Bajo la todopoderosa familia Du Pont


Salvo las locales, pocas “estrellas” luce este año el Festival de Cannes. La escasa presencia del cine norteamericano en la Sección Oficial –con solo dos películas– provoca seguramente esta carencia, en un certamen demasiado obsesionado con la alfombra roja, el “glamour” y las lujosas imágenes para los programas televisivos y la Prensa del corazón. La ausencia de títulos que parecían confirmados, como los últimos de Clint Eastwood, Terrence Malick y Paul Thomas Anderson, ha determinado una participación USA de bajo tono “mediático”, con el film de animación ‘Cómo entrenar a tu dragón 2’ como máximo reclamo espectacular… Tras un fin de semana agobiante de gente por los cuatro costados, al que ha sucedido una jornada tormentosa de viento y lluvia, Cannes enfila la segunda parte de su programación después de una primera que no ha sido, en su conjunto, para tirar cohetes.

"Foxcatcher", de Bennett Miller

Pero ese, por una vez, peso ligero de la producción estadounidense sí ha cobijado una buena sorpresa: la causada por ‘Foxcatcher’, de Bennett Miller, de quien conocíamos su notable biografía de Truman Capote que llevaba por título el apellido del propio escritor. Si hablo de sorpresa, es porque leída sobre el papel la trama del film no resultaba demasiado estimulante, al centrarse en la historia real de un medallista olímpico de lucha libre y su rico mecenas. Pero la relación que entre ambos se establece está llena de sentido, con una descripción verdaderamente significativa del comportamiento del magnate John du Pont respecto a su protegido. Nos hallamos en las cercanías de los Juegos de Seúl de 1988 y este heredero de una de las más poderosos familias norteamericanas (interpretado a la perfección por Steve Carell) está empeñado en que su país consiga la Medalla de Oro en lucha libre, tanto por sus frustraciones personales como por patriotismo desenfrenado.

Al hilo de ‘Foxcatcher’, cabe recordar que los Du Pont basaban su fortuna original en la fabricación de productos químicos y farmaceúticos, pero donde ganaron millones y millones de dólares fue en la industria armamentística. Y que se ha constatado que las famosas producciones de Samuel Bronston en España eran, en definitiva, una tapadera para sacar de España los beneficios que lograba la empresa y que no se sujetaban a la normativa legal imperante durante el franquismo… El cine sirve para muy diferentes cosas, también para este tipo de manejos fiscales; o para mostrar en la pantalla un juego de poder económico y psicológico sobre un pobre deportista abducido por su patrocinador. Una buena película la de Bennett Miller.

Julianne Moore, en 'Maps to the Stars', de David Cronenberg

Mucho más ambiciosa, pero no por ello más reveladora, es ‘Maps to the Stars’, del siempre inquietante David Cronenberg, uno de los títulos más esperados de la Competición pero que no ha respondido a tal expectativa. Su prometida denuncia del mundo “secreto” de Hollywood a través de diversas historias paralelas pero cuyos turbios personajes acaban confluyendo dramáticamente, resulta menos revulsiva de lo que parece, trufada de incestos, fuegos destructivos o purificadores y “estrellas” en declive o que venden hasta a su madre o a su hijo por serlo. En el tan personal cine de Cronenberg siempre se encuentran propuestas y situaciones perturbadoras, como se da una vez más en ‘Maps to the Stars’, pero ello no basta para quien ha logrado obras de la maestría de ‘Inseparables’, ‘Spider’ o ‘Una historia de violencia’.

Como dice un amigo, no es Cronenberg un tipo con quien te apetezca irte a tomar tranquilamente una copa… Por lo que a mí respecta, me afecta en mucha mayor medida la violencia de género que sufre la protagonista y su hijo en ‘Refugiado’, del argentino Diego Lerman, seleccionada por la Quincena de Realizadores, que las intimidades hollywoodienses que ‘Maps to the Stars’ pone en solfa.

(Publicado en "El Norte de Castilla" de Valladolid, 20 de mayo de 2014).




