Juguetes rotos

 

Nadiuska

Me entrevistan para un “podcast” sobre Nadiuska, la musa erótica de la España de los 70. En principio, no entiendo bien por qué me llaman para hablar de ella, pero hay una razón básica: hace ya muchos años, en abril de 1975, publiqué en “Triunfo” un artículo titulado “La era Nadiuska”, a raíz de que coincidiesen en cartelera ¡cuatro películas! que la tenían como protagonista. Se trataba de Perversión, Un lujo a su alcance, Una abuelita de antes de la guerra y Polvo eres…, un cuarteto decisivo –según puede deducirse– en la historia del cine español. Y escribí entonces, de manera pelín ampulosa, que “Nadiuska es símbolo de un cine que quiere satisfacer el ansia de evasión de una burguesía triunfalista pero reprimida, satisfecha pero con miedo, anclada en una sociedad que querría inmóvil pero temerosa del cambio que se avecina y que, ante todo, quiere soñar con un país que no tiene y con una mujer o unos medios de placer que tampoco son los suyos”.

Piénsese que estábamos a pocos meses de la muerte de Franco, en plena etapa del “destape”, del que Nadiuska era reina absoluta. Su estatura de 1,80 metros, sus ojos felinos, el porte europeo que había traído desde su Alemania natal, deslumbraron a unos espectadores sometidos a una represión erótica de décadas. Ella era “una mujer diferente” y así se le rendía culto en este tipo de cine, que venía a servir de espita de salida de la olla a presión en que se iba convirtiendo todo el país. Como aseguraba el título de una de las películas antes citadas, Nadiuska se transformaba durante hora y media en “el lujo al alcance” de un público ávido de estímulos sexuales que no encontraba precisamente en su entorno.

No solo fue ella, también Sandra Mozarowsky, Susana Estrada, Agata Lys, Bárbara Rey, Azucena Hernández y tantas otras, verdaderos juguetes rotos de una sociedad que se divertía con estas actrices “de usar y tirar”. La mayoría intentó salir de ese cine de fácil consumo, pero sin llegar a lograrlo: Agata Lys trabajó en Los santos inocentes, Bárbara Rey en La escopeta nacional, la propia Nadiuska y Sandra Mozarowsky en Beatriz, adaptación de dos relatos de Valle-Inclán. Pero apenas pasaron de ahí. Y lo realmente impresionante es la forma en que la fatalidad actuó sobre sus vidas.

Sandra Mozarowsky

Todavía hoy Nadiuska, a la que en 1999 se le diagnosticó esquizofrenia, está recluida en un hospital de caridad; Bárbara Rey sufrió durante años maltrato por parte de su marido, Ángel Cristo; Azucena Hernández quedó tetrapléjica por un accidente de coche; y, en el caso más trágico, Sandra Mozarowsky murió a los 18 años tras caer desde una terraza, nunca se aclaró si por voluntad propia o si alguien le empujó a hacerlo cuando, incluso, parece que estaba embarazada de un regio personaje. Pocas veces se ha visto tanta crueldad como la que el destino deparó a estas “musas del destape”.


(Publicado en "Turia" de Valencia, noviembre de 2021).

¡Qué envidia!

 

A bombo y platillo se ha inaugurado en Los Ángeles el Museo del Cine de la Academia norteamericana. Sus entradas a 25 dólares se han agotado en pocos días, deseoso el público de conocer el contenido de un recinto que, mediante la restauración del famoso arquitecto italiano Renzo Piano, se aloja en un enorme inmueble modernista de finales de la década de los 30 del pasado siglo. Con dos amplias salas de proyección, nada menos que doce comisarios se han encargado de las primeras exposiciones temporales, dedicadas a Hayao Miyazaki, Pedro Almodóvar o Spike Lee. Completando así la oferta de la colección permanente, repleta de objetos icónicos, como el tiburón del film de Spielberg, el traje del astronauta de 2001, el monstruo de Alien o el trineo y el guion de Orson Welles para Ciudadano Kane.

