Los asesinos están entre nosotros

 

Texto incluido en el volumen con el guion de "7 días de enero", de Juan Antonio Bardem y Gregorio Morán, publicado en la Colección Espiral de Setenta Teclas, editado por Ocho y Medio, y que fue presentado en la Academia de Cine el 2 de junio de 2023. Estas breves páginas sirven de introducción a las declaraciones que Bardem efectuase para el semanario "La Calle" con motivo del estreno de la película:

Estas declaraciones de Juan Antonio Bardem, que yo mismo recogí, se publicaron en el hoy desaparecido semanario La Calle del 6 de febrero de 1979. Todavía faltaba más de un mes para que 7 días de enero se estrenase en Madrid, el 28 de marzo, en los cines Bulevar y Tívoli, en los que permanecería hasta mayo. No eran precisamente locales de la Gran Vía ni de la calle Fuencarral, donde se concentraban los grandes estrenos, porque –lo señalaba el propio Bardem– las principales salas se habían negado a exhibirla e incluso el distribuidor, Manuel Salvador, decidió retirar el nombre de su empresa de los títulos de crédito por temor a las reacciones.

Había miedo, sí, en esta España que vivía difíciles momentos de la Transición política desde el franquismo hacia la democracia. Con suficiente motivo, como demostró la violencia de los Guerrilleros de Cristo Rey contra muchos locales donde se proyectaba. Porque no era una película cualquiera, sino la que reflejaba uno de los hechos más terribles de la Historia reciente de nuestro país: la llamada “matanza de Atocha” del 24 de enero de 1977, cuando pistoleros de extrema derecha asesinaron a tres abogados laboralistas, un estudiante de Derecho que colaboraba con ellos y un empleado administrativo del despacho de Atocha 55, dejando malheridos a otros cuatro abogados. Una auténtica “noche trágica” con la que se iniciaba una semana de máxima tensión, la de esos siete días de enero que Bardem señalaba en su título y que documentaba la primera secuencia del film.

Secuencia de inicio que poseía un carácter documental cara al espectador, como lo tendrían las últimas, con las emotivas imágenes del cortejo fúnebre de las víctimas de Atocha a hombros de sus camaradas. De ese entierro nacerían muchas cosas importantes, entre ellas la legalización del Partido Comunista de España y la consideración generalizada de que se trataba de una fuerza política que, tras luchar como ninguna otra contra la dictadura, habría de jugar un papel fundamental en el tránsito hacia la democracia. Porque aunque Bardem no utilizase más que estas partes directamente documentales, sin duda la realidad vivida subyace en las imágenes de ficción de la película y las determina, en un ejercicio nada habitual dentro del cine español del momento. E incluso en el suyo propio donde, tras El puente, había reencontrado su vocación de plasmar la vida de un país en profundo reconocimiento de sí mismo.

Porque 7 días de enero respondía plenamente a lo que Bardem siempre había querido hacer, volviendo al camino de las ya lejanas Muerte de un ciclista o Calle Mayor, pero dotándolo de ese sustrato documental que acabo de citar, ayudado decisivamente en el guion por el periodista Gregorio Morán. Dentro de ese carácter fundamental de “recuperación” a todos los niveles que caracteriza al cine español de la Transición, él no retrocedía hasta la Guerra Civil ni a usos y costumbres de décadas pasadas, sino que se refería a un hecho todavía muy presente en la memoria de los ciudadanos. Que no podían ni querían olvidar “aquellos días y noches de cuchillos largos”, donde el miedo a una involución irremediable se hizo patente, igual que sucedería cuatro años después en el intento de Golpe de Estado del 23 de febrero. No, Bardem, hablaba de que “la realidad vuelve al galope”, según plantease Edmond de Rotschild como propuesta moral y estética.

Con un enfoque que generó numerosas polémicas, incluso en el seno de su propio partido: él mismo lo señalaba en otras declaraciones, citando incluso con nombre y apellido a su principal oponente. Elegir poner el foco en los verdugos, y más exactamente sobre uno, en lugar de en las víctimas no fue bien entendido por muchos, entre ellos varios de los heridos en el atentado y otros correligionarios. No entendían por qué detenerse en aquellos asesinos y no en quienes habían caído bajo sus balas, en esos “cinco segundos que dura el disparo de dieciséis balas del 9 largo”, que mencionaba el propio Bardem. El hecho de mostrar en tres ocasiones y con distintas miradas la masacre no compensaba, en opinión de sus críticos, la elección de los pistoleros como centro del relato. Pero ya lo recogía el titular de la doble página de la entrevista, el propósito básico para Bardem era subrayar hasta qué punto, en ese momento, “los asesinos están entre nosotros”, frase con la que rememoraba aquel film de Wolfgang Staudte de idéntico nombre, Die Mörder sind unter uns, el primero rodado en la Alemania postbélica (concretamente en la entonces RDA) y que denunciaba hasta qué punto el nazismo seguía infiltrado en la vida germana, pese a su derrota.