Jaime Rosales, la excepción española


Muy escasa es la participación española en el Festival de Cannes de este año. Se reduce, en la sección paralela Un Certain Regard, a la excelente película de Jaime Rosales ‘Hermosa juventud’, a la que me referiré más adelante; a un episodio de Marc Recha en el film colectivo ‘Los puentes de Sarajevo’, incluido entre las Proyecciones Especiales, y al cortometraje ‘Safari’, de Gerardo Herrero (que nada tiene que ver con el productor de idéntico nombre), en la Semana de la Crítica. Hay, sí, dos coproducciones, una minoritaria y otra financiera, en la Sección Oficial: ‘Relatos salvajes’, de la que hablamos ayer, auspiciada por los Almodóvar, pero que es básicamente una película argentina, lo mismo que es japonesa ‘Aguas tranquilas’, que cuenta con el respaldo de Lluis Miñarro. Pero nada más, lo que tampoco significa una novedad desde 2009, después de que en la edición de ese año se seleccionasen títulos de Almodóvar, Amenábar e Isabel Coixet. Eran otros tiempos para nuestro cine, que ni siquiera está representado en ninguno de los numerosos Jurados que figuran en el Festival, empezando por el Oficial. Prácticamente, no existimos.

Ingrid García-Jonsson, en "Hermosa juventud", de Jaime Rosales

Menos mal que ‘Hermosa juventud’ ha hecho un estupendo papel, lo que compensa en parte esa amplia ausencia. Se trata, en mi opinión, de la mejor película de Jaime Rosales desde ‘La soledad’, sobre todo por su carácter mucho más abierto, comunicativo y emocional que en los dos anteriores títulos del director barcelonés, ‘Tiro en la cabeza’ y ‘Sueño y silencio’. Film aparentemente muy sencillo, pero solo aparentemente, destaca sobre todo por la aproximación sincera y realista a una pareja con solo veinte años que se enfrenta a las vicisitudes que está experimentando mucha de la gente joven de nuestro país.

Una secuencia de ‘Hermosa juventud’ (nombre entre irónico y laudatorio) como la entrevista con el primer productor de “porno” o imágenes precisas como las que a menudo recogen el desesperanzado mundo de esa pareja, Natalia y Carlos, valen más que muchos tratados sobre la situación de la juventud española. El estilo propio de Rosales, en cuanto a planificación y puesta en escena, se halla sin duda presente. Pero esta vez su “autoría” se ha situado voluntariamente un tanto por detrás de la historia que está narrando, lo que le sitúa junto a los más significativos autores europeos de la última década. Con el enorme acierto, además, de “descubrir” a una fantástica actriz, Ingrid García-Jonsson, que tiene ante ella una enorme carrera si continúa en la línea de sinceridad y potencia expresiva que demuestra en ‘Hermosa juventud’.

Por lo que se refiere al corto ‘Safari’, se trata de una especie de “tarjeta de presentación” de quince minutos para demostrar que se sabe utilizar los códigos genéricos de terror, a la hora de mostrar una matanza en un centro de enseñanza al estilo de la trágicamente famosa de Columbine.

Fuera ya del cine “patrio”, reseñemos el paso por la Sección Oficial del actor norteamericano Tommy Lee Jones en su segundo trabajo como director, después de ‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’. Con ‘The Homesman’ (única película de la Competición mostrada en 35 mm.; todas las demás, en sistema digital) realiza un “western” un tanto peculiar, a mayor gloria de sí mismo pero donde la gana claramente la partida Hilary Swank, en el papel de una mujer fuerte que tiene que conducir por tierras de Nebraska, en 1854, a tres enfermas mentales hasta un lugar donde puedan ser tratadas. Tal es el peso de la actriz sobre el conjunto del film que este se desvanece cuando deja de estar en pantalla, por más que aparezca nada menos que Meryl Streep para tomar el relevo.


Hablando de mujeres, debe resaltarse la presencia de la directora italiana Alice Rohrwacher, sobre todo por ser, con Naomi Kawase, las únicas cineastas en la Sección Oficial. Se ha elegido su segundo largometraje, ‘Le meraviglie’, una pequeña pero estimable obra sobre una familia de apicultores que vive aislada del mundo en la Umbría. Y otra familia, en este caso sueca que pasa sus vacaciones en los Alpes, protagoniza ‘Turist’, de Ruben Östlund, ofrecida por Un Certain Regard. Apunten este título porque va a dar que hablar, con una historia cuyo inicio parece ‘Lo imposible’, se desarrolla como una pieza de Yasmina Reza y termina homenajeando al gran Buñuel de ‘El discreto encanto de la burguesía’.

