La "alfombra roja" condiciona la programación


Lamentablemente, desde todos los puntos de vista, la Sección Oficial del viernes no ha podido ser peor. La componían ‘The Last Face’, de Sean Penn, y ‘The Neon Demon’, de Nicolas Winding Refn, a cada cual más rechazable. La única explicación de que estén al máximo nivel en el primer Festival del mundo responde a la obsesión de llenar la alfombra roja y la famosa escalinata que da acceso al Palais con “estrellas” que llenen las páginas de las revistas y de los canales de televisión, no la calidad de los films en que intervienen. Es decir, contar con Charlize Theron, Sean Penn y Javier Bardem en el primer caso; con un desfile de esculturales modelos, en el segundo. Si, como señalamos en una crónica inicial, los responsables de la presente edición la autodenominaron como “All Stars”, vienen cumpliendo con esa exigencia mediática que Cannes tiene. Pero el cine, el verdadero cine, se les está escurriendo entre los dedos.

"The Last Face", de Sean Penn

No me gusta hablar demasiado de las películas que detesto y, sin duda, ‘The Last Face’ pertenece a ese “selecto” grupo. No ya porque sea pésima, sino porque aborda graves problemas de actualidad que merecen un tratamiento opuesto y una ética de la que el film carece. La cosa ya empieza mal, con una frase que equipara la tragedia de una guerra con la de una relación amorosa. Pero continúa peor, con unos diálogos que provocaron involuntariamente las risas del auditorio, una estética relamida y cursi (en la que Sean Penn intenta imitar en muchos momentos a Terrence Malick) y un conjunto global que semeja ser un desafortunado “spot” de más de dos horas de Médicos sin Fronteras. Pero, sobre todo, es que se pretende hablar de Liberia, de niños africanos destrozados por la violencia y el hambre, de conflictos bélicos interminables, pretendiendo conectarlo con una historia de amor de fotonovela entre la directora de la ONG (Charlize Theron) y el médico español Miguel León (Javier Bardem), un auténtico “latin lover” a quien ella caracteriza nada menos que como “un huérfano de la Transición política española”… Todavía me pregunto cómo Bardem, que necesita ya como el comer un papel de su nivel interpretativo, no rogó encarecidamente que suprimieran ese párrafo del guion. O ya puestos, toda la película.

"The Neon Demon", de Nicolas Winding Refn

Lo de ‘The Neon Demon’ es distinto, impresentable pero menos irritante. Proponer un relato final de canibalismo como “sutil” metáfora del enfrentamiento entre unas veteranas modelos y una recién llegada a Los Angeles con deseos de gloria, no es precisamente un ejemplo de sutileza. El danés Nicolas Winding Refn, muy sobrevalorado desde que presentase en el Cannes de 2011 ‘Drive’, ya había mostrado su cara más negativa con su posterior ‘Only God Forgives’, víctima aquí en su día de una tormentosa acogida, similar a la que ha tenido ahora ‘The Neon Demon’, superando a ‘Personal Shopper’ en el nivel de abucheos recibidos al término del pase de Prensa. No se puede ser más artificioso e insustancial al reflejar este mundo de la moda, en una sucesión de planos sofisticados como si pertenecieran a una incesante publicidad de marcas de lujo.

En cuanto a las secciones paralelas, citaba ayer ‘Gimme Danger’, el buen documental –sin más– que ha realizado Jim Jarmusch sobre Iggy Popp y su grupo The Stooges. Mientras que la mejor muestra de Un Certain Regard no pertenece a imagen real, sino animada: la bella e inteligente creación en 2-D de ‘La tortue rouge’, primer largometraje del holandés Michael Dudok de Wit, ya muy estimado por sus cortos precedentes. Ni siquiera el gran Hirokazu Kore-Eda llega en ‘Después de la tempestad’ al excelente nivel de sus anteriores ‘Nuestra hermana pequeña’ y ‘De tal padre, tal hijo’; solo en su media hora final, cuando sobreviene un tifón que reúne a la familia, alcanza la intensidad que no había tenido hasta entonces su seguimiento de un padre separado y adicto al juego. Por su parte, y dentro de la muy escasa representación en habla hispana que este año ofrece Cannes (tenemos que congratularnos del Premio de la Semana de la Crítica para ‘Mimosas’), ‘La larga noche de Francisco Sanctis’, “opera prima” de Francisco Márquez y Andrea Testa, vuelve al tema de la dictadura militar argentina para reflejar, en el Buenos Aires de 1977, el conflicto íntimo de un oficinista que duda sobre cuál debe ser su papel ante la represión, en una breve película que más parece el meritorio ejercicio final de curso de una escuela de cine.


