Cannes'17: Siete décadas nos contemplan


Para comenzar su 70 edición, que desea conmemorar con la imagen en su cartel de una vitalista Claudia Cardinale y numerosas fiestas y homenajes, Cannes ha elegido una película relacionada con el cine, Les fantômes d’ Ismaël, de Arnaud Desplechin. O, más concretamente, sobre el conflicto interior de un cineasta que ve cómo su mujer reaparece tras veintiún años sin noticias de ella, en medio de la elaboración de su próximo trabajo. Inauguración débil, acogida gélidamente por la Prensa, ya que el cineasta francés solo consigue interesar en la primera parte de su narración. Tampoco resultaba muy estimulante el debut en la realización de Vanessa Redgrave, con un documental, Sea Sorrow, plagado de buenas intenciones pero cuya única novedad es mezclar textos de Shakespeare con el que parece que va a ser gran tema del certamen, el del actual éxodo de refugiados.

Cartel conmemorativo de los 70 años del Festival de Cannes

Siempre se ha dicho que Cannes cuida especialmente su “cuadra” de cineastas; es decir, de aquellos que se han significado especialmente en el certamen y están adheridos a su nombre. Buena prueba de ello es la competición de este año, con diecinueve títulos, entre los que la inmensa mayoría pertenece a realizadores habituales por estos lares. Un doble ganador de la Palma de Oro como Michael Haneke presenta su muy esperada Happy End, mientras otros seis compañeros ya han sido premiados aquí, o bien por sus películas o por sus intérpretes: Fatih Akin (Aus dem Nichts), Todd Haynes (Wonderstruck), Michel Hazanavicius (Le redoutable), Naomi Kawase (Hikari), Yorgos Lanthimos (The Killing of a Sacred Deer) y Andrei Zvyagintsev (Nelyubov). Además, varios otros cineastas como Sofia Coppola, el citado Desplechin o François Ozon han figurado también numerosas veces en una Sección Oficial que privilegia al cine europeo con doce films, por encima del estadounidense, con cuatro, y del asiático, con tres. En total, hay solo seis caras nuevas, casi siempre procedentes de las secciones paralelas del certamen; y únicamente tres mujeres detrás de la cámara concurren a concurso.

Hasta cierto punto, esa insistencia en determinados cineastas es normal. Un Festival que ha llegado a su séptima década, siendo además y desde hace mucho tiempo el más importante del mundo, resulta lógico que haya contado con una inmensa pléyade de nombres de primera fila a lo que acude regularmente cuando cuentan con obra nueva. Casi todos los certámenes cuidan a unos determinados autores, porque forman parte de la propia identidad de la manifestación. Aunque un poco de renovación no le vendría mal a Cannes, alejando la idea de que, hagan lo que hagan, hay nombres que siempre figurarán en su catálogo.

Especialmente, si cuentan con producción o coproducción francesa, lo que parece un pasaporte imprescindible para cruzar la frontera de La Croisette. Lo que, a imitación de la Sección Oficial, viene a repetirse en las paralelas Un Certain Regard, Quincena de Realizadores y Semana de la Crítica. Para que no haya dudas del profundo chovinismo francés en materia cinematográfica, todas ellas están inauguradas en la presente edición por films galos. Y todavía eso va a ser más intenso en el futuro: según ha anunciado el certamen, para concurrir a él hará falta desde el próximo año contar con un distribuidor del país vecino. ¿Motivo? Luchar contra la política de Netflix de no estrenar en salas, sino directamente en su plataforma, caso este año de The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach, y Okja, de Bong Joon-Ho.

Y una tercera característica típica de Cannes es su sempiterno desdén hacia el cine español. Casi sobra decirlo por lo que tiene de repetitivo, pero cuesta pensar que sus diversos comités de selección no hayan encontrado entre la producción de nuestro país más que un cortometraje (Los desheredados, de Laura Ferrés) para la Semana de la Crítica y un largometraje en coproducción (La cordillera, del argentino Santiago Mitre) para Un Certain Regard, elegido muy a última hora. Por cierto, Cannes ha puesto de moda añadir en los momentos finales películas para todos sus apartados, decisiones fuera de tiempo que antes eran consideradas propias de Festivales mal organizados…

El Jurado Internacional, presidido por Pedro Almodóvar


Tendremos que “consolarnos” entonces con la presidencia de Pedro Almodóvar en el Jurado Internacional, al frente de figuras tan destacadas como Jessica Chastain, Paolo Sorrentino, Maren Ade, Agnès Jaoui o Fan Bingbing, la máxima estrella del cine chino y que el pasado año obtuvo en San Sebastián el Premio a la Mejor Actriz por Yo no soy Madame Bovary. Una vez más, por si hiciera falta, se comprueba que para Cannes el cine español comienza y acaba en Almodóvar.