"Turist", de Ruben Östlund

(Publicado en "El Norte de Castilla" de Valladolid, 19 de mayo de 2014).

Tras las huellas de Chejov y Bergman


Mientras Turquía llora a los trescientos muertos de la catástrofe minera de Soma, el cineasta más prestigioso del país, Nuri Bilge Ceylan, presentaba su película ‘Sueño de invierno’ en la Competición de Cannes. Todos los integrantes del equipo del film llevaban un lazo negro en señal de luto durante la proyección de uno de los títulos más esperados en el Festival, al que incluso se cita como favorito para la Palma de Oro. Lo que no fue óbice para que la organización le dispensara un trato vejatorio, con un solo pase oficial a las 3 de la tarde donde se juntaban invitados, periodistas y público, e inmensas dificultades para acceder a él y que todos cupiéramos en el Palacio (muchos se quedaron fuera, pese a las numerosas protestas). Como ya señalaba ayer, Cannes se permite cosas que no se le aceptarían a ningún otro festival del mundo y abusa continuamente de ser el primero de ellos.

"Sueño de invierno", de Nuri Bilge Ceylan

“Conversaciones en la Capadocia”, podía subtitularse con razón ‘Sueño de invierno’. Porque es en esa región tan bella como extraña donde sucede y porque la película va enlazando a lo largo de tres horas y cuarto diálogos entre sus pocos personajes. La manera de afrontar al mal, el compromiso del escritor, las diferencias en la forma de enfocar la vida por parte de una pareja, los motivos de la humillación y las respuestas ante ella, entre otros muchos temas, componen el film. Que posee una gran altura cinematográfica, donde las resonancias del cine de Bergman son muy perceptibles, pero también enjundia teatral, que busca emparentarse con el “no pasa nada en la superficie, pero mucho en el fondo” tan típico de las piezas de Chejov. No por casualidad su protagonista es un actor retirado, que vive del hotel para turistas que ha heredado de su padre en la Capadocia, y cuya ilusión es escribir una Historia del teatro turco.

Supone ‘Sueño de invierno’ el punto hasta ahora máximo de la filmografía de Nuri Bilge Ceylan, premiada ya en Cannes en tres ocasiones: con el Gran Premio del Jurado por ‘Uzac’ en 2003 y por ‘Érase una vez en Anatolia’ hace tres años, y con el Premio a la Mejor Dirección por ‘Los tres monos’ en 2008, además de otros galardones paralelos. Por tanto, cabe considerarle entre los “hijos de Cannes”, aunque aquí se le haya reservado el trato antes descrito. Pero su cine no es para todos los paladares, como deducirán los que hayan visto al menos uno de los films citados; ‘Sueño de invierno’ tampoco lo es, entre otras cosas por la incesante lectura de subtítulos que exige a quienes no sabemos turco. Pero, vencido este y algún otro “obstáculo” (como una equivocada secuencia donde se cambia sin motivo el punto de vista de la narración), va a quedar sin duda como uno de los grandes films de esta edición.

Actrices y actores de "Relatos salvajes" con el director, Damián Szifrón

Quizá también quede ‘Relatos salvajes’ por ser la única comedia (desde luego, por ahora, y me temo que hasta el final) de la Sección Oficial. Eso sí, una comedia ácida, de fuerte contenido satírico, como su nombre evoca. Escrita –un excelente guion– y dirigida por Damián Szifrón, del que conocíamos ‘Tiempo de valientes’, está compuesta por seis historias diferentes que tienen como nexo conceptual situaciones de máxima tensión a las que se acaba respondiendo de forma radical y despojándose de cualquier limitación o prejuicio. Coproducción minoritaria española, al 30%, a cargo de El Deseo, de los hermanos Almodóvar, y apoyada por el Programa Ibermedia, ‘Relatos salvajes’ es básicamente una película argentina, con un elenco de primera fila de actrices y actores de ese país. Si tal reparto supone un decisivo apoyo para el film, este sabe también, con su divertida ferocidad crítica, evitar las desigualdades que suelen lastrar proyectos similares de unir varias historias en una misma película.


