Un Mercado del cine independiente

 

No existía en España hasta ahora un Mercado de cine independiente como tal. Es decir, un lugar donde exhibidores, responsables de programación de cadenas televisivas públicas y privadas y de plataformas digitales conociesen de primera mano las novedades que habían adquirido los distribuidores independientes. Romper con esa carencia ha sido el objetivo de MERCI Sevilla, en que la Asociación ADICINE y el Festival de Cine europeo de esa ciudad han aunado esfuerzos para reunir los títulos más prometedores del próximo semestre que están ya disponibles para su estreno comercial. Veinticinco películas de gran atractivo, además de una serie de “trailers” y “promos”, han sido así mostradas ante más de un centenar de participantes que, en cincuenta proyecciones, pudieron hacerse una idea suficiente para elaborar sus respectivas carteleras. El éxito de la iniciativa ha sido rotundo.

Tres días ha durado MERCI Sevilla (cuyo nombre no corresponde a dar las gracias a nadie, sino a las siglas Mercado de Cine Independiente), que se ha completado con la exposición de “prácticas positivas” en Alemania o Francia y una Mesa Redonda sobre la actual situación de ambos sectores. Una difícil realidad ya analizada quince días antes en el importante Encuentro sobre “El futuro de la distribución en salas de cine”, celebrado en el marco de la Semana de Valladolid, y tras el que se llegó a unas Conclusiones de la máxima urgencia. Precisamente porque la situación ha llegado a niveles tan preocupantes es por lo que este tipo de actividades resulta imprescindible.

Un centenar de profesionales participaron en MERCI Sevilla

Lo decía con meridiana claridad la convocatoria del MERCI sevillano: “Con una lucha diaria muy desigual de fuerzas, la Distribución independiente necesita abrirse nuevos nichos de mercado, dado el descenso del público en las salas (algo que sigue sin remontarse tras la pandemia), las graves dificultades para que sus películas sean adquiridas por las televisiones, incluidas las públicas, y el descenso continuo de ventas de los DVD y los Blu-Ray. De ahí que la Distribución independiente esté viviendo una difícil supervivencia, aunque manteniendo siempre la mirada puesta en la diversidad de la oferta para el disfrute de los ciudadanos”. No hay más que ver las cifras de taquilla desde el pasado mes de septiembre hasta ahora para comprobar hasta qué punto se está sufriendo el vendaval de las multinacionales que, desde que sacaron sus films de los almacenes y volvieron a estrenar en salas, se han llevado por delante a la inmensa mayoría de los títulos independientes que salían a su paso. Entre ellos, muchos de cuantos habían destacado en Festivales internacionales de primera línea y sobre los que había altas expectativas.

Y entiéndase de una vez que no estamos hablando solo de la economía de una serie de empresas particulares, sino de la diversidad cultural que ellas procuran y que los ciudadanos merecen y necesitan.


(Publicado en "Turia" de Valencia, noviembre de 2021).

En torno a "El extraño viaje"

Texto de la presentación de "El extraño viaje" efectuada el 18 de noviembre de 2021 en el Cine del Círculo de Bellas Artes, en Madrid, dentro del ciclo que se dedicó a Fernando Fernán-Gómez, coordinado por Manuel Hidalgo. 

Nada más lógico que, tras la presentación del libro “Berlanga y Fernán-Gómez, en diálogo”, de Manuel Hidalgo, se proyecte “El extraño viaje”, donde ese diálogo resultó bien fructífero: la película nació en 1964 de una idea de Berlanga que, a través de Pedro Beltrán, llegó a Fernán-Gómez para que la dirigiera, lo que aceptó no sin cierto escepticismo, porque la historia real no le parecía suficiente para completar un largometraje. Solo cuando leyó el guion de Pedro Beltrán, que le encantó, quedó convencido de que valía la pena hacer la película.