No sé si será sana o no, pero me corroe la envidia provocada por el nacimiento de este Museo de Hollywood. Porque, salvadas las distancias, también podríamos contar con uno formidable en España. Ya sé que existe el Museo Tomàs Mallol en Girona y muy estimables colecciones particulares. Pero nuestro país es de los escasísimos que no tiene un centro similar al de muchos otros de todo el mundo. Y base suficiente la hay de sobra: las más de veinte mil piezas que atesora la Filmoteca Española en unos almacenes que hasta solo han servido para guardarlas y conservarlas a buen recaudo. Pero salvo sus cuidadores y algún historiador afortunado, nadie sabe de verdad lo que guarda tan preciado tesoro.

Maqueta del Centro Nacional de las Artes Visuales en Tabacalera (Madrid)

La situación estuvo a punto de salir a flote en 2008, durante el periodo de César Antonio Molina como ministro de Cultura, que lo consideró como un empeño personal, casi un desafío. El 13 de noviembre de ese año, el estudio Nieto-Sobejano ganó el concurso convocado para transformar el antiguo edificio madrileño de Tabacalera en el Centro Nacional de las Artes Visuales, en el que se integraría el Museo del Cine. Los 30.000 metros cuadrados disponibles estaban dispuestos para acoger un proyecto presupuestado en 30 millones de euros a abordar entre 2009 y 2012. Pero justo el año destinado a comenzar las obras, Molina fue relevado en su cargo por Ángeles González-Sinde, quien, sin explicar razones, se desentendió totalmente de él.

Lástima, porque era una preciosa iniciativa, que pareció resucitar en 2017 mediante un Convenio entre la Academia de Cine y el Ayuntamiento de Madrid. Pero tampoco se llegó a nada… Ahora que tanto se habla de descentralizar instituciones, quizá no tenga que ser necesariamente Madrid el marco geográfico de este Museo. ¿Por qué no una ciudad con tanta tradición cinéfila como Valencia; o un lugar simbólico de la “España vacía” o “vaciada” como Soria o Teruel, a las que un centro así vivificaría?


(Publicado en "Turia" de Valencia, octubre de 2021).


Encuentro "El futuro de la Distribución en salas de cine"





En el marco de la 66 Semana Internacional de Cine de Valladolid, tuvo lugar el Encuentro sobre "El futuro de la Distribución en salas de cine", que -coordinado por Fernando Lara- reunió el 27 de octubre de 2021 a más de cuarenta profesionales de este sector y del de la Exhibición, así como a representantes institucionales y de las Televisiones y plataformas digitales. Tras una intensa jornada, estas fueron las Conclusiones a las que se llegó por unanimidad:


1.- Los participantes en el Encuentro sobre ‘El futuro de la distribución en salas de cine’ manifiestan su convencimiento de que reuniones entre Distribución independiente y Exhibición, como la organizada en este caso por la Semana de Cine de Valladolid, contribuyen positivamente al conocimiento y resolución de los problemas planteados entre ambos sectores.

 

2.- Los distribuidores independientes ratifican su decida apuesta por la exhibición de sus películas en salas, como siempre lo han hecho a lo largo de décadas y, en ocasiones, en muy difíciles circunstancias. El estreno en cines constituye el imprescindible comienzo de una cadena de valor que se extiende a las siguientes fases de comercialización.

 

3.- Ninguna etapa ha sido tan difícil como la experimentada durante la pandemia recién sufrida, cuando ante las limitaciones de horarios y aforos fueron los distribuidores independientes quienes dieron un paso al frente para proveer de material de estreno a las salas.

 

4.- Se manifiesta en el Encuentro el acuerdo de mantener unas determinadas ‘ventanas de exhibición’, aunque se discrepa entre ambos sectores sobre cuáles deben ser la periodicidad y el valor económico de tales ‘ventanas’.

 

5.- Una posibilidad sería el establecimiento de ‘ventanas’ no de manera uniforme, sino en función de cada tipo de cine y de su dimensión comercial, muy distinta según las características de las películas. En este sentido, se recomienda la creación de una comisión de trabajo de carácter consultivo, integrada por los distintos agentes, sin excepción de las compañías multinacionales, que señale los plazos idóneos de explotación comercial, incluyendo los establecidos entre las plataformas y las televisiones en abierto.

 

6.- Dada la actual configuración del mercado, de no ofrecerse un reajuste de las ‘ventanas’, los distribuidores independientes se verán más inclinados a llevar sus films a las plataformas digitales. Frente a la idea de una confrontación entre la Exhibición en salas y plataformas, Filmin subraya que ambos espacios funcionan de manera complementaria, como quedó demostrado en el ejercicio 2019.