Lo dicho: un viernes de Cannes para olvidar.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 21 de mayo de 2016).

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Un día intenso en el Festival


Tras la proyección de las 8’30 de la mañana con ‘Bachillerato’, de Cristian Mungiu, que dura más de dos horas, hay que salir a toda prisa, sin solución de continuidad, para poder entrar a ver el documental de 108 minutos de Jim Jarmusch ‘Gimme Danger’ sobre Iggy Pop y, sin solución de continuidad, apresurarse de nuevo por ‘La mort de Louis XIV’, a cuyo fallecimiento Albert Serra ha dedicado 1 hora y 45 minutos. Sin solución de continuidad quiere decir que no hay tiempo para el café, el pitillo o ir al servicio, a riesgo de que si les dedicas algunos minutos, te quedes en la puerta de la sala… Es solo un ejemplo de cómo vivimos Cannes los periodistas; por eso nos hace tanta gracia cuando alguien nos dice que “¡cómo lo estaremos pasando, de fiesta en fiesta todo el tiempo, disfrutando de la buena vida!”.

"Bachillerato", de Cristian Mungiu

No, no somos ningunos mártires ni tenemos absolutamente nada de qué quejarnos. Pero la verdad es que a veces se hace un poco duro, sobre todo cuando las películas no te hacen olvidar ese ritmo tan frenético. No ha sucedido con la citada ‘Bachillerato’, pese a que había la esperanza de que el rumano Cristian Mungiu recuperase la gran inspiración que demostrase en aquella ‘4 meses, 3 semanas, 2 días’ que obtuvo la Palma de Oro en 2007 y que en la posterior ‘Más allá de las colinas’ ya le había escaseado. Hay en la película un loable intento de hacer una radiografía de la actual sociedad de su país, infiltrada –al igual que en tantos otros, empezando por el nuestro– por la corrupción, el apaño, las influencias y un clima moral degradado. De todo ello trata de librarle a su hija un médico de mediana edad, con esposa y amante perfectamente instaladas, que está obsesionado con que la muchacha vaya a estudiar a Inglaterra. Pero para ello necesita pasar a la primera la prueba del bachillerato, en lo que pone su máximo empeño con métodos más o menos honestos. A base de largos planos muy dialogados y pese a su notable fotografía y a esos excelentes intérpretes que ya parecen consustanciales al cine rumano, el film de Mungiu suena a “fórmula”, a una manera de narrar que se ha fosilizado un tanto en sí misma y no se arriesga creativamente, prefiriendo ir sobre seguro.

También tiene su “fórmula”, muy distinta, el canadiense francófono Xavier Dolan, el “niño bonito” (cuenta con tan solo 27 años) del cine mundial, cuyo ya sexto largometraje, ‘Juste la fin du monde’, ha sido probablemente el film que mayor expectación ha despertado en Cannes. El regreso de un joven “gay” cercano a la muerte, para reencontrarse con una familia a la que no ve desde hace doce años, provoca una catarata de reacciones por parte de su madre y sus hermanos. Que Dolan expresa a su manera: en incesantes primeros planos, con diálogos gritados más que dichos y un tono general donde domina el histrionismo; también, es cierto, con un excelente uso de la música de Gabriel Yared. La procedencia teatral de ‘Juste la fin du monde’, un texto de Jean-Luc Lagarce muy deudor de la época en que el sida hacía estragos y que se halla incluido en diversos niveles de lectura de la enseñanza francesa, resulta patente en la película, lastrando la personalidad y mayor libertad formal que Dolan había mostrado en títulos anteriores como ‘Mommy’ o ‘Laurence Anyways”.