También es verdad que Fernán-Gómez estaba inmerso entonces en un momento económico muy adverso. Según contaba a Enrique Brasó en 2002 para su libro de Conversaciones con él, publicado por Espasa Calpe, el año previo a la realización de “El extraño viaje” había sido fatal para sus ingresos. Aunque, según matizaba, el hecho de que no hubiera llegado a estrenarse su anterior obra, la genial “El mundo sigue”, no le significó ninguna pérdida material al haber sido bien pagada por una distribuidora, Nueva Films, el déficit de sus ambiciosos montajes teatrales o que algunos productores cinematográficos no le pagasen por sus actuaciones en films de bajo presupuesto, le habían sumido casi en la bancarrota, llegando a tener que pedir prestado a sus amigos, varios de ellos de su propia compañía escénica.

Así que muy bienvenido fue el encargo para dirigir una película, como le sucedería ese mismo año con un encargo opuesto al de “El extraño viaje”, caso de “Los palomos”, basado en una popular pieza teatral de Alfonso Paso. Dentro de sus vaivenes profesionales y al temor ancestral de que “dejara de llamar el teléfono para contratarme”, Fernán-Gómez se responsabilizó de llevar a la pantalla aquel guion tan peculiar. Y tanto fue su creciente entusiasmo por él que acabaría haciendo con “El extraño viaje” uno de sus trabajos más valiosos y representativos. Aunque tardara en estrenarse cinco años, hasta septiembre de 1969, cuando fue exhibida en programa doble en el hoy desaparecido Cine Odeón, donde la vio el crítico Jesús García de Dueñas, que escribió una famosa crítica en “Triunfo”, seguida por las de jóvenes compañeros de otras publicaciones especializadas. Trayectoria de prestigio creciente, que quedó corroborada cuando el Círculo de Escritores Cinematográficos (cuyos premios suponían una alternativa a los oficiales del Sindicato Nacional del Espectáculo) consideró “El extraño viaje” como la mejor película española estrenada en 1969.

Volviendo al inicio del proyecto, parece –lo rememora José Luis Castro de Paz en su volumen sobre Fernán-Gómez, editado por Cátedra en 2010– que se originó en una tertulia del Café Gijón en la que participaban Berlanga, Manuel Ruiz Castillo, Pedro Beltrán y Francisco Molero. Durante la charla, salió a colación el crimen de Mazarrón, un conocido suceso de 1956, con el hallazgo de los cadáveres de dos hermanos en la playa de esta localidad murciana y la sospecha de que había una tercera hermana que nunca apareció. El caso nunca quedó resuelto, y cada cierto tiempo aparecían especulaciones más o menos calenturientas que daban pábulo a la imaginación. Como la muy despierta de Berlanga, que veía allí una película aunque no para él; y la todavía más inventiva de Pedro Beltrán, que propuso a otro de los contertulios, el también guionista Ruiz Castillo, escribir un tratamiento que luego Beltrán desarrollaría ya en solitario. Mientras que el cuarto integrante de la tertulia, el productor Francisco Molero, se encargaría de buscar la financiación si Fernán-Gómez aceptaba ponerse tras la cámara. La respuesta fue afirmativa.

Doña Ignacia (Tota Alba), la hermana mayor de "El extraño viaje"

Dos novedades conllevaba de manera específica la realización de “El extraño viaje”: era la primera vez en su carrera de director que Fernán-Gómez no intervenía realmente en el guion; y asimismo la primera vez en que una película suya no contaba con él como intérprete. Aunque nunca fuese su título como tal, se manejaba de forma coloquial el muy sencillo de “El crimen de Mazarrón”, lo que llegó a oídos de las autoridades murcianas, que tomaron cartas en el asunto, llegando a visitar al entonces ministro de Información y Turismo, Fraga Iribarne, para protestar por ese nombre, que temían que diera mala fama al pueblo y arruinase las perspectivas turísticas de la zona. Nadie recuerda bien por qué el equipo de rodaje comenzó a utilizar el título de  “El extraño viaje”, que no tiene mucho que ver con la trama, pero que finalmente, tras descartarse otros del estilo “Crimen con aguardiente”, fue el que quedó.