(Publicado en "Turia" de Valencia, mayo de 2017).

Relevo generacional en el Palmarés


Ruben Östlund. celebrando su Palma de Oro por "The Square"

A medida que se iba conociendo el Palmarés del 70 Festival de Cannes, donde los premios siempre se otorgan de menor a mayor importancia, podía deducirse que iba a surgir la sorpresa. Así ha sido, con la obtención de la Palma de Oro (que no puede coincidir con ningún otro galardón) por parte de ‘The Square’, quinto largometraje del sueco Ruben Östlund, que ya había obtenido en 2014 el Premio de la sección Un Certain Regard por ‘Fuerza mayor’ o ‘Tourist’. De hecho, no figuraba en ninguna de las quinielas: en la revista ‘Screen’, la crítica internacional lo había puntuado con una media de 2’7 sobre 4; y en ‘Le Film Français’, solo al comentarista de ‘Le Figaro’ le había parecido merecedor de la más alta distinción.

Dos circunstancias curiosas se dan en el caso de ‘The Square’. La primera, que fue un título seleccionado a ultimísima hora para la competición, cuando el resto de sus compañeros de programa ya era público. La segunda, que se exhibió en Cannes el mismo día, sábado 20, que se proyectaba el film que ha quedado justo detrás de él con su Gran Premio del Jurado, ‘120 latidos por minuto’, de Robin Campillo, la que aparecía como favorita y que se ha llevado la mayor ovación en la Gala de Clausura. Se diría que ese sábado el Jurado presidido por Pedro Almodóvar estaba especialmente receptivo para apreciar las buenas películas.

Robin Campillo, con su diploma de Gran Premio del Jurado por "120 latidos por minuto"

Porque tanto ‘The Square’ como ‘120 latidos por minuto’ lo son, con temáticas tan distintas como el cuestionamiento moral de la forma de actuar del prestigioso director de un centro de arte contemporáneo a raíz del robo de su cartera y su teléfono móvil, y la lucha de un grupo de enfermos de sida contra la política gubernamental y de los laboratorios en el París de los 80. Como ya abordamos ambos films en nuestra crónica del pasado domingo, nos remitimos a ella en esta reseña de urgencia.

Porque lo que considero más significativo del Palmarés de este año es que da paso a un cierto relevo generacional dentro del mundo del cine. Ruben Östlund nació en 1974; Robin Campillo en 1962, pero esta es únicamente su tercera obra; Sofia Coppola, que ha obtenido el Premio a la Mejor Dirección por ‘The Beguiled’, en 1971; Yorgos Lantimos, cuyo guion de ‘El asesinato del ciervo sagrado’ ha sido galardonado “ex aequo” con el de ‘Nunca estuviste realmente allí’, de Lynne Ramsay, en 1973, mientras ella lo hacía solo cuatro años antes… Quiero decir que, dejando totalmente fuera del Palmarés al Michel Haneke (1942) de ‘Happy End’ o al Jacques Doillon (1944) de ‘Rodin’, parece que el Jurado ha apostado por una generación más joven para llevar el timón del cine actual. Baste recordar, además, que la Palma de Oro del pasado año fue para uno de los autores más veteranos en ejercicio, el Ken Loach de ‘Yo, Daniel Blake’…


Discutir las decisiones de un Jurado suele ser un ejercicio estéril. Al fin y al cabo, es la opinión de un heterogéneo grupo de profesionales respecto a la de uno mismo. Pero sí cabe decir que me alegro profundamente que se halle en el Palmarés ‘Nelyubov’, ‘Falto de amor’, del ruso Andrei Zviagintsev (otro nacido en los años 60), para mí la película más completa de la Sección Oficial dentro de un Cannes que no quedará en la memoria por su nivel de calidad. En el capítulo interpretativo, esperables eran los premios a Joaquin Phoenix por ‘Nunca estuviste realmente allí’ –lo dijimos ayer mismo– y a Diane Kruger por ‘De la nada’, con el “estrambote” del Especial 70 Aniversario a Nicole Kidman por su presencia en nada menos que cuatro títulos de la Selección Oficial. Mientras que el más rechazable es el compartido, y ya mencionado, al Mejor Guion. Refiriéndose a premios, hay que subrayar el logrado en la Semana de la Crítica por la catalana Laura Ferrés por su notable corto documental ‘Los desheredados’, única representación española en el certamen.