Nada más opuesto a ‘Relatos salvajes’ que ‘Saint Laurent’ (también en la Sección Oficial), biografía del famoso modisto Yves Saint Laurent, mitificado como los franceses saben hacer. El atractivo de verla radica en lo que le interese al espectador todo este mundo de alta costura, “glamour”, droga y homosexualidad refinada. No es mi caso. Aunque no deje de reconocer detalles de buen cineasta en la reconstrucción ambiental que lleva a cabo Bertrand Bonello e interpretativos en el protagonista, Gaspard Ulliel.

(Publicado en "El Norte de Castilla" de Valladolid, 18 de mayo de 2014).

Un Atom Egoyan en clave menor


No pasa Atom Egoyan por su mejor momento en relación con la crítica, que le tuvo en tiempos como uno de sus cineastas favoritos. Ese desapego se vio claramente el pasado año con ‘Devil’s Knot’ en Toronto y San Sebastián; va a volver a suceder con ‘Captives’, que acaba de presentar en la Sección Oficial de Cannes. La gélida, e incluso hostil, acogida que ha encontrado la película en el pase de Prensa resulta una señal inequívoca de por dónde van a ir los tiros. Me temo que esa “desconexión con el cine que predomina en el mundo”, que me comentaba un crítico norteamericano, va a prevalecer a raíz de su último título.

"Captives", de Atom Egoyan

Y, sin embargo, pese a sus debilidades y a algunas opciones equivocadas (como la excesiva música de Mychael Danna), en ‘Captives’ encontramos diversas características muy propias de Egoyan, y especialmente desde la que quizá sea su obra maestra, ‘El dulce porvenir’, que fue Espiga de Oro en la Semana de Valladolid: su preocupación por la infancia, su manera de reflejar la pérdida y la ausencia, su interés por los desequilibrios familiares o su forma de mezclar diferentes tiempos, en este caso con ochos años de distancia. Son los que tarda en reabrirse el caso de la desaparición de una niña, Cassandra, raptada del coche de su padre mientras este compraba una tarta en una pastelería de unas cataratas del Niágara rodeadas por la nieve. El desgarro que el hecho produce entre sus padres, la búsqueda incesante de él y el confinamiento que sufre la pequeña, ya adulta, va componiendo –en esos dos tramos citados– la trama de una película que no quedará en la zona más alta de la filmografía de Egoyan.

"Lejos de mi padre", de Keren Yedada

También de una niña ya adulta habla la muy valiosa película israelí ‘Lejos de mi padre’, de la realizadora Keren Yedada, cuya historia, en función de su brevedad y su capacidad de síntesis, les resumo con su sinopsis: “Moshe y Tami son pareja. Moshe tiene cincuenta años, Tami apenas ha entrado en la veintena. Viven una relación cruel y violenta, de la que Tami parece no poderse liberar. Moshe y Tami son padre e hija”. Un duro relato de incesto observado desde la terrible existencia de la hija, que une al amor que siente por su padre las consecuencias de una insoportable carga traumática, sufriendo de bulimia y de provocarse autolesiones, con cortes en un brazo que hacen rememorar ‘La herida’. Austera, concreta, con el escenario de la casa familiar como centro de buena parte de su metraje, ‘Lejos de mi padre’ (que llevará internacionalmente el título de ‘That Lovely Girl’) merece una consideración especial.

Está incluido el film israelí en la sección paralela Un Certain Regard, que se inaguraba con la franco alemana ‘Party Girl’, “opera prima” de sus tres realizadores y que narra con estilo semidocumental y desigual acierto la vida de una cabaretera de sesenta años a la que se le presenta la oportunidad de casarse con un admirador que la ha conocido en el club donde trabaja. Mayor interés posee ‘La chambre bleue’, donde el actor y director Mathieu Amalric se basa en un relato de Simenon para narrarnos el caso criminal de unos amantes acusados de asesinar a sus respectivas parejas. A base de los interrogatorios del juez y del posterior juicio, Amalric intenta entroncar con un cierto cine clásico francés de los años treinta y cuarenta, como demuestra su elección del formato casi cuadrado del 1:1.33 para sus imágenes, siempre presididas por ese estricto clasicismo formal.