"La mort de Louis XIV", de Albert Serra


Otro “niño mimado” por los Festivales, el catalán Albert Serra, ha presentado en una de las llamadas “Sesiones especiales” de la Sección Oficial ‘La mort de Louis XIV’, con la que concluye la participación española en el terreno del largometraje (faltan por llegar los cortos ‘TimeCode’, de Juanjo Giménez Peña, a concurso, y ‘Decorado’, de Alberto Vázquez, en la Quincena de Realizadores). Respecto al film de Serra, cabe preguntarse si hacía falta hacerlo, si tiene suficiente sentido e interés centrarse tanto en las últimas horas del monarca galo. Si la respuesta a ello es afirmativa, hay que concluir que el resultado es convincente, que –lejos, por fortuna, de trabajos previos como ‘Honor de cavallería’ y ‘El Cant des Ocells’– Serra ha logrado aquí su mejor obra. Cuidada al extremo en su reconstrucción de la agonía del Rey Sol, rodeado por médicos y otros miembros de la Corte, ‘La mort…’ puede aburrir a muchos espectadores por su lentitud y su detallismo, pero merece consideración. Aunque solo sea por ver a un irreconocible Jean-Pierre Léaud, aquel Antoine Doinel de las películas de Truffaut y a quien Cannes concede este año su Palma de Oro de Honor, ofreciendo una elogiable interpretación pese a no moverse de su cama mortuoria.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 20 de mayo de 2016).

Los Dardenne, por debajo de su nivel


Siendo como soy un rendido admirador del cine de los hermanos Dardenne, me cuesta mucho escribir esta crónica. Porque creo que ‘La fille inconnue’, la película que han presentado en la Sección Oficial, está por debajo del excelente nivel que han acreditado a lo largo de toda su carrera. Nos narran ahora la culpa que embarga a una joven médico por no haber atendido a una mujer que reclamaba su atención en el dispensario en el que trabaja, debido a que llega fuera de la hora de consulta. Y esta mujer aparece muerta, sin que se sepa su identidad ni los motivos que han llevado a ese desenlace, aspectos ambos que Jenny –la protagonista del film– intentará descifrar para paliar su desazón psicológica. Casi cumpliendo las funciones de un policía (de hecho, esa era la profesión que figuraba en los inicios del proyecto), va intentando desentrañar la situación.

"La fille inconnue", de los hermanos Dardenne

No es novedad en los Dardenne que el personaje central, preferentemente femenino, busque conocerse a sí mismo y a los demás mediante sucesivos contactos con una serie de semejantes, cercanos o no. El problema es que en ‘La fille inconnue’ tales contactos no resultan enriquecedores ni para ese personaje ni para los espectadores, que contemplan solo repetidos encuentros que, si bien construyen la trama, no la hacen progresar debidamente, sobre todo en el plano íntimo.

Con abuso del teléfono móvil o fijo, con una cierta artificiosidad en las relaciones que Jenny va tejiendo, con una actriz como Adèle Haene sin la capacidad comunicativa de Marion Cotillard, Cécile de France o Émilie Dequenne, protagonistas de anteriores films de los Dardenne, la búsqueda del destino de esta “chica desconocida” se vuelve fatigosa y artificial. Solo la introspección en el submundo que rodea la trama principal y el tratamiento del cuerpo humano, aquí sometido a los cuidados médicos, nos recuerdan la maestría con que los Dardenne suelen abordar ambos terrenos. Hará falta ver otra vez ‘La fille inconnue’ para decidir si este parecer crítico resulta cierto o equivocado. Quienes son autores fundamentales en el cine contemporáneo y, entre otras cosas, han obtenido dos veces la Palma de Oro de Cannes, con ‘Rosetta’ en 1999 y ‘El niño’ en 2005, merecen sobradamente una nueva oportunidad.