Los otros dos hermanos Vidal (Jesús Franco y Rafaela Aparicio) 

A la hora de plantearse la forma de narrar la historia, Fernán-Gómez se acordó de una añeja obra de Carlos Arniches, “La casa de Quirós”, verdadera tragedia rural que, estrenada en 1915, también tenía algunos elementos de terror. Pero cuando se le planteaban posibles influencias del esperpento, la tradición española de Goya, Valle-Inclán o Gutiérrez Solana, o incluso de la astracanada, él siempre remitía al guion de Pedro Beltrán, y que se había limitado a ponerlo en las imágenes que requería. Eso sí, eligiendo un equipo técnico en el que destaca la maestría fotográfica de José F. Aguayo, aunque Fernán-Gómez habría querido que la foto fuese en color; los minuciosos decorados de Sigfrido Burmann o la música del recientemente fallecido Cristóbal Halffter, recurriendo incluso al “Dies Irae” para una determinada secuencia. Y, sobre todo, al dirigir de forma magistral a los actores, entre ellos a Carlos Larrañaga (impuesto por la productora, tras fallarles Jaime de Mora y Aragón e Ismael Merlo), Lina Canalejas, y de manera especial a los tres hermanos de la familia Vidal, Venancio, Paquita e Ignacia, con el cineasta Jesús Franco, amigo personal de Fernán-Gómez, en su primer trabajo interpretativo, para el que se inspiró en Peter Lorre, actor con quien guarda un cierto parecido; Rafaela Aparicio y Tota Alba, con un trabajo superlativo que no ha sido tan elogiado como se merecía. Además de Sara Lezana como Angelita, verdadera muestra de erotismo celtibérico, o María Luisa Ponte, en su habitual registro de airada señora de derechas.

El erotismo celtibérico de Angelita (Sara Lezana)

Se rodó “El extraño viaje” en la localidad madrileña de Loeches, elegida por un motivo preciso, que en la misma plaza se hallaban una casa señorial como la de los Vidal y el Ayuntamiento, lo que permitía un fluido juego de cámara entre ambos edificios. Allí está reflejado con mano maestra el ambiente pueblerino de la época, con su Círculo Recreativo El Progreso, donde la Orquesta Los Guacamayos hace posible explayarse bailando los fines de semana, su mercería “La Parisién”, su coro de ancianos que van punteando la acción, casi a la manera griega, de señoras escandalizadas que siguen a la impenitente mercera o de una represión generalizada que expresa claramente la aspirante a “estrella” Angelita cuando contesta siempre a sus acosadores con la frase “¡Qué burro eres!”. Represión subyacente a todos los comportamientos de los personajes, junto al factor del dinero, y de la que deja expresiva constancia el destacado tapiz de la casa familiar donde figura la máxima de que “Deja la lujuria un mes y ella te dejará tres”… Casa familiar dentro de la que Fernán-Gómez se recrea con esmero, con cuantas dependencias y objetos posee, en un tratamiento del decorado que a algunos críticos (como Santos Zunzunegui en su notable artículo “Vida corta, querer escaso” para el libro sobre el cineasta editado por el Patronato Municipal de Cultura de San Sebastián en 1993) incluso recordaba al utilizado por Hitchcock en “Psicosis”.

"...El ambiente rural, de pueblo nuestro, de aquí cerca..."

De hecho, Fernán-Gómez planteaba “El extraño viaje” como una mezcla de elementos dramáticos, “uno de cuyos ingredientes era el misterio, el terror. Otro ingrediente era el ambiente rural, de pueblo nuestro, de aquí cerca. Otro ingrediente, muy importante, era el erotismo, pero también un erotismo nuestro. Y el último, la guinda, podríamos decir, era un poquito de zarzuela. La mezcla no solo era desusada, sino que podía resultar explosiva”. Y lo fue, como lo sería doce años después “¡Bruja, más que bruja”, que retoma diversos elementos de “El extraño viaje”. En este caso, mediante una estructura narrativa peculiar, con una hora de relato lineal y media hora a base de “flash-backs” que explican lo sucedido en el tiempo anterior. Señalada a menudo como defectuosa incluso por algunos exégetas del film, Fernán-Gómez aceptaba esas críticas, aunque también subrayaba su convencimiento de que varios de los momentos “más brillantes” de la película se hallaban en esa media hora final. Según le señalaba a Manuel Hidalgo en el libro que publicó el Festival de Huelva en 1981, no se atrevió a tocar apenas el guion porque “como me resultaba insólito que la productora y distribuidora (Ízaro Films) hubiera elegido esta película, yo no sabía exactamente por qué, tenía un miedo tremendo a modificar cualquier cosa. No sabía si iba a cambiar precisamente lo que les había gustado. Pensé que era mejor no meneallo y no levantar la liebre. Siempre creí que se rodó porque alguien tenía que leer en su día el guion y no lo hizo”