Al igual que Un Certain Regard, y curiosamente el mismo día y a la misma hora (lo que resultaría imperdonable en otros Festivales que no fueran Cannes), se han puesto ya en marcha otras habituales secciones paralelas como la Semana de la Crítica y la Quincena de Realizadores. Concretamente, en la inauguración de esta irrumpieron sobre el escenario un grupo de trabajadores discontinuos del espectáculo que están luchando por un nuevo convenio, arrebataron el micrófono al director de la muestra y leyeron un amplio manifiesto, acompañado por carteles reivindicativos, pero todo muy civilizado. Ayer, 15 de mayo, era día de numerosas huelgas en Francia y, por mucho que lo intenten, Cannes no se puede aislar del mundo.

(Publicado en "El Norte de Castilla" de Valladolid, 17 de mayo de 2014).


"El sol es Dios", para Turner y Leigh


Se esperaba con mucho interés lo que un cineasta como Mike Leigh, tan apegado al realismo más inmediato y a las técnicas de improvisación con sus habituales actores, habría hecho con la biografía (la primera de toda su carrera) de un famoso pintor como el británico J.M.W. Turner. La respuesta es ‘Mr. Turner’, un ambicioso proyecto cuyas características de producción resume el propio Leigh: “La película ha costado 10,3 millones de euros; la investigación y la preparación han durado más de tres años; los ensayos, 24 semanas; el rodaje, 16, y la posproducción, 20. El problema consistía en realizar una reconstrucción histórica adecuada en el plano visual con un presupuesto insuficiente”. Quizá “insuficiente”, pero que para sí querrían muchos realizadores europeos y, en concreto, españoles.

Timothy Spall, en el papel de J.M.W. Turner

Evocar los últimos veinticinco años de la vida de Turner, el pintor de los suaves amaneceres y puestas de sol, de los naufragios y el mar rebelde, le ha llevado a Leigh dos horas y media. Son demasiadas para un film que necesitaría de un montaje más selectivo que eliminase unos veinte minutos. Ya sé que esta impresión se tiene a menudo en los festivales, porque la acumulación de imágenes acaba pesando sobre el espectador. Pero no es este el caso, porque acabamos de empezar el certamen y, de hecho, ‘Mr. Turner’ llega como el primer título de la Competición Oficial.

Dejando aparte tal exceso de metraje, la película revela el interés de Leigh por llevar el agua a su molino; es decir, por aplicar a un relato del siglo XIX el mismo estilo de sus crónicas contemporáneas, tipo ‘Secretos y mentiras’ o ‘Another Year’. No hay en el film nada de heroico o extraordinario en la trayectoria de Turner: todo lo contrario, lo muestra como una persona desabrida, bastante elemental y primitiva en su comportamiento cotidiano, que expresa a menudo con gruñidos guturales. Pero, eso sí, con una capacidad especial para mirar la naturaleza y, de manera específica, los paisajes marinos en su fluctuante relación con la luz, lo que Leigh refleja con belleza. De hecho, las últimas palabras del agreste pintor antes de morir serán “¡El sol es Dios!”, rindiendo así tributo a lo que había caracterizado su obra. Que, poco antes, se había negado a vender en su totalidad a un comprador privado, manteniendo que ese legado artístico sería para el Estado con el fin de que lo pusiera, gratis, a disposición del pueblo. Postura en beneficio de lo público que, casi dos siglos después, ha sido saludada con aplausos por el auditorio del Gran Teatro Lumière, principal sala del Festival.

Por el contrario, y pese a la actualidad de los acontecimientos, poca expectación ha despertado el documental ‘Agua plateada. Autorretrato sirio’, de Ossama Mohammed y Wiam Simav Bedirxan, compuesto por a menudo tremendas imágenes sobre el conflicto de Siria recogidas de You Tube o filmadas por aficionados. Pero esa fuerza de testimonio visual queda casi anulada por un texto que juega a la “autoría” complaciente, a una fastidiosa línea que va entre ‘Hiroshima mon amour’, el lirismo y la pedantería. Plantearse gravemente, en medio de tanta sangre y tortura, cosas como “¿qué es el cine?”, tiene delito… ¡Cuánto daño han hecho los teóricos y críticos franceses sobre lo que debe ser un documental!