La película que no requiere otra visión es la filipina ‘Ma’Rosa’, tal es su fuerza, que entra por los ojos. Tras un comienzo algo titubeante, Brillante Mendoza, su director, se mete en harina para denunciar la corrupción policial que hace estragos en la familia de unos pobres tenderos de Manila que, con el fin de completar sus escasos ingresos, trapichean con droga. Al ser detenidos la madre y el padre, sus hijos tendrán que buscar por todos los medios el dinero que los agentes corruptos les exigen para ponerlos en libertad. El estilo semidocumental de Mendoza (habitualmente con cámara en mano), “jefe de filas” del cine de su país y de quien, mediante ‘Taklub’, tuvimos también notable muestra en la sección Un Certain Regard del pasado año, brilla en ‘Ma’Rosa’ por su verosimilitud y dinamismo, por situarnos de forma creíble ante una situación cuya injusticia clama al cielo.

"Captain Fantastic", de Matt Ross

Pero si de Un Certain Regard hablamos, hay que dejar constancia de que su mayor éxito hasta ahora ha venido de la mano de ‘Captain Fantastic’, segundo largometraje del norteamericano Matt Ross. En ella se confrontan dos maneras de vivir: la ejercida por un padre viudo y sus seis hijos que viven en plena naturaleza, desdeñando radicalmente los patrones establecidos en las sociedades occidentales de consumo, pero manteniendo una gran exigencia intelectual; y la de quienes se sitúan dentro de ese moldes sociales, sin cuestionárselos en ningún momento. El conflicto es atractivo y, de alguna manera, interpela al “modus vivendi” de cada espectador. Aunque, sobre todo en su parte final, ‘Captain Fantastic’, que cuenta con una soberbia interpretación de Viggo Mortensen como ese padre liberado o refugiado de la sociedad, acaba cediendo a una serie de facilidades casi caricaturescas que dañan al conjunto del film. Pero quien más quien menos, todos salimos pensando si no sería mejor irnos a las montañas…

¿Saben de dónde son los críticos que minimizan la valía de ‘Paterson’, la película de Jim Jarmusch que, sin embargo, el resto de la crítica internacional da como favorita junto a ‘Toni Erdmann’, de la alemana Maren Ade? Pues franceses, los mismos que alaban sin parar esa cuádruple representación de su país en la Competición Oficial que, por fortuna, ya ha terminado.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 19 de mayo de 2016).

Almodóvar obtiene una buena acogida en Cannes


En la presentación en Cannes de "Julieta"

Una ovación, intensa aunque no espectacular, recibió ‘Julieta’ en la primera proyección pública del Festival. Era la de las ocho y media de la mañana, cuando en la repleta Gran Sala Lumière, de más de dos mil butacas, se reúne toda la Prensa y acreditados en general. La película se “respiró” bien, con evidente atención, solo complementada por algunas risas con las primeras apariciones de Rossy de Palma. Los aplausos se repitieron un par de veces en los títulos de crédito finales. Mientras pasaban en la pantalla, un hombre de mediana edad lloraba desconsolado detrás de mí…

Aunque el moderador trató de evitarlo, en la Rueda de Prensa surgió inevitablemente el tema de los Papeles de Panamá. Quiso responder Pedro Almodóvar a la pregunta y lo hizo con decisión: “Si los Papeles de Panamá fueran una película, mi hermano Agustín y yo seríamos meros figurantes en ella, extras sin frase. El problema es que la Prensa española nos ha convertido en protagonistas”, animando después a cerrar el tema y que no le impidiese a nadie ver ‘Julieta’ y disfrutar de ella. Ya no se volvió a suscitar la cuestión, con Almodóvar haciendo ejercicio de humildad (“vengo a competición porque no soy un maestro como Allen o Spielberg, que prefieren participar fuera de concurso”) y, en relación con Alice Munro, en tres de cuyos relatos se inspira el film, afirmando que –igual que ella decía respecto a la literatura– “yo soy básicamente un ama de casa”… La Rueda terminó con el aplauso general, por más que la organización del Festival tuvo la “indelicadeza” de hacerla coincidir con el pase obligatorio para la Prensa de una película en competición.