Pase de modelos de Fernando (Carlos Larrañaga) ante doña Ignacia

Sentido del humor aparte, es sin duda “El extraño viaje” una película insólita, sobre todo para el momento en que se realizó, dentro de una década, la de los 60, donde la censura franquista seguía tan castradora, pese a que la creciente marea turística motivaba algún tipo de relajación moral sobre la impuesta por el nacionalcatolicismo. Pónganse las imágenes del film a la luz de esta moral ultramontana y se comprobará hasta qué punto eran revulsivas y marcaban un cierto punto de ruptura, igual que la anterior obra de Fernán-Gómez, “El mundo sigue”, aunque en un registro temático y estilístico opuesto al de “El extraño viaje”.

Y así a ambas les pasó lo que les pasó: “El mundo sigue” ni siquiera logró estrenarse comercialmente y, como queda señalado, “El extraño viaje” tardó cinco años en hacerlo y de mala manera. Además de la mala calificación administrativa, 2ª A, nacida de su no coincidencia con la política marcada por José María García Escudero desde la Dirección General de Cine, favorable a los nuevos realizadores que salían de la Escuela Oficial de Cinematografía, ¿por qué tal abandono por parte de quienes habían invertido dinero en coproducir y distribuir “El extraño viaje”, la citada Ízaro Films de la familia Reyzabal? Pues, recordaba Fernán-Gómez, que no la estrenaron porque “la mayoría de las secuencias pasan de noche, y todo el mundo sabe que las películas de noche nunca son comerciales”, pese a que ejemplos de lo opuesto los hay a cientos, entre ellos “El tercer hombre” o “Blade Runner”, por poner solo dos bien significativos.

Beatriz (Lina Canalejas), la mercera enamorada de Fernando

Cuando, en su entrevista sobre el film, Manuel Hidalgo le planteaba si “El extraño viaje” podría identificarse con “su línea de cine más personal o querida”, el cineasta afirmaba que “lo de más querida quizás esté más cerca de la verdad que lo de más personal, porque la película contiene una serie de elementos que pertenecen sin duda a Pedro Beltrán (una continua insistencia en sus palabras, como hemos visto) y otros que tienen una raíz muy clara de Berlanga. Una línea más personal mía quizá no fuese tan áspera como lo es en muchos momentos ‘El extraño viaje’. Y no digo áspera en contra, sino a favor”. Cine más personal al que no le afectó positivamente el posterior éxito de prestigio de “El mundo sigue” y “El extraño viaje”, ya que, tras los intermedios televisivos de “Juan Soldado”, de 1973, y la serie “El Pícaro”, al año siguiente, pasaría más de una década hasta la llegada de “¡Bruja, más que bruja!”. Y más de dos hasta una última etapa en que Fernán-Gómez sí tuvo posibilidad de un mayor dominio sobre su obra y en la que realza muy especialmente “El viaje a ninguna parte”, de 1986.

