda arrasada por el poder de Hollywood, preocupa sobremanera a realizadores, productores y, en general, a toda la profesión. Manifiestos, tomas de postura y protestas hacia el débil posicionamiento de la Unión Europea se vienen sucediendo estos días en el Festival y se sucederán en los próximos. Como suele terminar sus artículos Miguel Ángel Aguilar, hay que estar atentos.

Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 20 de mayo de 2013

Robo de joyas, disparos, un continuo diluvio..., Cannes no se priva de nada


¿Qué haría usted si le dijeran que su hijo de seis años no es suyo, que hubo una confusión en el hospital donde lo tuvo y que el realmente suyo vive con otra familia? ¿Aceptaría el cambio de niños, apartando al que ha querido y educado como hijo, o se quedaría a su lado aunque sepa que no es suyo? ¿Dominaría el hecho de haberle cuidado tanto tiempo, o la “voz de la sangre” motivaría que prefiriera al otro? ¿Qué debería prevalecer en usted, el amor acumulado o la estricta relación de parentesco? Es este el nudo central del film del gran cineasta japonés Hirokazu Kore-eda que ha presentado la Competición Oficial, la traducción de cuyo título sería ‘De tal padre, tal hijo’ o, si suena mejor, ‘De tal palo, tal astilla’. Una película estupenda, que –además de estas cuestiones– plantea muchas otras sobre la paternidad, la maternidad, la filiación, la educación, los comportamientos respecto a los hijos, pero con una fluidez de estilo y una sabiduría narrativa realmente dignas de elogio.



Probablemente no habrá en el cine actual nadie que maneje mejor la temática infantil, y la correspondiente dirección de los críos, que Kore-eda. Con títulos como ‘Nadie sabe’ (2004) o ‘Kiseki’ (2011), ya demostró su dominio de la materia, acrecentado, según confesión propia, por haber sido padre de una niña hace cinco años, ya bastante maduro, con más de cuarenta y cinco a sus espaldas. Esta sensibilidad especial, además, no se expresa de manera forzada ni grandielocuente; todo lo contrario, con trazos de comedia en diversas ocasiones y siempre con un claro control de su relación con el público. Así sucede en ‘Tal padre, tal hijo’, donde la seriedad de los temas abordados no implica ningún tipo de solemnidad formal, sino de búsqueda de que el espectador se plantee temas semejantes y de carácter personal ante lo que está viendo en la pantalla.

Bastante más solemne es el propósito de ‘Jimmy P. (Psicoterapia de un indio de las llanuras)’, del francés Arnaud Desplechin, reverenciado por un sector de la crítica y habitual en Cannes, que ha ido seleccionando la mayoría de sus nueve largometrajes, como el anterior ‘Un cuento de Navidad’ hace cinco años. Se basa en un famoso libro en ámbitos psiquiátricos que lleva por título el que el film conserva entre paréntesis, escrito por el antropólogo y psicoanalista galo Georges Devereux, tan peculiar en sus comportamientos como profundo conocedor del mundo indo-americano y la etnopsiquiatría. Nos hallamos, en consecuencia, ante una película seria, concienzuda y densa, centrada en los diálogos entre Devereux y Jimmy Picard (notable Benicio del Toro), un indio piesnegros cuya salud mental quedase dañada tras las duras vivencias sufridas en la II Guerra Mundial. Situados casi exclusivamente en un hospital militar durante 1948, los sucesivos encuentros entre ambos personajes van configurando el relato, que quizá resulte más estimulante leyéndolo en papel que viéndolo en imágenes. Film muy respetable, de cualquier manera, sobre el que llega a pesar ese diálogo continuo y algunos aspectos parciales, como las limitaciones de la ambientación, la aparición de la “ex” de Devereux metida con calzador y la pobreza de personajes y actores secundarios.