"Tombuctú", de Abderrahmane Sissako

Afortunadamente, no juega a eso ‘Tombuctú’, de Abderrahmane Sissako, única película africana a concurso. La toma de la ciudad por un grupo yihadista provoca el sometimiento a un extremismo religioso, que exige que las mujeres oculten también sus manos y sus tobillos o que se prohíba incluso cualquier tipo de música o de deporte y el consumo de tabaco. Parece que este año Cannes nos va a poner en contacto con una serie de conflictos latentes en nuestro mundo: ‘Tombuctú’ lo hace no solo desde la denuncia de la intolerancia, sino también del cuidado de la imagen, como muestra –por ejemplo– un partido de fútbol jugado por niños sin balón o la visión panorámica de una pelea mortal en un río. Y ante situaciones como las aquí descritas, siempre me hago la misma pregunta: ¿quiénes venden o dan armas a estas brigadas fanáticas; quiénes les sustentan económicamente para que sigan actuando con tanta impunidad?

(Publicado por "El Norte de Castilla" de Valladolid, 16 de mayo de 2014).


Grace Kelly, que estás en los cielos...

Nicole Kidman como Grace Kelly

Abucheos y silbidos, además de diversas risas no pretendidas durante la proyección, “saludaron” la presentación ante la Prensa de ‘Grace de Mónaco’, la película con que el 67 Festival de Cannes ha abierto sus puertas. No es para menos, porque el film de Olivier Dahan resulta indigno de abrir un certamen de la importancia de este. Planteado como “una ficción sobre hechos reales”, poco importa que la familia Grimaldi le haya puesto la proa, al considerar que “se basa en referencias históricas erróneas y literarias dudosas”. Lo fundamental es que se trata de una película que usa y abusa de la convención y lo anticuado, en un tipo de relato entre la biografía personal y la Historia cuyo dominio parece pertenecer a los británicos pero no, desde luego, a los franceses.

Cannes nos tiene acostumbrados, salvo con algunos titulos de Woody Allen, a inauguraciones no precisamente maravillosas desde el punto de vista cinematográfico; sin ir más lejos, ‘El gran Gatsby’ el pasado año. Prima ante todo la posibilidad de que haya “estrellas” sobre la alfombra roja inaugural, y de hecho Nicole Kidman –protagonista de ‘Grace de Mónaco’– lo es. En realidad, su esfuerzo interpretativo supone lo más salvable del film, mientras Tim Roth como Príncipe Rainiero finge estar siempre muy preocupado y Paz Vega, en el papel de María Callas, se limita a asomar de vez en cuando su bella cara y a cantar (en “play back”, lógicamente) un aria de Rossini. Y ello en medio de mucho lujo y esplendor, intrigas palaciegas y una mirada supercomplaciente hacia la figura de Grace Kelly, cuyo discurso en la Gala de la Cruz Roja, con su defensa del amor como solución para todo y para todos, provoca bastante vergüenza ajena.

Porque, en definitiva, se trata de una hagiografía de la actriz-princesa, envuelta en dudas sobre la oferta de Hitchcock para volver a Hollywood a rodar ‘Marnie, la ladrona’ o consagrarse a su sagrado deber como esposa, madre y soberana de Mónaco. Envolviendo tal “desgarro íntimo”, una circunstancia histórica: los intentos de De Gaulle por hacer pagar impuestos franceses a los monegascos y, si se niegan, anexionarse el Principado. Conflicto en pequeña clave local que el film aborda disparatadamente como se si tratase de la “crisis de los misiles” que pondría al mundo al borde de la Tercera Guerra Mundial y que sucedería poco después, en los inicios de la década de los sesenta.