  7.- Con el convencimiento compartido de que la promoción de las películas supone un elemento fundamental para la respuesta del público, que es en definitiva el destinatario del trabajo de todos, la Distribución independiente y la Exhibición se comprometen a efectuar, junto a los poderes públicos, un especial esfuerzo en esta dirección con el fin de recuperar al público adulto que se ha perdido en los dos últimos años, desde el inicio de la pandemia.

 

8.- Asimismo, se considera fundamental incidir en los potenciales espectadores de la llamada España ‘vacía’ o ‘vaciada’, hoy desprovista de salas en su mayoría, lo que exigiría una acción conjunta por parte de las Administraciones.

 

9.- Paralelamente, los participantes insisten en la necesidad de una Enseñanza Audiovisual a todos los niveles en nuestro país, incluido el universitario, que permita el nacimiento y captación de nuevos públicos que aseguren la continuidad de la asistencia a las salas cinematográficas. Además de ayudar así a combatir la piratería, práctica que debe quedar desterrada por completo.

 

10.- Grandes esperanzas se hallan depositadas por la Distribución independiente en la renovada Dirección de RadioTelevisión Española, tanto en la solicitud de acceso a la Primera Cadena, como en la creación de nuevos ‘slots’ en La 2 para los films de sus catálogos, entre ellos los de carácter documental.

 

11.- Se advierte de la posible llegada de una ‘agresiva invasión de contenidos’, originada por una concentración de poder audiovisual en pocas manos, que conllevaría en realidad una reducción de las posibilidades de elección de los espectadores. Ante ello, aumenta la necesidad de una decidida política de protección activa al cine independiente en general y  sus creadores en particular.

 

12.- De no resolverse sus problemas actuales, la Distribución independiente y amplios sectores de la Exhibición de nuestro país se sienten en peligro de desaparición, lo que causaría un grave quebranto a la diversidad cultural en las carteleras españolas, de la que constituyen decisivos garantes. La forma idónea de responder a esta situación es la labor conjunta de todos los sectores, que, desde una perspectiva autocrítica, han expresado en el Encuentro de Valladolid su voluntad de trabajar juntos y ser complementarios y no contradictorios.

Valladolid, 27 de octubre de 2021


Participantes en el Encuentro sobre "El futuro de la Distribución en salas de cine"


Un ocio secundario

 

Se esperaba mucho del fin de semana del puente del Pilar. Un James Bond que había entrado con fuerza siete días antes se veía acompañado por toda una Familia Addams, Madres paralelas, la continuidad de Dune y Maixabel o incluso el estreno de la Palma de Oro de este año, Titane. Pues no, no se ha producido el “sorpasso” que cabía imaginar. Las que venían de las semanas previas, incluyendo 007, han caído en torno al 40% de espectadores y, por tanto, de recaudación; el film de Almodóvar debe contentarse con un tercer lugar del “ranking” y 1.593 euros por pantalla, mientras que la sorpresa de Cannes se quedaba aquí reducida a 500 euros por pantalla, confirmando que los títulos más resonantes del pasado Festival francés, como Benedetta, no han recibido el aval del público español. Al tiempo que otras películas nacionales en las que se habían depositado muchas esperanzas, Las leyes de la frontera o Mediterráneo, tampoco mejoraban la situación. Solo el film de Icíar Bollaín ha respondido a las expectativas.

"Maixabel", de Icíar Bollaín

Resultado: que lo que se esperaba que fuese un “nuevo tiempo” para las salas se ha visto defraudado por la realidad, hasta el punto de que ha bajado en asistencia y taquilla lo logrado la semana anterior. Mientras que en 2019 se llegaba prácticamente cada semana a un millón de espectadores (más de cuantos acudían al fútbol) y cerca de siete millones de euros de taquilla, ahora no alcanzamos ni 700.000 espectadores ni 5 millones de recaudación. Todo el mundo “gana” las quinielas a posteriori, que si el buen tiempo, que si las terrazas, que si la necesidad de socializar, que si la retransmisión televisiva del fútbol…, como si hace dos años nada de eso pasara.