Pero, más que a hablar de cine y envuelto en una aguacero continuo, a lo más que se ha dedicado Cannes en las últimas horas es a comentar –como probablemente ya conozcan nuestros lectores– el robo de las joyas de Chopard destinadas a su exhibición por las “estrellas” que acceden a la alfombra roja, valoradas en un millón de euros, y los disparos que un individuo efectuó contra el “stand” de Canal+ en la Croisette, sucesos ambos que han incrementado los controles de acceso a salas y mercado. Pueden comprobar que tenemos de todo por aquí; y yo se lo señalo en lugar de detenerme en películas como la muy bíblica ‘Stop the Pounding Heart’ o la un tanto estrafalaria comedia rusa ‘Cuerpos y bienes’, ambas situadas en comunidades aisladas e incluidas como Sesiones Especiales fuera de concurso, y que, la verdad, lo más probable es que ustedes nunca vean.

Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 19 de mayo de 2013




Cannes ya tiene su "película escándalo"


Casi todos los años, Cannes presenta una película llamada a causar el escándalo de los biempensantes. En esta edición, y aunque el programa acaba de empezar, ese papel parece corresponderle a ‘L’Inconnu du lac’ (‘El desconocido del lago’), ofrecida en la sección paralela Un Certain Regard. Las muy explícitas escenas de sexo de carácter homosexual en este film francés pueden levantar una fuerte polémica, aunque quizá todo se sumerja en la vorágine del Festival. Su director, Alain Guiraudie, que ya había reflejado diversas relaciones gays en sus obras anteriores, ha querido posiblemente curarse en salud: “En un mundo donde casi todos los niños de diez años han visto, por casualidad o voluntariamente, imágenes pornográficas en internet antes incluso de haber comenzado a vivir una sexualidad activa, me parece urgente redescubrir el sexo inscrito en relaciones de diálogo, de seducción, de amor”, ha declarado antes de proyectarse ‘L’inconnu du lac’. En la que, por otra parte, de los apacibles paisajes veraniegos y tiernos crepúsculos se pasa a una media hora final de abierta tensión y misterio.

No en Cannes, pero si en China, puede armar escándalo –si no es prohibida– ‘A Touch of Sin’, de Jia Zhang-Ke, por su visión tan fuerte y descarnada del momento en que vive el país: corrupción, violencia, explotación, enormes desigualdades sociales y económicas… A través de cuatro historias distintas, situada cada una de ellas en una provincia diferente, este cineasta (uno de los de mayor prestigio de su país, habitual en Cannes y que con ‘Still Life’ lograse en Venecia el León de Oro de 2006) ofrece un retrato verdaderamente revulsivo de la China actual. Todas esas historias citadas acaban, de una u otra forma, en explosiones de violencia, e incluyen algunas secuencias tan percutientes como la de las “modelos” de una sauna, ligeras de ropa, desfilando con uniforme militar ante un grupo de nuevos ricos y jerarcas políticos… Pese a sus claras desigualdades en una narración de dos horas y cuarto que en ocasiones se torna confusa y excesiva, ‘A Touch of Sin’ es probablemente la película de mayor interés vista hasta ahora en la Sección Oficial.

También la duración, superior a las dos horas, juega en contra de ‘Le passé’, uno de los films más esperados del Festival, especialmente por venir dirigido por el iraní Asghar Farhadi, cuya valía quedaba acreditada por ‘A propósito de Elly’ y, sobre todo, ‘Nader y Simin. Una separación’, que obtuvo hace dos años el Oso de Oro de Berlín, siendo posteriormente galardonado con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa y gozar de una buena repercusión en las salas españolas. También en este caso se habla de una separación, o más bien de un divorcio: el de Marie, interpretado por una Bérénice Bejo radicalmente distinta a de su papel en ‘The Artist’, y Samir, quien llega desde Teherán a París, tras cuatro años de romper la vida en común, para firmar los papeles de ese divorcio. Pero todo acaba centrándose en la muy conflictiva relación de ella con su hija Lucie, ya adolescente y fruto de un anterior matrimonio. El intento de suicidio de la mujer de la actual pareja de Marie va a encerrar un cierto misterio íntimo, sujeto a los intereses afectivos de los distintos personajes, que Farhadi desarrolla desde una perspectiva casi de “thriller” policiaco. Trama bastante complicada desde el punto de vista psicológico, ‘Le passé’ se mueve mediante artificiosos giros de guion más que por necesidades del relato, envuelta en incesantes diálogos y en un clima moral que llega ser opresivo, pero no suficientemente revelador.