Permítaseme un párrafo final de homenaje a quien durante muchos años me acompañó en Cannes con el fin de seleccionar películas para el Festival de Valladolid: Juan Antonio Pérez Millán, fallecido hace solo unas semanas y de recuerdo imborrable.

Hasta Cannes 2018.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 29 de mayo de 2017).

Hay vida más allá de la Sección Oficial


Por imperativos lógicos de la actualidad, los cronistas del Festival de Cannes acostumbramos a fijarnos de manera muy preferente en su Sección Oficial. Pero en muchas ocasiones es en las secciones paralelas (Un Certain Regard, la Quincena de Realizadores y la Semana de la Crítica) donde encontramos películas que realmente merecen la pena y que se deben reseñar. Así ha sucedido en la segunda de ellas con ‘The Florida Project’, sexto largometraje del neoyorquino Sean Baker, bien considerado dentro de los circuitos del cine independiente norteamericano, sobre todo por su anterior film, ‘Tangerine’, pero que no había encontrado hasta ahora un éxito de crítica y público como el que Cannes le acaba de dispensar.

"The Florida Project", de Sean Baker

Se sitúa ‘The Florida Project’ en las inmediaciones de Disney World, en Orlando, donde lo que antes eran moteles para turistas que iban a visitar el parque temático, ahora es refugio de gente pobre que paga pequeños alquileres semanales para poder vivir allí, con predominio de mujeres jóvenes y sus hijos pequeños. Junto al administrador del complejo interpretado por Willem Dafoe, será un reducido grupo de estos críos el que domine la película, encabezados por la activísima y divertida Moonee, de seis años. Pero no estamos ante una película infantil, ni de lejos; es el “otro lado” de una América de sueños, de una irrealidad mítica como la de Disney World, la que aparece ante nosotros, como si –al igual que Alicia– hubiésemos atravesado el espejo. Aunque unos quince minutos menos de duración le habrían venido de perlas, ‘The Florida Project’ significa un título a recordar dentro de Cannes 2017.

Ya no del “American Dream”, pero sí de la América profunda, supone un notable y sugerente retrato ‘Promised Land’, documental de Eugene Jarecki presentado fuera de concurso. Al hilo de las canciones de Elvis Presley, en cuyo Rolls Royce se desplaza el film, seguimos por lugares recónditos la campaña de la elección presidencial del pasado año, que tan malos resultados ha traído a su país y a todo el mundo.

Por lo que se refiere a la Sección Oficial, aparecía en escena –aunque fuera de concurso– Polanski y su ‘Basado en una historia real’. Verdaderamente, en lo que parece basarse es en ‘Misery’, la novela homónima de Stephen King que Rob Reiner llevase a la pantalla y con la que Kathy Bates obtuviese el Oscar y el Globo de Oro a la Mejor Actriz. La trama es similar, nada más que es una escritora de fama (a la que interpreta Emmanuelle Seigner, la esposa del cineasta), no un escritor, quien es víctima del dominio que sobre ella ejerce una “fan” enloquecida, no una enfermera como en aquel caso. No puede decirse, por tanto, que ‘Basado en una historia real’ sea precisamente original, sino que repite lo visto no ya en ‘Misery’, sino también en otras ocasiones. Narrado, eso sí, con la corrección, eficacia y ese dominio del “tempo” dramático que Roman Polanski ha demostrado con frecuencia.

"Nunca estuviste realmente allí", de Lynne Ramsay

También surgen numerosas resonancias en ‘Nunca estuviste realmente allí’, de la escocesa Lynne Ramsay, una de las solo tres directoras que figuran en la Competición oficial. En este caso, tales resonancias nos llegan desde ‘Taxi Driver’, de Scorsese, y ‘Hardcore’, de Schrader, a la hora de contar cómo un ex marine, todo fuerza y que apenas dice palabra, trata de recuperar a la hija de un senador estadounidense de las garras de la prostitución. Además de una cierta tensión interior, el film al menos ofrece un personaje potente en la figura de ese veterano que Joaquin Phoenix incorpora de manera muy física y violenta, lo que puede llevarle a ganar aquí el Premio al Mejor Actor.