Juguetes rotos

 

Nadiuska

Me entrevistan para un “podcast” sobre Nadiuska, la musa erótica de la España de los 70. En principio, no entiendo bien por qué me llaman para hablar de ella, pero hay una razón básica: hace ya muchos años, en abril de 1975, publiqué en “Triunfo” un artículo titulado “La era Nadiuska”, a raíz de que coincidiesen en cartelera ¡cuatro películas! que la tenían como protagonista. Se trataba de Perversión, Un lujo a su alcance, Una abuelita de antes de la guerra y Polvo eres…, un cuarteto decisivo –según puede deducirse– en la historia del cine español. Y escribí entonces, de manera pelín ampulosa, que “Nadiuska es símbolo de un cine que quiere satisfacer el ansia de evasión de una burguesía triunfalista pero reprimida, satisfecha pero con miedo, anclada en una sociedad que querría inmóvil pero temerosa del cambio que se avecina y que, ante todo, quiere soñar con un país que no tiene y con una mujer o unos medios de placer que tampoco son los suyos”.

Piénsese que estábamos a pocos meses de la muerte de Franco, en plena etapa del “destape”, del que Nadiuska era reina absoluta. Su estatura de 1,80 metros, sus ojos felinos, el porte europeo que había traído desde su Alemania natal, deslumbraron a unos espectadores sometidos a una represión erótica de décadas. Ella era “una mujer diferente” y así se le rendía culto en este tipo de cine, que venía a servir de espita de salida de la olla a presión en que se iba convirtiendo todo el país. Como aseguraba el título de una de las películas antes citadas, Nadiuska se transformaba durante hora y media en “el lujo al alcance” de un público ávido de estímulos sexuales que no encontraba precisamente en su entorno.

No solo fue ella, también Sandra Mozarowsky, Susana Estrada, Agata Lys, Bárbara Rey, Azucena Hernández y tantas otras, verdaderos juguetes rotos de una sociedad que se divertía con estas actrices “de usar y tirar”. La mayoría intentó salir de ese cine de fácil consumo, pero sin llegar a lograrlo: Agata Lys trabajó en Los santos inocentes, Bárbara Rey en La escopeta nacional, la propia Nadiuska y Sandra Mozarowsky en Beatriz, adaptación de dos relatos de Valle-Inclán. Pero apenas pasaron de ahí. Y lo realmente impresionante es la forma en que la fatalidad actuó sobre sus vidas.

Sandra Mozarowsky

Todavía hoy Nadiuska, a la que en 1999 se le diagnosticó esquizofrenia, está recluida en un hospital de caridad; Bárbara Rey sufrió durante años maltrato por parte de su marido, Ángel Cristo; Azucena Hernández quedó tetrapléjica por un accidente de coche; y, en el caso más trágico, Sandra Mozarowsky murió a los 18 años tras caer desde una terraza, nunca se aclaró si por voluntad propia o si alguien le empujó a hacerlo cuando, incluso, parece que estaba embarazada de un regio personaje. Pocas veces se ha visto tanta crueldad como la que el destino deparó a estas “musas del destape”.


(Publicado en "Turia" de Valencia, noviembre de 2021).

¡Qué envidia!

 

A bombo y platillo se ha inaugurado en Los Ángeles el Museo del Cine de la Academia norteamericana. Sus entradas a 25 dólares se han agotado en pocos días, deseoso el público de conocer el contenido de un recinto que, mediante la restauración del famoso arquitecto italiano Renzo Piano, se aloja en un enorme inmueble modernista de finales de la década de los 30 del pasado siglo. Con dos amplias salas de proyección, nada menos que doce comisarios se han encargado de las primeras exposiciones temporales, dedicadas a Hayao Miyazaki, Pedro Almodóvar o Spike Lee. Completando así la oferta de la colección permanente, repleta de objetos icónicos, como el tiburón del film de Spielberg, el traje del astronauta de 2001, el monstruo de Alien o el trineo y el guion de Orson Welles para Ciudadano Kane.

No sé si será sana o no, pero me corroe la envidia provocada por el nacimiento de este Museo de Hollywood. Porque, salvadas las distancias, también podríamos contar con uno formidable en España. Ya sé que existe el Museo Tomàs Mallol en Girona y muy estimables colecciones particulares. Pero nuestro país es de los escasísimos que no tiene un centro similar al de muchos otros de todo el mundo. Y base suficiente la hay de sobra: las más de veinte mil piezas que atesora la Filmoteca Española en unos almacenes que hasta solo han servido para guardarlas y conservarlas a buen recaudo. Pero salvo sus cuidadores y algún historiador afortunado, nadie sabe de verdad lo que guarda tan preciado tesoro.