Mucho más directa y sencilla es ‘Fruitvale Station’, del jovencísimo realizador negro Ryan Coogler, que ya triunfase en el último Festival de Sundance (igual que Un Certain Regard mostrase el pasado año ‘Bestias del Sur salvaje’), al recoger la historia real de Oscar Grant, víctima de la represión policiaca que tuvo lugar en la estación de Metro de Oakland que da título al film, en el Año Nuevo de 2009. Recoge esta “opera prima” las veinticuatro horas previas de su protagonista y, si bien a este reflejo cabe achacarle exceso de edulcoramiento en cuanto a la vida familiar, muestra eficacia y capacidad para conmover en su denuncia del trágico hecho.

Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 18 de mayo de 2013




Las adolescentes, protagonistas del primer día de competición


En Cannes puede pasar de todo. Que lo que parece una manifestación, no sea más que el reclamo publicitario de una productora. Que un buen señor lleve a un par de cerditos de paseo, mientras gruñen como condenados. Que bastantes personas miren a la gran pantalla situada en la playa, pero sobre la que solo aparece una prueba técnica de rayas, puntos y “test” sonoros… Lo que nunca sucederá es que, por más que diluvie sobre quienes hacemos cola durante una hora para poder encontrar sitio en las salas, sus puertas se abran ni un minuto antes de lo estrictamente reglamentado.

Evidentemente, los programadores de un certamen no se ponen de acuerdo a la hora de decidir la temática o el grupo social de las películas que componen cada jornada. Pero la indudable coincidencia ha motivado que, en el primer día de la competición oficial y en la inauguración de la sección paralela Un Certain Regard, las adolescentes –en un sentido amplio del término– hayan sido protagonistas. Ya sea la chica de 17 años que se prostituye de manera voluntaria en ‘Jeune&Jolie’, de François Ozon (quien ha utilizado ese título de ‘Joven y Bonita’ que suena tan cursi, pero que responde al de las ofertas eróticas en internet); el grupo de amigas, fascinadas por las marcas y el lujo, que se dedica a robar casas de famosos en ‘The Bling Ring’ (nombre con que las “bautizaron” en la realidad los medios de comunicación), de Sofia Coppola; o la todavía niña de 12 años que, pese a su edad, piensa ya en casarse y queda embarazada tras una violación, dentro de la descripción de la violencia que destroza a una familia narrada por la mexicana ‘Heli’, de Amat Escalante.

Tres películas, por supuesto, muy diferentes entre sí, pero que indican el interés de los/las cineastas hacia esta etapa de la vida, tratando quizá también de atraer a un público potencial con historias cercanas a él. Poco tiene que ver la clase media burguesa del film francés con las “pijas” de Los Ángeles y la muy humilde que sobrevive en Guanajuato. E incluso todavía menos los estilos, narrativa o estética de sus directores. Pero sí me parece que detectan esa creciente atracción, extensible a otros muchos títulos de los últimos años, por ese periodo tan difícil, indefinido y problemático como es la adolescencia.

Con su deseo habitual de cuestionar al espectador en sus convicciones, François Ozon nos sitúa ante una estudiante que es casi prostituta “vocacional”, cuya motivación no viene dada por el dinero que logra con sus servicios de 300 o 500 euros, aunque lo guarde cuidadosamente pero sin un fin concreto, ni tampoco por cualquier tipo de rebeldía social: de hecho, su único mínimo afecto es hacia un cliente que podría ser su abuelo. Es esa gratuidad en el comportamiento, y también un cierto regusto por el escándalo moral, el nivel dominante en ‘Jeune&Jolie”, notablemente alejada de la valía con que Ozon lograse, gracias a ‘Dans la maison’, la Concha de Oro en el último San Sebastián.