¿Qué le sucede, por tanto, al público español que, al abrirse las restricciones de la pandemia, no ha corrido a frecuentar las salas como sí ha hecho en otros países? Creo que se debe a un cambio sociológico que el virus ha acentuado: el cine se ha convertido aquí en un “ocio secundario”, ya no es la primera elección de la mayoría al plantearse una actividad lúdica. Sobre todo entre los espectadores de una cierta edad, que o bien se han acomodado a sus sofás de grandes ciudades o no se desplazan kilómetros cuando a su alrededor ya no existen salas. Han perdido el hábito de ir al cine, muy acendrado en diversas generaciones, entregadas hoy a series y plataformas.

¿Desaparecerá ese hábito? No del todo, mientras las multinacionales tengan cada semana una película que lanzar a los cuatro vientos y perviva un público joven dispuesto a consumirla. Otra cosa es el cine de autor, el hacedor de la diversidad cultural, el que ofrecen unos distribuidores independientes cuyas cuentas, en su gran mayoría, ya no salen de los números rojos.


(Publicado en "Turia" de Valencia, octubre de 2021).


Jugar, crear, tal vez soñar...

 


Se apoyaba José Sacristán en una frase de Nietzsche para iniciar su discurso de aceptación del Premio Nacional de Cinematografía, entregado en el marco del Festival de San Sebastián: “No hay mayor seriedad que la del niño cuando juega”… Y él confesaba haber jugado toda su vida ante una cámara o subido a un escenario, desde que, cuando era pequeño y se ponía unas plumas en la cabeza, su abuela fingía asustarse ante la presencia de un indio. “Se lo ha creído”, pensaba él, igual que ahora piensa que se lo han creído miles, millones de personas que le han visto actuar durante décadas, durante “más de sesenta años sin dejar de jugar”.

Fue un precioso y también preciso discurso el de Sacristán, poco más de cinco minutos, y dicho, no podía ser de otra forma, de manera ejemplar, como también hizo Aitana Sánchez-Gijón en su estupenda “Laudatio” previa. Remontándose hasta quien en Altamira pintara un mamut y buscase la aprobación de sus convecinos, imaginó Sacristán que ya entonces él o ella desearía que se creyeran que ahí estaba el animal. “Que se lo crean, que se emocionen, que se diviertan, que se inquieten, que duden, que piensen, que sueñen…”, en ello cifraba el gran actor los objetivos de su trabajo, que le llevaban a la creación como destino final. Una creación que puede adoptar muy diversas modalidades, según la práctica artística que se elija y se busque dominar. Pero siempre con las ideas de “la profunda seriedad del juego” y del “entusiasmo personal” como palancas para hacer partícipes a los demás del placer de “vivir una ficción, una ilusión inventada”.

No he visto que, en los días que han transcurrido desde la intervención de Sacristán, se haya glosado suficientemente la valía de sus palabras de agradecimiento, muy lejanas e incluso opuestas a las convencionales que suelen emplearse en este tipo de actos. Me parece digna de subrayar su defensa de la creatividad como centro de una labor que precisa de ella para sobrevivir a lo largo de los siglos. Frente a las teorías economicistas vigentes, en un mundo donde se mide el precio en lugar del valor de las cosas, me resulta emocionante que un actor con toda la memoria a sus espaldas, aunque todavía con futuro ante él, se erija en paladín de una creatividad que necesitamos como el respirar.

José Sacristán, con el Premio Nacional de Cinematografía

Siempre me ha sorprendido que, por limitarme al terreno que mejor conozco, los cineastas hablen más a menudo de temas de presupuesto, de producción, de subvenciones, de dinero en definitiva, que de una creatividad que es en realidad su campo y donde se juega la entidad estética y cultural de su obra. José Sacristán, en cambio, ha marcado el verdadero terreno con motivo de un Premio que hace tantos años que debía haber recibido.


(Publicado en "Turia" de Valencia, octubre de 2021).


¿Quién podrá, Mario, contar ya los días del pasado?

 


Cuando en 1984 Juan Carlos Frugone y yo mismo le anunciamos a Mario Camus que queríamos que fuera el protagonista del primer ciclo que organizábamos como responsables de la Semana de Cine de Valladolid, se mostró muy sorprendido. Decía no merecer tal homenaje, que él era un simple profesional del cine, un artesano que nunca había pretendido ser un autor, en el pleno sentido que se daba al término. No era una actitud de falsa modestia, sino que respondía a una humildad de la que Mario hizo siempre gala, quizá llevado por una timidez congénita que le hacía huir de los focos. Y eso que venía de filmar, entre 1977 y 1983, la trilogía básica conformada nada menos que por Los días del pasado, La colmena y Los santos inocentes, con su serie televisiva sobre “Fortunata y Jacinta” entre medias.