Y hablando de premios, ya no quedan películas por ver para el Palmarés. Partiendo de la base de la imprevisibilidad de cualquier Jurado, las “quinielas” mayoritarias apuestan por ‘120 latidos por minuto’ para la Palma de Oro. Aunque hay quien asegura que, como Presidente del Jurado, a Almodóvar le gustaría más verse unido a la Sofia Coppola de ‘The Beguiled’ que al desconocido Robin Campillo, logrando así además que, tras la Jane Campion de ‘El piano’, una directora se alzase por segunda vez con el galardón máximo de Cannes…

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 28 de mayo de 2017).

Cuando el documental supera a la ficción


Raymond Depardon es un nombre de referencia dentro del cine documental contemporáneo. Aparte de en Cannes, se ha podido comprobar en la sección “Tiempo de Historia” de la Semana de Valladolid, donde sus películas han participado en diversas ocasiones. Fotógrafo en sus orígenes, habiendo trabajado en agencias tan prestigiosas como Dalmas, Gamma y Magnum, pasó a la imagen en movimiento a partir de 1974, iniciando una amplia labor compuesta por una veintena de largometrajes, algunos de ellos de ficción. En el periodo más reciente de su filmografía, con producción de su mujer, Claudine Nougaret, el estilo de Depardon ha ido evolucionando desde el reportaje en directo hasta reflejar las situaciones mediante primeros planos de sus personajes reales, a quienes graba con dos o tres cámaras, según sea preciso. Así lo hace en la impresionante ’12 jours’, que se ha presentado fuera de concurso, como el resto de documentales que figuran en la Selección Oficial, sin una “etiqueta” que los caracterice explícitamente.

"12 jours", de Raymond Depardon

Esos doce días a los que se refiere el título son el máximo que –en Francia– puede pasar un enfermo psiquiátrico llevado a un centro contra su voluntad, antes de que un juez dictamine que el procedimiento médico se ajusta a lo establecido y decida si el paciente debe continuar, o no, internado. Setenta y dos audiencias de tales características han sido registradas por Depardon, entre las que ha elegido diez casos, revisados por los cuatro jueces que actúan en un hospital de Lyon. Y el resultado es este ’12 días’, que se sitúa bajo una frase de Michel Foucault según la cual “Del hombre al verdadero hombre, el camino pasa por el loco”…, y conmueve intensamente por los enormes conflictos personales que sentimos en palabras y rostros.

Ante testimonios así, no podemos evitar una pregunta fundamental: ¿es éticamente lícito filmar el sufrimiento de los demás para que otros lo contemplemos? ¿Ello no nos convierte en unos “voyeurs” de muy dolorosos comportamientos humanos? La cuestión surge ante buena parte del cine documental de nuestros días, aunque se ruede con el consentimiento de los afectados, y merece una detenida reflexión sobre nuestros hábitos de espectadores. Reflexión que debería haber llevado a Claude Lanzmann (el autor de una obra magna como ‘Shoah’) a no querer recordar con sumo detalle, a sus más de noventa años, una historia amorosa que vivió con una enfermera norcoreana en 1958, que cuenta ante la cámara de ‘Napalm’ con motivo de una reciente visita al país dictatorial, donde solo le dejan filmar lo que quieren sus censores. Un error en la trayectoria de Lanzman, posiblemente debido a su muy avanzada edad.

Ya en el terreno de la ficción pero con base real, también es de carácter ético el principal reproche que cabe hacer a ‘De la nada’, del alemán de raíces turcas Fatih Akin, que parece defender la Ley del Talión al abordar un atentado terrorista: el que sufre el marido y el hijo de Katia (Diane Kruger) por parte de un grupo neonazi. Comprensible desde un punto de vista de un ser humano herido en lo más hondo, la venganza de ella ante el asesinato de su familia habría necesitado de un planteamiento más riguroso y acorde con la confianza en la Justicia que la que Akin demuestra a la hora de hablar de tan espinoso tema.