Con ‘Julieta’, ya es la quinta vez que Almodóvar figura en la Sección Oficial de Cannes, con una cosecha de diversos premios aunque sin lograr nunca la Palma de Oro, de la que estuvo muy cerca con ‘Todo sobre mi madre’ (Premio al Mejor Director) y con ‘Volver’ (Premio al Mejor Guion y al conjunto de las actrices, encabezadas por Penélope Cruz y Carmen Maura). Los franceses siguen mostrándole su apoyo incondicional, aunque queda en las crónicas aquellas palabras del entonces director del certamen, quien tras escandalizarse con ‘Entre tinieblas’, no dudó en afirmar que alguien que hacía un cine así nunca estaría en Cannes… “Profecía” que se ha vuelto a desmentir con esta ‘Julieta’ sobre cuya valoración no me extenderé ya que ‘El Norte de Castilla’ le ha dedicado especial atención, sobre todo de manera muy destacada en su suplemento cultural ‘La sombra del ciprés’.

Coincidía el film de Almodóvar en otros dos títulos también protagonizados por mujeres y que responden a la característica de ser ambas “One Woman Show” o, si lo prefieren en román paladino, películas que se hallan destinadas básicamente a ser vehículos de lucimiento para sus actrices: Kristen Stewart en el caso de la francesa ‘Personal Shopper’, de Olivier Assayas, y Sonia Braga en el ‘Aquarius’ del brasileño Kleber Mendonça Filho, cuya presencia incesante domina unas imágenes puestas a su servicio, pero con diferentes estilos y resultados en uno y otro caso.

Kristen Stewart debe su popularidad a la saga ‘Crepúsculo’, aunque últimamente parece encaminarse por otros derroteros, como lo demuestra su presencia en ‘Café Society’, que abrió felizmente este año Cannes gracias a Woody Allen, y en este ‘Personal Shopper’, término que designa a quien compra ropa y complementos varios para otra persona, en este caso una importante figura de la moda. Pero el film de Assayas (quien no ha vuelto a hacer nada demasiado bueno desde su excelente serie ‘Carlos’) se adentra inmediatamente en el tema del espiritismo, el contacto con seres desaparecidos y el mundo fantasmagórico, a partir de la experiencia de la protagonista, traumatizada por el fallecimiento de su hermano. Aunque durante su desarrollo mantiene una cierta tensión propia del género, ‘Personal Shopper’ acaba en fiasco, contando en su haber con el “privilegio” de haber sido la única película de la Sección Oficial cuyo pase de Prensa haya terminado entre abucheos.

"Aquarius", de Kleber Mendonça Filho


Mientras, Sonia Braga renace en el cine brasileño para dar vida en ‘Aquarius’ a una escritora y periodista ya retirada, que se opone con todas sus fuerzas a vender su casa de siempre a una constructora que desea comprársela para edificar un nuevo edificio de apartamentos. La lucha contra la injusticia y la corrupción de los potentados es siempre un buen argumento, que Mendonça Filho y su actriz tratan con convicción y eficacia.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 18 de mayo de 2016).

"Paterson", de Jarmusch, un momento mágico


De tiempo en tiempo, se dan momentos mágicos en un Festival, cuando una película llega hasta lo más hondo, cuando uno se siente privilegiado por haber asistido al nacimiento público de una obra de arte. Uno de esos momentos mágicos se ha producido hoy mismo, con la proyección en Sección Oficial de ‘Paterson’, de Jim Jarmusch. Una film donde lo cotidiano y lo poético se dan cita ineludible; una película que vuela por encima de cualquier otra vista hasta ahora en el certamen.

"Paterson", de Jim Jarmusch

No puede ser más sencillo su planteamiento: seguir día a día, durante una semana, la vida de un conductor de autobús aficionado a la poesía (especialmente a la de estilo cotidiano de William Carlos Williams) y que escribe sus propios poemas en un íntimo carnet de notas. Junto a él, su mujer, llena siempre de proyectos con los que prosperar, y un bulldog inglés que les acompaña pacientemente en la casa. De un lunes al comienzo del lunes siguiente, asistimos a la existencia de estos personajes normales y corrientes, con un tratamiento sensible y amoroso de la vida en pareja como muy pocas veces hemos visto en cine. Y siempre la poesía, en una ciudad muy volcada a ella por tradición –la de New Jersey que da título al film y al protagonista–, como sustrato necesario de todo el relato.