Por su parte, Sofia Coppola vuelve a demostrar su acreditada superficialidad en ‘The Bling Ring’, de la que solo escapó parcialmente en su famosa ‘Lost in Translation’. Basada en un reportaje de “Vanity Fair” sobre el hecho real mencionado, su película no va más allá de la crónica puntual, donde la ropa y los objetos de lujo, la cocaína, el crack y la música de consumo (curiosamente, apenas el sexo) conforman el horizonte de este grupo de chicas. Su directora manifiesta haber buscado trazar un “cuento moral” sobre el consumismo y la fascinación por la riqueza, pero para eso hace falta bastante más que la complacencia de sus imágenes.


Sin duda, más duras son las de ‘Heli’, con algunas tan terribles como la tortura a dos jóvenes que incluye quemar los genitales de uno de ellos, al que se ahorca arrojándolo por un puente. Así empieza el film de Escalante, desde donde se desarrolla un amplio “flashback” que traza sin contemplaciones la violencia que domina diversas zonas de México.

Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 17 de mayo de 2013

Cannes se inicia con una fallida adaptación de "El gran Gatsby"


Paul Newman y Joanne Woodward se besan apasionadamente en el cartel del 66 Festival de Cannes, imagen repetida y aumentada en las entradas al Palacio del certamen y en centenares de puntos de la ciudad. Una de las parejas más famosas de la historia del cine preside, de esta manera, una edición que parece inspirada por ella: claro predominio de la producción norteamericana (aunque todavía es más nutrida, como no podía ser menos, la francesa), presencia masiva de “estrellas”, inauguración a todo “glamour” con la nueva versión de ‘El gran Gatsby’, y hasta un Jurado de la Sección Oficial presidido por el icono Steven Spielberg, que deberá otorgar su palmarés entre un conjunto de veinte películas.

Nada que no forme parte del estilo típico de Cannes, pero corregido y aumentado este año. No resulta extraño que, en medio de un tiempo desapacible con viento y lluvia, sean más nutridas que nunca las escaleras y sillas que se sitúan frente a la famosa alfombra roja para ver siquiera un instante a los superfamosos, empezando por Leonardo DiCaprio, sin que importe hacer horas y horas de espera con tal de conseguirlo. Ya en el primer día está casi todo repleto, hoteles y restaurantes especialmente, con los precios por las nubes como de costumbre y unos cuatro mil quinientos periodistas acreditados, que se unen a las más de veinte mil personas que vienen al Mercado del Film. Una locura, por la que se diría que el cine está viviendo tiempos esplendorosos aunque, si uno se fija en detalles concretos, percibe un cierto olor a crisis.

Como indicaba, le ha correspondido abrir boca a ‘El gran Gatsby’, en la quinta vez que se lleva a imágenes la famosa novela de Scott Fitzgerald: una de ellas, que no se conserva, de la etapa del cine mudo; otra, con Alan Ladd como protagonista; la de 1974, que reunía a Robert Redford, Mia Farrow y Sam Waterston en lo que se conoció como inicio de la moda del “revival”, y una posterior, ya para la pequeña pantalla. La actual, con el citado DiCaprio, Carey Mulligan y Tobey Maguire, posee las características de una gran producción a todos los niveles, rodada en Australia, pero el resultado es muy decepcionante. No parecía el también australiano Baz Luhrmann, cuya fama se ha cimentado en una atrabiliaria –por decirlo amablemente- versión de “Romeo y Julieta” y en un desaforado ‘Moulin Rouge’, el director más apropiado para entender la sutileza y la capacidad de sugerencia de Fitzgerald. Los hechos han venido a dar la razón a esos temores. No se trata de una mayor o menor fidelidad al libro original (la guarda en apariencia, salvo la invención de un psiquiatra a quien Nick Carraway, personaje que se convierte en claro protagonista del film y que, ya maduro, le cuenta la historia de su amigo Gatsby), sino de atrapar de verdad lo que encerraban las palabras del gran autor norteamericano.