Olivier Dahan lo hizo mucho mejor al trazar la biografía de Édith Piaf en ‘La vie en rose’ que ahora cuando se centra en Grace Kelly, con una película a la que no se dedicaría tanta atención si no hubiese inaugurado Cannes. Y que, incluso ahora mismo, sufre la polémica entre su director y su principal financiero, el todopoderoso Harvey Weinstein, a propósito del montaje definitivo. Aquí se ha presentado el defendido por el realizador, pero ni con uno ni con otro la cosa tiene arreglo.

Por más que ‘Grace de Mónaco’ sirva de pasto abonado para crónicas de sociedad y programas de cotilleo, ha sido un mal pistoletazo de salida para el primer Festival del mundo. Con más de 20 millones de euros de presupuesto, 4.500 periodistas acreditados (la mayoría de los cuales ya está aquí) y por encima de los 25.000 participantes en su Mercado, Cannes merecía y necesitaba de otro inicio. Veremos lo que sucede en esta edición, con una presencia muy menor de la producción norteamericana comparada a la de años previos, una clara inclinación hacia la europea y una repetida apuesta por cineastas que ya son habituales en la Croisette, como Mike Leigh, Atom Egoyan, Nuri Bilge Ceylan, David Cronenberg, los hermanos Dardenne, Naomi Kawase, Jean-Luc Godard, Ken Loach u Olivier Assayas, citados por orden de aparición en escena. Por lo menos, parece que no van a caernos encima los diluvios que tanto nos amargaron la edición anterior…

(Publicado en "El Norte de Castilla" de Valladolid, 15 de mayo de 2014).






Un Premio bien merecido


Acierta la Academia al concederle su “Premio Alfonso Sánchez” a la Turia. Definido como “un reconocimiento a la labor de los medios y sus profesionales por divulgar y promocionar el cine español”, muy pocos pueden reunir tantos méritos para lograrlo como nuestra querida Cartelera. Llega además el galardón en un año tan especial como su 50 Aniversario, en cuya cifra se resume una larguísima trayectoria a favor del buen cine. Hay que destacar que en sus páginas se han registrado, comentado y criticado todas las películas españolas (también las de fuera) exhibidas en Valencia desde 1964, acompañadas a menudo con entrevistas y encuentros con sus responsables. Y que parte de ese recorrido se ha complementado con los Premios Turia, que ya van a celebrar su 23 edición y que han conseguido un fuerte prestigio por sus aciertos e incluso por su heterodoxia. Enhorabuena, por tanto, a los que hacen cada semana la revista y a sus lectores, expresada por quien pone cada quince días un granito de arena mediante esta sección.

Creado por la Academia en 2010, el “Premio Alfonso Sánchez” ha recaído anteriormente en el programa de TVE “Versión española” y mi compañero Diego Galán (ex aequo), Antonio Gasset, Oti Rodríguez Marchante y Conxita Casanovas, a quienes sin duda unen con la Turia su interés por nuestro cine, su dedicación a él y una amplia tarea en beneficio de su conocimiento por parte del público, ya sea a través de la televisión, la prensa escrita o la radio. Lo que no significa un afán siempre encomiástico ni elogioso, ni mucho menos propagandístico. Todo lo contrario: el ejercicio de una crítica libre, unida a una información solvente y un llamar a las cosas por su nombre, incluso –o sobre todo– cuando no gustan o son mejorables. En concreto, la Turia se ha manifestado en sus cinco décadas de esa manera libre y desprejuiciada, con un estilo muy propio, lo que le ha causado a menudo disgustos y problemas, especialmente durante la época del franquismo y la censura. Pero con el objetivo bien preciso de la defensa del cine español en sus diversas modalidades y protagonistas, pesara a quien pesara.

Ha sido la Turia, además, “cuna” de diversos cineastas valencianos –como recordaba Antonio Lloréns hace unas semanas– y también de novelistas y ensayistas, además de albergar en sus páginas a innumerables escritores y periodistas de muy distinto registro. Si su supervivencia casi resulta un milagro (quizá no por casualidad sus dependencias están situadas en la calle del mismo nombre) durante estos tiempos de desprecio y marginación de la cultura, la valía de su apuesta se ha ido acrecentado desde sus inicios. Y estoy seguro de que muchos otros premios como el de ahora de la Academia de Cine le seguirán llegando a lo largo de estos meses de cumpleaños.

(Publicado en "Turia" de Valencia, mayo de 2014).