Demos la palabra al propio Jarmusch: “’Paterson’ rinde homenaje a la poesía de los detalles, de las variaciones e intercambios cotidianos. La película desea ser un antídoto contra la negrura y la densidad de los films dramáticos y al cine de acción. Es una película que el espectador debe dejar flotar bajo sus ojos, como imágenes vistas por la ventana de un autobús que se desliza, como una góndola, a través de las calles de una pequeña ciudad olvidada”. Palabras exactas de un cineasta que no solo recupera su mejor forma, tras unos años de declive entre ‘Flores rotas’ y ‘Solo los amantes sobreviven’, cuando optó más por la música, sino que ha logrado llegar a la cumbre de su carrera con este ‘Paterson’, muestra de su espléndida madurez a los 63 años. Pero, por mucho que me apetezca, no le dedicaré mayores elogios, que pueden acabar siendo contraproducentes para el futuro espectador de esta obra maestra. Únicamente diré ya que ‘Paterson’ es una de esas películas que hacen bien a cuantos la contemplan.

Al ir con ella en la misma jornada, ha palidecido ‘Loving’, del también norteamericano Jeff Nichols, el notable realizador de ‘Take Shelter’ y ‘Mud’. Narra el calvario personal y jurídico que, en la realidad, tuvo que pasar una pareja mixta (él, un obrero blanco; ella, una mujer de su casa, negra) en la Virginia segregacionista de 1958, que anatemizaba este tipo de matrimonios. Y lo cuenta de manera correcta, eficaz, aunque también previsible y similar a otros títulos que ya han abordado conflictos interraciales. La decisión vinculante sobre el caso de Richard y Mildred Loving por parte del Tribunal Supremo norteamericano, puso fin a una odisea que Nichols refleja con más buen oficio que inspiración.

Tras la coproducción minoritaria de ‘Neruda’ y antes de que mañana acceda a la Competición oficial la ‘Julieta’ de Pedro Almodóvar, le ha llegado el turno al primer film de la muy escasa representación española: ‘Mimosas’, del gallego (aunque nacido en París y ahora residente la mayor parte del tiempo en Marruecos) Oliver Laxe, que ya ganó el Premio de la Crítica en la Quincena de Realizadores de hace seis años con ‘Todos sois capitanes’.

"Mimosas", de Oliver Laxe

En ese mismo Marruecos donde se desarrollaba su “opera prima” se sitúa ahora ‘Mimosas’, concretamente en la estribaciones de las montañas del Atlas, por donde viaja una caravana de nativos que debe atravesarlas con notorios obstáculos. Es una película esforzada, en todos los sentidos, no de fácil comunicación con el público, que adopta en principio ciertos esquemas del “western” para convertirse luego, según su autor, en “una película sobre la fe, aunque no sobre la religión”. Una integrante del Comité de Selección de la Semana de la Crítica –sección dedicada a primeras y segundas obras en la que ‘Mimosas’ figura– prefirió presentarla sobre el escenario como “una epopeya mística” y acabó su intervención deseando a los espectadores, en lugar del habitual “buena proyección”, nada menos que “buena levitación”…

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 17 de mayo de 2016).




Se acaba el turno de las cineastas


Hay que agradecer a Nicole Garcia que en un Festival que no se distingue por su apego al cine español –excepto Almodóvar–, figure en la Sección Oficial un apellido tan reciamente hispano como el suyo… Pero poco más debemos agradecerle, porque su película ‘Mal de pierres’, cuyo título se refiere a unos cálculos renales que dificultan el embarazo, se queda en mucho menos de cuanto podría ser. Basada en la novela de éxito de la italiana Milena Agus, esta historia de una mujer de pueblo que aspira a un gran amor, pero que se ve forzada a casarse con un hombre al que no quiere, en la Francia rural de los primeros años 50, habría dado origen a una excelente película en manos de un Truffaut o del mejor Chabrol. Pero acaba convirtiéndose en literatura barata, desprovista de la necesaria pasión y creatividad en este octavo largometraje de Nicole Garcia, nacida en Argel con ascendencia española y también conocida actriz. Si tres de sus films ya han sido seleccionados al máximo nivel en Cannes, cabe preguntarse por qué tanta predilección.