"L'amant double", de François Ozon

Junto a ‘De la nada’ en la Competición oficial, ‘L’amant double’, de François Ozon, venía destinado a ser el ‘hit erótico’ de Cannes 2007. No es para tanto el nuevo título del director de ‘Frantz’ (su anterior y estupendo film), en cuya prolífica carrera influye de manera decisiva la calidad del guion que lleva a la pantalla. Aquí se refiere a la esquizofrenia de una mujer joven que cree encontrar al hermano gemelo de su pareja, al que su imaginación convierte también en furibundo amante; de ahí lo del ‘amante doble’. En el cine de Ozon casi siempre hay algo turbio y de transgresión moral, envuelto en una pulcritud muy burguesa, pero en este caso no supera esas intenciones previas. Desde una perspectiva masculina, David Cronenberg lo hizo mucho mejor casi treinta años antes en ‘Inseparables’.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 27 de mayo de 2017).



El cine español brilla por su ausencia


Cuesta mucho creer que ninguno de los comités de selección de las diversas secciones que componen el Festival de Cannes, haya encontrado un solo largometraje español que llevar a su programa. Exclusivamente, un corto documental, ‘Los desheredados’, de la catalana Laura Ferrés, aparece en la Semana de la Crítica; y una coproducción minoritaria con Argentina, ‘La cordillera’ (también llamada ‘El Presidente’), de Santiago Mitre, con Elena Anaya en un pequeño papel, figura en Un Certain Regard, donde también vemos a Emma Suárez como protagonista de la mexicana ‘Las hijas de Abril’, de Michel Franco. Se conoce que con tener a Pedro Almodóvar como Presidente del Jurado, ya es bastante representación de nuestro país…

El problema es que no somos imprescindibles, porque nuestras productoras siguen siendo poco potentes internacionalmente, ni tampoco exóticos, porque nos hallamos demasiado cerca. Ni coproducimos apenas con Francia, condición “sine qua non” para acceder a Cannes. Estamos en una “tierra de nadie”, donde únicamente cuentan los nombres del citado Almodóvar o, para las secciones paralelas, los de Jaime Rosales, Albert Serra u Oliver Laxe. El resto simplemente no existe para Cannes, aunque –decía con cierto cinismo hace unos días el responsable máximo de la Selección Oficial, Thierry Frémaux– “estoy seguro de que debe de haber otros cineastas muy valiosos”… ¿Por qué no los busca? Desde 2009, cuando en la Sección Oficial coincidieron Almodóvar, Isabel Coixet y Amenábar, el primero ha sido el único español en tener película en competición. Ya cansa repetirlo todos los años, pero quedar marginados del primer Festival del mundo nos causa un gravísimo perjuicio.

"La cordillera" ("El Presidente"), de Santiago Mitre

Además, tampoco ‘La cordillera’ es como para tirar cohetes. Tercer film del bonaerense Santiago Mitre, resultaban notablemente más interesantes sus anteriores ‘El estudiante’, máximo galardón del Festival de Gijón de 2011, y ‘Paulina’, que aquí obtuvo el Premio de la Semana de la Crítica cuatro años después. Dos historias aborda la película, la de un Presidente argentino cuyo voto es decisorio en una Cumbre destinada a crear un organismo conjunto latinoamericano sobre la Energía; y la de su hija, con serios trastornos psicológicos y que se desplaza hasta los Andes chilenos, donde tal Cumbre se desarrolla, para intentar tapar un caso de corrupción que le afecta. Pero ambos relatos casan mal, dejan excesivos cabos sueltos e interrogantes varios dentro de unas imágenes donde un omnipresente Ricardo Darín acaba resultando cansino.

Mientras, la Competición Oficial nos ha deparado la ucraniana ‘Krotkaya’ (‘Una mujer dulce’ o ‘amable’) y la norteamericana ‘Good Time’, de los hermanos Benny y Josh Safdie, debutantes en esta plaza. De la segunda cabe decir que responde a ese hueco que Cannes suele reservar para un producto “made in USA” de carácter policiaco y violento, apuesta que le salió bien hace dos décadas con ‘L.A. Confidential’, pero desde luego no en este caso.

"Krotkaya", de Sergei Loznitsa


Mucha mayor enjundia posee ‘Krotkaya’, donde Sergei Loznitsa, cuya carrera alcanzó su mejor nivel en el revelador documental ‘Maidan’, de 2014, narra la odisea de una mujer que desea encontrar el paradero de su marido, preso en la Rusia de hoy. El film desarrolla potentemente un relato casi kafkiano sobre la humillación…, hasta que una larguísima y burlesca pesadilla de la protagonista, así como la manera de justificarla, lo echa en buena parte a perder. Una verdadera lástima.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 26 de mayo de 2017).