Fue la razón de que Frugone titulase como “Oficio de gente humilde…” el libro que publicó Valladolid, también el primero que se dedicaba al cineasta santanderino. Respondía a una frase del propio Camus, cuando defendía que “hay que acostumbrarse a no dominar nunca del todo nuestro trabajo. Por eso, este oficio nuestro es un oficio de gente humilde. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de interpretar y explicar la vida y los comportamientos humanos”. Una actitud que mantuvo a lo largo de sus 86 años y de sus infinitos trabajos para cine y televisión.

Aunque lo que realmente le motivaba a Mario era escribir, ya fuera para sí mismo, para otros como Carlos Saura o Pilar Miró, ya fuese en guiones originales o adaptando obras que admiraba, trabajo en el que no tuvo a nadie a su nivel. Su pasión, incluso más que el cine, era la lectura y la escritura, todo lo había leído, todo lo había analizado y exprimido al máximo. En un artículo para “Diario 16” de poco después de que le encontrásemos para el ciclo vallisoletano, del 22 de julio de 1984 exactamente, y que titulase “Libros de día, películas de noche”, recordaba de su niñez que “mi evolución en materia de lecturas y el paso de las historietas representadas en detalle con nubes de diálogos secos y simples hasta las áridas páginas de los libros donde no había ilustración alguna, significó la necesidad de buscar imágenes para aquellas narraciones que carecían de ellas, acostumbrados como estábamos a ver y a conocer las aventuras y los héroes de las primeras lecturas”. Es decir, llegar al cine a través de la palabra escrita.

Otro recuerdo personal: cuando Diego Galán y yo fuimos a entrevistarle para la revista “Triunfo” a su chalet de estanterías repletas de detrás de la Plaza de Castilla, de lo que se empeñaba en hablar continuamente no era de sus películas (“lo que tenía que decir ya lo he dicho en ellas”, argumentaba), sino de los libros que le habían fascinado, de las novelas que no podíamos dejar de leer, de personajes y más personajes que habían quedado en su memoria. Quizá porque nos veía como dos pipiolos –hasta el final me llamó por el diminutivo de mi nombre…, no sé bien la razón– que todavía necesitábamos adoctrinamiento literario, la verdad es que en las tres horas largas que duró el encuentro tuvimos que extraerle con sacacorchos una serie de frases sobre cine que nos permitieran llenar nuestra entrevista.

Siempre tuvo Mario Camus una cierta vocación didáctica. Como se demostró al recibir el Goya de Honor en 2011 con un espléndido discurso, tan denostado por algunos debido a su longitud que, según ellos, rompía el ritmo televisivo de la ceremonia. Pocos atendieron a unos párrafos que, sobre todo, eran una apasionada defensa de la profesión de cineasta, en un momento precisamente en que, tras El prado de las estrellas, de 2007, los productores ya no confiaban en él pese a contar con proyectos muy prometedores. Una profesión en la que creyó a pies juntillas, como cuantos directores surgieron de la Escuela Oficial de Cinematografía y que, en la década de los 60, formaron el “Nuevo Cine Español”, atacado precisamente por quienes nunca llegaron a hacer nada más allá de charlas de cafetería.

Por extensión, Mario siempre estuvo preocupado por la salud y la continuidad de nuestro cine. Un día, mientras estábamos acabando de preparar en el ICAA la Ley del Cine de 2007, me lo dijo taxativamente: “Los problemas del cine español se acabarían si se eliminara el doblaje de las películas norteamericanas”. Él, que siempre fue un defensor del cine clásico de Hollywood, veía en su apropiación del idioma un elemento de abusivo desequilibrio comercial. Cuando traté de argumentarle que esa desaparición del doblaje arruinaría a las salas de cine, porque el público español se había acostumbrado a él desde los años cuarenta, su respuesta la pronunció con dureza: “Lo que pasa es que no vais a tener la valentía de hacerlo, como nadie la ha tenido nunca en este país”. Posiblemente tenía razón…