"Mal de pierres", de Nicole Garcia

Pese a los plausibles esfuerzos que hace Marion Cotillard para “hacerse” con el papel protagonista, difícilmente podemos creerla, a su edad, como la jovencita ávida de amor y tomada por loca por su entorno que centra buena parte de la narración, contada en “flash-back”. También se empeñan, y bien, otros intérpretes, como el catalán Àlex Brendemühl en el papel de obrero republicano exiliado (pensado inicialmente para Javier Cámara), quizá el personaje más convincente de ‘Mal de pierres’. Pero el problema no está en ellos, sino en la visión tan convencional que Nicole Garcia aporta al relato.

Con ella y con la Andrea Arnold de ‘American Honey’, la Sección Oficial cierra el exiguo hueco dejado a las mujeres cineastas, iniciado el día anterior con la alemana Maren Ade y su ‘Toni Erdmann’, sin duda la de mayor valía de las tres. No quiero meterme en jardines pero, al margen de la calidad concreta de cada uno de ellos, percibo en estos films una mirada femenina muy distinta a si estuvieran dirigidos por colegas masculinos, una sensibilidad especial en el tratamiento de los personajes, una peculiar forma de abordar los conflictos, especialmente los eróticos o los paterno-filiales. Pero dejemos el tema, imposible de abordar en profundidad dentro de una crónica diaria.

Lo mejor que se puede decir de ‘American Honey’ es que, teniendo la fuerte tentación de abandonar su proyección a los tres cuartos de hora (cuando ya estamos suficientemente hartos del grupo de jóvenes de diversas partes de Estados Unidos que se dedican a vender de puerta en puerta suscripciones a revistas y se desplazan juntos en un microbús), hayamos seguido viendo sus 163 minutos de duración, con cámara casi siempre en mano. Resulta curioso que ahora, cuando los norteamericanos casi están dejando de hacer “cine independiente”, venga una realizadora inglesa y se incline por seguir los parámetros y el estilo de dicho cine. Andrea Arnold está bien considerada por sus dos primeras películas, ‘Red Road’ y ‘Fish Tank’, pero sobre todo por su versión ultranaturalista de ‘Cumbres borrascosas’, mucho más personales que esta ‘American Honey’ un tanto de imitación.

"Neruda", de Pablo Larraín

Fuera de la Sección Oficial, quédense –es fácil de recordar– con el título de ‘Neruda’, de Pablo Larraín, original acercamiento a un periodo de la vida del gran poeta chileno. Concretamente, el referido a cuando fue senador en 1948 y se vio perseguido por su política de oposición al presidente González Videla hasta que logró exiliarse en Argentina. Pero no es, para nada, una biografía al uso, sino que dicha etapa está narrada por el policía imaginario que le persigue incesantemente y que interpreta Gael García Bernal. Lejos de una aproximación hagiográfica o meramente descriptiva, el guion de Guillermo Calderón y sexto largometraje de Larraín (con títulos anteriores tan destacados como ‘No’ o el muy reciente ‘El club’) ofrece una visión que se ha dado en llamar “poliédrica” o, como el propio cineasta ha dicho, ‘Neruda’ es “más una película nerudiana que un film sobre Neruda”.


Y por si la vallisoletana “Tiempo de Historia” tiene a bien incluirlos en su programa, apunten también dos documentales con relieve especial: ‘Exil’, donde el camboyano Rithy Panh reflexiona sobre su tema preferido, el de la devastación personal y colectiva que supuso la dictadura de los Jemeres Rojos; y ‘Wrong Elements’, de Jonathan Littell, fuerte denuncia de la barbarie ejercida sobre los niños ugandeses para convertirlos en soldados.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 16 de mayo de 2016).