Una "alfombra roja" repleta de famosos



Ningún Festival del mundo puede reunir, como ha hecho Cannes la jornada de celebración de su 70 Aniversario, trece laureados con la Palma de Oro, seis Premios de Interpretación Femenina, cinco Premios de Interpretación Masculina, diversos Presidentes del Jurado Internacional, como este año lo es Pedro Almodóvar… La simple enumeración de tantos nombres famosos llenaría esta crónica, pero baste decir que todos ellos y bastantes más se reunieron en la mítica “alfombra roja” cuyos escalones dan acceso al Gran Teatro Lumière, la principal sala del certamen, con una capacidad cercana a las dos mil quinientas butacas. Para regocijo de fotógrafos y de “fans”, esta concentración de “estrellas” para un mismo acto suponía el pórtico de una ceremonia de cumpleaños que, presentada por Isabelle Huppert, repasó la historia del Festival y se autodeseó lo mejor para el futuro, no sin tener un sentido recuerdo hacia las víctimas de Manchester.

Pero más allá de las “estrellas”, la “alfombra roja” y el llamado “glamour” están las películas, que deberían ser las verdaderas protagonistas, lo que motiva y justifica el resto. Centrándonos en ellas, el octavo día de la competición nos ha proporcionado dos títulos sólidos y bien narrados: ‘The Beguiled’, de Sofia Coppola, y ‘Rodin’, de Jacques Doillon. El primero es una nueva y muy fiel versión del film de 1971 con el mismo nombre original y que en España conocimos como ‘El seductor’, con Clint Eastwood al frente y dirección de Don Siegel. El segundo aprovecha el Centenario del fallecimiento de Rodin, que se conmemora este año, para trazar una apreciable biografía del escultor, firmada por un veterano Jacques Doillon que no participaba en la Sección Oficial desde 1984, cuando el Festival ni siquiera había llegado a sus cuatro décadas.

"The Beguiled", de Sofia Coppola

Como recordarán quienes vieron en su día ‘El seductor’, la historia –basada en un relato del escritor sudafricano Thomas Cullinan– se refiere a la acogida que recibe un soldado unionista, desertor y herido, en un pensionado de jóvenes sudistas, habitado durante ese momento de la Guerra de Secesión norteamericana por cinco de ellas y las dos dirigentes del centro. Las tensiones eróticas que se despiertan en este núcleo femenino, superando las diferencias ideológicas y, sobre todo, las distintas relaciones de poder que se establecen en cada instante, componen el ajustado relato de ‘The Beguiled’. Que Sofia Coppola aborda con eficacia y concreción (la película solo dura 94 minutos, algo ya casi inaudito), aunque se echa en falta una mayor tensión en ese ambiente cerrado que sí hallábamos en el film de Siegel. Y, sobre todo, contar con un actor principal que tuviera más carisma que el anodino Colin Farrell, lejos de la fuerza que dimanaba Clint Eastwood, en lo que supone un error de “casting” que perjudica al conjunto de la historia.

"Rodin", de Jacques Doillon

Por el contrario, Vincent Lindon (que consiguiera aquí hace dos años el Premio al Mejor Actor por ‘La ley del mercado’) sí resulta convincente como Auguste Rodin, tanto en su faceta creativa como en su relación con sus diversas mujeres, especialmente con una Camille Claudel –discípula, amante y pareja durante diez años– que luego se convirtiese en su principal enemiga. Contemplada aquí de manera distinta a como suele hacerse, por ejemplo en los films que Bruno Nuytten y Bruno Dumont le dedicaron en 1988 y 2013, bajo los trazos de Isabelle Adjani y Juliette Binoche, respectivamente. Mediante un clasicismo que no debe confundirse con academicismo, Jacques Doillon logra con ‘Rodin’ un notable trabajo.

También la jornada ofrecía, en Un Certain Regard, un clarísimo ejemplo de cómo un mal guion, que se resuelve con un giro final inaceptable, puede arruinar un buen tema: con el que se atreve Annarita Zambrano en ‘Dopo la guerra’, al referirse a los antiguos “brigadistas” italianos de los años 80, su exilio posterior en Francia, y las repercusiones de aquel terrorismo dentro de sus familias. Pero echándolo todo a perder por esas torpes “soluciones de guion” que, sin embargo, han superado increíblemente unos talleres especializados sobre la materia que debían de estar pensando en otra cosa.