Maqueta del Centro Nacional de las Artes Visuales en Tabacalera (Madrid)

La situación estuvo a punto de salir a flote en 2008, durante el periodo de César Antonio Molina como ministro de Cultura, que lo consideró como un empeño personal, casi un desafío. El 13 de noviembre de ese año, el estudio Nieto-Sobejano ganó el concurso convocado para transformar el antiguo edificio madrileño de Tabacalera en el Centro Nacional de las Artes Visuales, en el que se integraría el Museo del Cine. Los 30.000 metros cuadrados disponibles estaban dispuestos para acoger un proyecto presupuestado en 30 millones de euros a abordar entre 2009 y 2012. Pero justo el año destinado a comenzar las obras, Molina fue relevado en su cargo por Ángeles González-Sinde, quien, sin explicar razones, se desentendió totalmente de él.

Lástima, porque era una preciosa iniciativa, que pareció resucitar en 2017 mediante un Convenio entre la Academia de Cine y el Ayuntamiento de Madrid. Pero tampoco se llegó a nada… Ahora que tanto se habla de descentralizar instituciones, quizá no tenga que ser necesariamente Madrid el marco geográfico de este Museo. ¿Por qué no una ciudad con tanta tradición cinéfila como Valencia; o un lugar simbólico de la “España vacía” o “vaciada” como Soria o Teruel, a las que un centro así vivificaría?


(Publicado en "Turia" de Valencia, octubre de 2021).


Encuentro "El futuro de la Distribución en salas de cine"





En el marco de la 66 Semana Internacional de Cine de Valladolid, tuvo lugar el Encuentro sobre "El futuro de la Distribución en salas de cine", que -coordinado por Fernando Lara- reunió el 27 de octubre de 2021 a más de cuarenta profesionales de este sector y del de la Exhibición, así como a representantes institucionales y de las Televisiones y plataformas digitales. Tras una intensa jornada, estas fueron las Conclusiones a las que se llegó por unanimidad:


1.- Los participantes en el Encuentro sobre ‘El futuro de la distribución en salas de cine’ manifiestan su convencimiento de que reuniones entre Distribución independiente y Exhibición, como la organizada en este caso por la Semana de Cine de Valladolid, contribuyen positivamente al conocimiento y resolución de los problemas planteados entre ambos sectores.

 

2.- Los distribuidores independientes ratifican su decida apuesta por la exhibición de sus películas en salas, como siempre lo han hecho a lo largo de décadas y, en ocasiones, en muy difíciles circunstancias. El estreno en cines constituye el imprescindible comienzo de una cadena de valor que se extiende a las siguientes fases de comercialización.

 

3.- Ninguna etapa ha sido tan difícil como la experimentada durante la pandemia recién sufrida, cuando ante las limitaciones de horarios y aforos fueron los distribuidores independientes quienes dieron un paso al frente para proveer de material de estreno a las salas.

 

4.- Se manifiesta en el Encuentro el acuerdo de mantener unas determinadas ‘ventanas de exhibición’, aunque se discrepa entre ambos sectores sobre cuáles deben ser la periodicidad y el valor económico de tales ‘ventanas’.

 

5.- Una posibilidad sería el establecimiento de ‘ventanas’ no de manera uniforme, sino en función de cada tipo de cine y de su dimensión comercial, muy distinta según las características de las películas. En este sentido, se recomienda la creación de una comisión de trabajo de carácter consultivo, integrada por los distintos agentes, sin excepción de las compañías multinacionales, que señale los plazos idóneos de explotación comercial, incluyendo los establecidos entre las plataformas y las televisiones en abierto.

 

6.- Dada la actual configuración del mercado, de no ofrecerse un reajuste de las ‘ventanas’, los distribuidores independientes se verán más inclinados a llevar sus films a las plataformas digitales. Frente a la idea de una confrontación entre la Exhibición en salas y plataformas, Filmin subraya que ambos espacios funcionan de manera complementaria, como quedó demostrado en el ejercicio 2019.