En lugar de conmovernos con la imposible pasión de Jay Gatsby hacia Daisy Buchanan, a Luhrmann lo que le interesa es deslumbrar por sus proezas técnicas -¡incluso hay una unidad de filmación desde satélite!-, su despliegue escenográfico y su mezcla de músicas, desde Gershwin hasta el hip-hop pasando por el jazz, además de tratar a DiCaprio como una “estrella” al viejo estilo. Poco hay de emoción ni de sutileza o de profundización en el “sueño americano”, que tanto se perciben leyendo a Fitzgerald, en esta versión de “El gran Gatsby”, empeñado Luhrmann en un despliegue de efectistas apariencias, entre las que cabe incluir la innecesaria utilización del 3D. Recibida con frialdad glacial en el pase de Prensa, ha significado un inicio de Festival probablemente lógico, por su nivel de producción y atractivo “mediático”, pero de escasa valía desde una cierta exigencia cinematográfica y literaria.

Un Festival, por cierto, carente más que nunca de cine español: solo el documental ‘Con la pata quebrada’, de Diego Galán, en la sección Cannes Classics; tres coproducciones con participación minoritaria de nuestro país, y la presencia de Isabel Coixet y Enrique González Macho en los Jurados de la Cámara de Oro y de Un Certain Regard. Un bagaje evidentemente más que escaso.

Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 16 de mayo de 2013




Cannes'13: Barras y estrellas


Algunas noticias de última hora han venido a mejorar un poco la presencia española en el ya inminente Festival de Cannes: la selección de Con la pata quebrada, documental de mi compañero de página Diego Galán sobre la visión de la mujer que nuestro cine ha ofrecido desde el sonoro hasta la actualidad, en la sección Cannes Classics; así como la inclusión de Enrique González Macho en el Jurado de la también muestra paralela Un Certain Regard, donde finalmente figura Wakolda, de Lucía Puenzo, coproducción de Wanda Visión en un 20%, con Àlex Brendemühl como protagonista. Que viene así a unirse a la ya anunciada La vie d’Adèle, de Abdellatif Kechiche, otra coproducción –solo financiera en este caso, un 10%, a cargo de Vértigo Films–, en la Sección Oficial. Escasísimo bagaje, en cualquier caso, aunque matiza algo el primer balance de que no iba a haber absolutamente nada español en el primer Festival del mundo. Lo que llevaba al límite una situación que viene siendo habitual, salvo en el caso de Almodóvar y algún año extraordinario, como 2009, donde coincidieron en la Sección Oficial su Los abrazos rotos, Ágora, de Alejandro Amenábar y Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet. Pero aquellos eran otros tiempos para nuestro cine.

Por el contrario, Cannes’13 (menos atractivo sobre el papel que ediciones precedentes) viene marcado por nombres norteamericanos, con las últimas realizaciones de los hermanos Coen, James Gray, Jim Jarmusch, Alexander Payne, Steven Soderbergh, J.C. Chandor, James Toback, Sofia Coppola o James Franco, además de inaugurar con el “remake” de El gran Gatsby, dirigido por el australiano Baz Luhrmann; y, como señal de coherencia, un Jurado Internacional de la Sección Oficial presidido por Steven Spielberg. Todo un desembarco del cine “made in USA”, quizá no a través del omnipotente Hollywood, sino de independientes más o menos integrados. También Francia, como no podía ser menos, se lleva un buen trozo del pastel, junto a dos relevantes cineastas japoneses, Hirokazu Kore-Eda y Takashi Miike, y otros nombres “propios” de Cannes como el polaco Roman Polanski, por partida doble, el italiano Paolo Sorrentino, el danés Nicolas Winding Refn o el británico Stephen Frears. Ni en esta cuestión de nacionalidades tenemos suerte: en la Sección Oficial figura el catalán Amat Escalante con Heli y en Un Certain Regard el burgalés Diego Quemada-Díez con La jaula de oro, pero ambos han desarrollado su actividad profesional en México. Debe de ser lo que la excelsa ministra Báñez llama “movilidad exterior”, con la que la no menos excelsa Esperanza Aguirre se congratula por las divisas que nos aporta…

Pero si Cannes, máximo escaparate del cine mundial, también “se rinde” al cine norteamericano, ofreciendo una imagen suya tan favorecedora, una de dos: o es que se ha dejado fascinar este año por él; o es que está marcando el camino que irremediablemente se va a recorrer en el futuro. Elijan la que más les guste.

Publicado en "Turia" de Valencia, mayo de 2013.