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 25 de mayo de 2017).


El atentado de Manchester gravita sobre el Festival


Aunque parezca que constituye un universo aparte, con reglas propias y el cine como único interés, Cannes también tiene su corazoncito. Y a medida que se iban conociendo detalles de la trágica noticia, se ha visto fuertemente sacudido por el atentado de Manchester, como no podía ser de otra manera. El Festival ha difundido un Comunicado Oficial de condena y pésame, además de proponer a todos los asistentes un minuto de silencio a las tres de la tarde y suprimir diversos actos festivos. Porque el martes era precisamente la fecha central del 70 Aniversario del certamen, que así ha quedado palidecido. También los controles de seguridad, que se habían suavizado en los últimos días porque el comienzo de semana siempre es el periodo más tranquilo (o mejor, menos agitado y tumultuoso) de Cannes, han vuelto a ser enormemente estrictos. Da la impresión de que todo el mundo está deseando que finalice la edición de 2017.

"24 Frames", película póstuma de Abbas Kiarostami

Dentro de esas celebraciones del Aniversario, han coincidido dos homenajes a cineastas muy ligados, precisamente, a la Semana de Valladolid: Abbas Kiarostami y André Téchiné, quienes ya lo tuvieron en nuestra ciudad durante las ediciones de 1993 y 1997, respectivamente. El primero ha consistido en la proyección de ’24 Frames’, la obra póstuma del autor iraní. Que consiste en otros tantos planos fijos de unos cinco minutos cada uno sobre imágenes de la naturaleza, ya sea de paisajes nevado con animales, olas del mar o la evolución de diversas aves, entre otras propuestas físicas. Ya había adelantado Kiarostami su enorme interés hacia la naturaleza, por la que siempre sintió “profundo amor”, en exposiciones fotográficas (como la titulada ‘Las cuatro estaciones’, que también acogió la Semana) o en la película ‘Five’, de 2003. Lo ratifica plenamente este ensayo audiovisual, cuyo destino serán los Festivales, en memoria de su gran figura, o los Museos de Arte Contemporáneo más que el de las salas de exhibición comerciales.

Pese a la presencia de las principales actrices con las que ha trabajado (Catherine Deneuve, Juliette Binoche, Isabelle Huppert o Emmanuelle Béart), además de compañeros de profesión que quisieron compartir con él su homenaje, como Claude Lelouch, Michel Hazanavicius o Nicole Garcia, el dedicado a André Téchiné quedó deslucido por la escasa valía de su último trabajo, ‘Nos années folles’, que narra el travestismo de un desertor de la Primera Guerra Mundial para escapar de su fusilamiento con la ayuda de su mujer. Historia de potencial interés, pero a la que un mal guion deja lejos de los mejores títulos del cineasta francés, que los tiene y numerosos.

"Hikari", de Naomi Kawase

Hay que volver a referirse a la naturaleza para hablar de ‘Hikari’, ‘Hacia la luz’, porque siempre hace de ella Naomi Kawase uno de los elementos fundamentales de su cine. Únase el bello sentido poético, la importancia de lo lumínico y lo cromático, la convicción en su reflejo de historias de amor o amistad, y lograremos una aproximación certera a lo mucho que es ‘Hikari’. Realzada en este caso concreto por la presencia de una fascinante actriz, Ayame Misaki, a la que no nos cansamos de ver en los numerosísimos primeros planos que Kawase le dedica, mientras interpreta a una meticulosa redactora de audiodescripción de películas para ciegos que se siente atraída por un fotógrafo que va perdiendo la visión. Reciente todavía el éxito en España de ‘Una pastelería en Tokio’, Naomi Kawase confirma la idea de que Hirozaku Kore-eda y ella son los “jefes de fila” del actual cine japonés.

Y así marcha Cannes, con títulos también destacables como ‘L’atelier’, de Laurent Cantet, quien consiguiera la Palma de Oro en 2008 con ‘La clase’ y que ahora ha presentado con éxito en la sección Un Certain Regard un film cercano a aquel, al adentrarse en la dinámica de un taller de escritura para siete jóvenes más o menos conflictivos. Y así marcha Cannes, entre sobresaltos y controles para que aquí no suceda –esperemos– lo mismo que en Manchester, Niza, París, Bruselas, Londres, Madrid…

(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 24 de mayo de 2017).