Ahora, cuando Camus ya no está con nosotros, cuando –como en la cita que abría Los días del pasado– cabe interrogarse sobre la dificultad de abordar el tiempo que fue, pienso que nada ha expresado en imágenes con tanta determinación lo que significaba el caciquismo y la lucha de clases durante el franquismo como Los santos inocentes. Ni nada nos ha reflejado como en un espejo de lucidez la miseria moral y económica de la posguerra como La colmena. Ni nada nos ha acercado más, envuelto en una preciosa historia de amor, al mundo clandestino del maquis como Los días del pasado. Ni nada nos comunicó mejor la angustia de un fugitivo como Con el viento solano. Ni nada nos ha hablado con tanta sutileza de los desgarros internos del terrorismo como Sombras en una batalla..., por no hacer esta lista exhaustiva. Sí, muchas veces en compañía de Delibes, Cela o Aldecoa, pero no siempre. Se consideraría Mario solo un artesano, un profesional aplicado, pero si esto no es un autor, ¿quién lo es en verdad?

Por si les queda alguna duda, lean, por favor, sus cuentos, compilados por Valnera Literaria en volúmenes titulados “29 relatos” o “Quedaron estas cosas”. La claridad, la elocuencia y el carácter poético de buena parte de su cine quedan también patentes en ellos. Revisar sus películas, leer sus narraciones, admirar sus imágenes y su prosa es la mejor forma de recordar, en esta triste tarde de septiembre, al gran Mario Camus.


(Publicado en "El Español", diario digital, 18 de septiembre de 2021).


El cine es mujer

 

Audrey Diwan, con su León de Oro por "L'Événement"

Si Marco Ferreri auguraba que “el futuro es mujer”, en el caso del cine ya es casi un presente. La francesa Audrey Diwan acaba de ganar el León de Oro de Venecia por L’Événement, sumándose a la Palma de Oro obtenida por su compatriota Julia Ducournau por Titane, con lo que los máximos galardones de los dos Festivales más importantes del mundo han ido a parar a manos femeninas. Completado en Venecia con el Premio a la Mejor Dirección para la neozelandesa Jane Campion por The Power of the Dog, allí donde en la anterior edición la china residente en Estados Unidos Chloé Zhao empezó su carrera triunfal con Nomadland, que culminaría con tres Oscar, entre ellos el de Mejor Película. Y el pasado año los dos principales certámenes españoles, San Sebastián y Valladolid, fueron ganados por films de mujeres cineastas: Beginning, de la georgiana Dea Kulumbegashvili, y Preparativos para estar juntos un periodo de tiempo desconocido, de la húngara Lili Horvát, con estreno previsto en España para la próxima semana.

¿Hay quien dé más? Si he ido señalando las nacionalidades de estas directoras, es porque, aunque el cine sea un lenguaje universal, deseo subrayar que se trata de una situación que excede a un solo país o a un único continente. Es ya, felizmente, un movimiento imparable que solo rinde justicia a algo que debería haberse producido muchísimo antes. El objetivo del “50-50” de porcentaje entre películas realizadas por hombres y por mujeres ya no resulta una utopía inalcanzable, como antes lo parecía. Si se está en camino de lograrlo, pese a que quede todavía mucho por recorrer, no se debe a una evolución “natural”, ni porque las cosas cambien con solo pretenderlo. Ha sido una provechosa confluencia entre activismo feminista, autoridades sensibles al tema y profesionales cada vez mejor formadas lo que lo ha hecho posible.

Cristina Andreu, Presidenta de CIMA

Fue Anna Serner quien, desde su llegada a la dirección del Swedish Film Institute en 2011, marcase el rumbo durante la última década, con una decidida política de igualdad seguida por otros muchos países. En España, básicamente gracias al impulso de CIMA, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, creada cinco años antes y actualmente presidida por Cristina Andreu e integrada por más de 700 socias, cuya labor ha impregnado la tarea legislativa más reciente de la Dirección General de Cine (ICAA), con Beatriz Navas al frente. La llamada “discriminación positiva” o la existencia de cuotas favorecedoras, tan denostadas por algunos inmovilistas, se han demostrado imprescindibles, como siempre que se busca que una realidad mejore y existen poderes públicos que se comprometen a ello. Toda una lección de política cultural que debemos aprender a fondo.


(Publicado en "Turia" de Valencia, septiembre de 2021)