  7.- Con el convencimiento compartido de que la promoción de las películas supone un elemento fundamental para la respuesta del público, que es en definitiva el destinatario del trabajo de todos, la Distribución independiente y la Exhibición se comprometen a efectuar, junto a los poderes públicos, un especial esfuerzo en esta dirección con el fin de recuperar al público adulto que se ha perdido en los dos últimos años, desde el inicio de la pandemia.

 

8.- Asimismo, se considera fundamental incidir en los potenciales espectadores de la llamada España ‘vacía’ o ‘vaciada’, hoy desprovista de salas en su mayoría, lo que exigiría una acción conjunta por parte de las Administraciones.

 

9.- Paralelamente, los participantes insisten en la necesidad de una Enseñanza Audiovisual a todos los niveles en nuestro país, incluido el universitario, que permita el nacimiento y captación de nuevos públicos que aseguren la continuidad de la asistencia a las salas cinematográficas. Además de ayudar así a combatir la piratería, práctica que debe quedar desterrada por completo.

 

10.- Grandes esperanzas se hallan depositadas por la Distribución independiente en la renovada Dirección de RadioTelevisión Española, tanto en la solicitud de acceso a la Primera Cadena, como en la creación de nuevos ‘slots’ en La 2 para los films de sus catálogos, entre ellos los de carácter documental.

 

11.- Se advierte de la posible llegada de una ‘agresiva invasión de contenidos’, originada por una concentración de poder audiovisual en pocas manos, que conllevaría en realidad una reducción de las posibilidades de elección de los espectadores. Ante ello, aumenta la necesidad de una decidida política de protección activa al cine independiente en general y  sus creadores en particular.

 

12.- De no resolverse sus problemas actuales, la Distribución independiente y amplios sectores de la Exhibición de nuestro país se sienten en peligro de desaparición, lo que causaría un grave quebranto a la diversidad cultural en las carteleras españolas, de la que constituyen decisivos garantes. La forma idónea de responder a esta situación es la labor conjunta de todos los sectores, que, desde una perspectiva autocrítica, han expresado en el Encuentro de Valladolid su voluntad de trabajar juntos y ser complementarios y no contradictorios.

Valladolid, 27 de octubre de 2021


Participantes en el Encuentro sobre "El futuro de la Distribución en salas de cine"


Un ocio secundario

 

Se esperaba mucho del fin de semana del puente del Pilar. Un James Bond que había entrado con fuerza siete días antes se veía acompañado por toda una Familia Addams, Madres paralelas, la continuidad de Dune y Maixabel o incluso el estreno de la Palma de Oro de este año, Titane. Pues no, no se ha producido el “sorpasso” que cabía imaginar. Las que venían de las semanas previas, incluyendo 007, han caído en torno al 40% de espectadores y, por tanto, de recaudación; el film de Almodóvar debe contentarse con un tercer lugar del “ranking” y 1.593 euros por pantalla, mientras que la sorpresa de Cannes se quedaba aquí reducida a 500 euros por pantalla, confirmando que los títulos más resonantes del pasado Festival francés, como Benedetta, no han recibido el aval del público español. Al tiempo que otras películas nacionales en las que se habían depositado muchas esperanzas, Las leyes de la frontera o Mediterráneo, tampoco mejoraban la situación. Solo el film de Icíar Bollaín ha respondido a las expectativas.

"Maixabel", de Icíar Bollaín

Resultado: que lo que se esperaba que fuese un “nuevo tiempo” para las salas se ha visto defraudado por la realidad, hasta el punto de que ha bajado en asistencia y taquilla lo logrado la semana anterior. Mientras que en 2019 se llegaba prácticamente cada semana a un millón de espectadores (más de cuantos acudían al fútbol) y cerca de siete millones de euros de taquilla, ahora no alcanzamos ni 700.000 espectadores ni 5 millones de recaudación. Todo el mundo “gana” las quinielas a posteriori, que si el buen tiempo, que si las terrazas, que si la necesidad de socializar, que si la retransmisión televisiva del fútbol…, como si hace dos años nada de eso pasara.