El mundo de Roald Dahl, visto por Spielberg


Quienes venimos habitualmente al Festival de Cannes tememos como a un nublado la llegada de su primer fin de semana. Es como si media Francia se hubiera desplazado aquí, con sus medios de información incluidos, para darse un garbeo por el certamen, al que suelen sumarse los viajeros de un par de cruceros atracados en la bahía. Todo está lleno a rebosar, las colas se multiplican ante cualquier sala de proyección, restaurante o local público, lo que este año resulta aún más incómodo por el aumento de las medidas de seguridad. Quizá como consecuencia de ello, se nota asimismo una mayor agresividad y malhumor en el personal: si, por ejemplo, se filmaran las peleas ante los expositores que, en la entrada al Mercado del Film, ofrecen gratuitamente las diversas revistas profesionales editadas durante el certamen, tendríamos un buen comienzo para la segunda parte de ‘Relatos salvajes’… Pero, más en serio, hay que creer que estará previsto un perfecto sistema de evacuación ante una grave emergencia que pudiera producirse y que, en medio del océano de puertas cerradas y vallas, daría origen a una verdadera catástrofe.

"The BFG", de Steven Spielberg

Todo ello se incrementa cuando el Festival programa una película de Spielberg como ‘The BFG’, adaptación de la famosa novela infantil que el autor británico Roald Dahl escribiese en 1982 y que en España llevó el título de ‘El Gran Gigante Bonachón’. A finales de esa década, ya se había hecho una versión en dibujos animados, como también se han llevado al cine otros relatos de Dahl, como ‘Charlie y la fábrica de chocolate’, ‘Matilda’ o ‘Fantástico Mr. Fox’. Pero el hecho de que Spielberg (apoyado esta vez en Disney) se fijara en la historia de este buen gigante y la niña de un orfanato que le acompaña, empleando para ello los más avanzados medios técnicos en imagen real y un despliegue de decorados fantasiosos, otorgaba un carácter especial al estreno de ‘The BFG’ en Cannes, fuera de concurso.

Pues, pese a ello, seguimos prefiriendo con mucho “E.T.” dentro de la zona “de cuentos” o “familiar” de su autor. Quizá abrumado por unos efectos digitales que tienen que luchar continuamente con la diferencia de tamaño entre un gigante de 7 metros y una niña de 10 años, quizá porque se ha sentido menos a gusto interpretando el mundo de Dahl que con una historia propia, lo cierto es que la película no acaba de funcionar. Contrariamente a lo que son señas de identidad de Spielberg, a “The BFG’ le falta una emoción que la incesante música de John Williams no le otorga, le falta ritmo narrativo, no posee el dominio e inventiva que acabábamos de admirar en un film suyo tan distinto como ‘El puente de los espías’ (con el que comparte al excelente actor Mark Rylance; allí, un informante ruso que le llevó al Oscar; aquí, el gigante simpático).

"Toni Erdmann", de Maren Ade

Aplastada por la popularidad de Spielberg, ha llegado una de las posibles sorpresas de la Competición: ‘Toni Erdmann’, tercer largometraje de Maren Ade, que supone la primera de la escasísima presencia –solo tres títulos– de directoras en la Sección Oficial y que, además, significa el regreso a ella de una cinematografía como la alemana, largo tiempo postergada. Aborda el encuentro entre un padre siempre bromista y casi bohemio con una hija con la que apenas se relaciona pero con la que vive una serie de peripecias en Bucarest, donde ella trabaja como alta ejecutiva. Ágil y divertida en diversos momentos (lo que siempre se agradece en un Festival), tan bien interpretada por Sandra Hüller y Peter Simonischek que podría alzarles hasta el Palmarés final, adolece sin embargo de un exceso de metraje en sus 2 horas y 42 minutos, consecuencia de un guion que habría necesitado algún “hervor” más para evitar repeticiones y secuencias prescindibles, que un montaje de quince meses no ha logrado compensar.

Dando la razón al Instituto de Cine Sueco, que plantea llegar en 2020 a un 50% de cineastas de uno y otro sexo, también otra mujer ha destacado tras la cámara en la muestra paralela Un Certain Regard: la francesa Stéphanie Di Giusto con su “opera prima” ‘La danseuse’, brillante biografía de la bailarina Loïe Fuller, que se hizo famosa con la llamada “danza serpentina”, a base de grandes velos y gasas, y que precedió a Isadora Duncan. E igualmente mujeres, en este caso como personajes, centran ‘Mademoiselle’, donde Park Chan-Wook filma con belleza e intensidad unas secuencias eróticas que acaban eliminando las barreras de clase y nación entre ama y criada durante la ocupación japonesa de Corea en los años 30.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 15 de mayo de 2016).