¿Qué le sucede, por tanto, al público español que, al abrirse las restricciones de la pandemia, no ha corrido a frecuentar las salas como sí ha hecho en otros países? Creo que se debe a un cambio sociológico que el virus ha acentuado: el cine se ha convertido aquí en un “ocio secundario”, ya no es la primera elección de la mayoría al plantearse una actividad lúdica. Sobre todo entre los espectadores de una cierta edad, que o bien se han acomodado a sus sofás de grandes ciudades o no se desplazan kilómetros cuando a su alrededor ya no existen salas. Han perdido el hábito de ir al cine, muy acendrado en diversas generaciones, entregadas hoy a series y plataformas.

¿Desaparecerá ese hábito? No del todo, mientras las multinacionales tengan cada semana una película que lanzar a los cuatro vientos y perviva un público joven dispuesto a consumirla. Otra cosa es el cine de autor, el hacedor de la diversidad cultural, el que ofrecen unos distribuidores independientes cuyas cuentas, en su gran mayoría, ya no salen de los números rojos.


(Publicado en "Turia" de Valencia, octubre de 2021).


Jugar, crear, tal vez soñar...

 


Se apoyaba José Sacristán en una frase de Nietzsche para iniciar su discurso de aceptación del Premio Nacional de Cinematografía, entregado en el marco del Festival de San Sebastián: “No hay mayor seriedad que la del niño cuando juega”… Y él confesaba haber jugado toda su vida ante una cámara o subido a un escenario, desde que, cuando era pequeño y se ponía unas plumas en la cabeza, su abuela fingía asustarse ante la presencia de un indio. “Se lo ha creído”, pensaba él, igual que ahora piensa que se lo han creído miles, millones de personas que le han visto actuar durante décadas, durante “más de sesenta años sin dejar de jugar”.

Fue un precioso y también preciso discurso el de Sacristán, poco más de cinco minutos, y dicho, no podía ser de otra forma, de manera ejemplar, como también hizo Aitana Sánchez-Gijón en su estupenda “Laudatio” previa. Remontándose hasta quien en Altamira pintara un mamut y buscase la aprobación de sus convecinos, imaginó Sacristán que ya entonces él o ella desearía que se creyeran que ahí estaba el animal. “Que se lo crean, que se emocionen, que se diviertan, que se inquieten, que duden, que piensen, que sueñen…”, en ello cifraba el gran actor los objetivos de su trabajo, que le llevaban a la creación como destino final. Una creación que puede adoptar muy diversas modalidades, según la práctica artística que se elija y se busque dominar. Pero siempre con las ideas de “la profunda seriedad del juego” y del “entusiasmo personal” como palancas para hacer partícipes a los demás del placer de “vivir una ficción, una ilusión inventada”.

No he visto que, en los días que han transcurrido desde la intervención de Sacristán, se haya glosado suficientemente la valía de sus palabras de agradecimiento, muy lejanas e incluso opuestas a las convencionales que suelen emplearse en este tipo de actos. Me parece digna de subrayar su defensa de la creatividad como centro de una labor que precisa de ella para sobrevivir a lo largo de los siglos. Frente a las teorías economicistas vigentes, en un mundo donde se mide el precio en lugar del valor de las cosas, me resulta emocionante que un actor con toda la memoria a sus espaldas, aunque todavía con futuro ante él, se erija en paladín de una creatividad que necesitamos como el respirar.

José Sacristán, con el Premio Nacional de Cinematografía

Siempre me ha sorprendido que, por limitarme al terreno que mejor conozco, los cineastas hablen más a menudo de temas de presupuesto, de producción, de subvenciones, de dinero en definitiva, que de una creatividad que es en realidad su campo y donde se juega la entidad estética y cultural de su obra. José Sacristán, en cambio, ha marcado el verdadero terreno con motivo de un Premio que hace tantos años que debía haber recibido.


(Publicado en "Turia" de Valencia, octubre de 2021).