Por ello, no es casual que fuera La Calle, revista considerada cercana al PCE, la que publicase estas declaraciones de Bardem a mes y pico vista del estreno de 7 días de enero. Y que en lugar del típico formato de preguntas y respuestas, yo (también redactor-jefe de la revista) eligiese un estilo distinto, que las convertían en casi un manifiesto del cineasta sobre el enfoque y contenido de su trabajo, dirigiéndose así en voz alta a la parte hostil de sus correligionarios. Baste decir que sus palabras, que ahora se reproducen en estas páginas, alcanzaron un notable eco que contribuyó positivamente, sin duda, a la trayectoria pública de la película, de lo que me congratulo pasados tantos, tantísimos años.

Presentación del guion de "7 días de enero" en la Academia de Cine. 
De izquierda a derecha, Diego Sabanés, María Bardem, Gregorio Morán y Carlos López


Anatomía de una más que notable edición de Cannes

 

Lo primero es completar el párrafo final de la anterior crónica que, por un fallo de edición, quedó cortado. Al realzar “la transformación positiva que está experimentando el cine documental”, decía yo que sus mejores ejemplos “se alejan del todo, afortunadamente, del tradicional esquema de las cabezas parlantes”. Y entre esos títulos valiosos citaba en concreto Les filles d’Olfa, de la tunecina Kaouther Ben Hania, que ha sido galardonado con el premio L’oeil d’or’ dedicado en Cannes a este género, junto con otro film destacable, La madre de todas las mentiras, de su compañera marroquí Asmae El Moudir, también premiado en la sección paralela Un Certain Regard por su Dirección y que indica el auge del documental en el Magreb.

"The Old Oak", de Ken Loach

Lo segundo es referirme a las obras de aquellos directores que todavía quedaban fuera del cierre de la segunda crónica. Entre ellos, y dejando al margen la nueva banalidad de Wes Anderson en Asteroid City, destacaron dos ilustres veteranos: Ken Loach, con un The Old Oak pleno de inspiración y solidaridad con los refugiados sirios expuestos al racismo y la xenofobia de muchos británicos, aunque la resonancia de la película disminuyó al ser programada en último lugar de la Sección Oficial. Y asimismo Marco Bellocchio, con Rapito, excelente nueva inmersión del gran cineasta italiano en la Historia de su país, ahora durante el pontificado del “Papa Rey” Pío IX, en 1858; cuando el poder de la Iglesia se veía ya cuestionado por la sociedad civil, que se negaba a aceptar privilegios que hasta incluían el rapto de niños judíos para ser educados en la fe católica.

"Il sol dell'avvenire", de Nanni Moretti

Por su parte, Nanni Moretti vuelve con Il sol dell’avvenire a aquel cine personalista y egocéntrico, pero también divertido y diferente, que le dio fama en la etapa de Caro Diario y Abril; Wim Wenders se pasea en Perfect Days por las calles de Tokyo en compañía de un taciturno limpiador de váteres públicos (cuyo intérprete, Köji Yakusho, ha sido galardonado con el Premio al Mejor Actor), lo que origina una película más bien secreta, y el vietnamita afincado en Francia Tran Anh Hung, que llevaba desaparecido un tiempo regresa con fuerza merced a La passion de Dodin Bouffant, donde pasea su cámara por decenas de exquisitos y refinados platos, lo que le ha valido el Premio a la Mejor Dirección del Jurado internacional, presidido por Ruben Östlund, vencedor del Festival por segunda vez el pasado año.

Sandra Hüller, protagonista femenina de "Anatomie d'une chute' y de "The Zone of Interest"

Lo tercero es entrar ya, precisamente, en el contenido del Palmarés de una 76 edición cuyo nivel de calidad media ha resultado muy superior al de las últimas ediciones. Una lista de premios final bastante ecuánime, donde son todos los que están, lo que ya es mucho decir para las decisiones de un Jurado, aunque no estén todos los que son, como sucede con los citados casos de Loach y Bellocchio. También el orden de los premios podría haber sido distinto, sobre todo en cuanto a los dos principales, porque la Palma de Oro de Anatomie d’une chute debería haber recaído con mayor justicia, según mi opinión, en The Zone of Interest, y haber dejado en segundo lugar al sólido trabajo de Justine Triet, y no al revés.

Porque si cada edición de un Festival se recuerda sobre todo por un título en concreto, muy difícilmente la de Cannes 2023 va a ser por otro que el de Jonathan Glazer, por este The Zone of Interest que con tanta inteligencia nos cuestiona como espectadores del Holocausto nazi mediante, precisamente, no enseñarlo, obviar su representación, privilegiar lo no dicho. Notamos signos de que en la pantalla sucede algo especial: hay un poderoso muro, destaca una alta torre de vigilancia, sale un denso humo de una gran chimenea… Pero lo que realmente vemos, para nuestro más profundo desasosiego, es la vida cotidiana de una familia burguesa, la del comandante jefe del campo de Auschwitz, con sus rituales diarios en cuanto a costumbres y comidas, los colegios de los niños, el cuidado de los jardines… Martin Amis supo establecer tal revulsivo contraste en su novela homónima y Jonathan Glazer lo ha traducido en imágenes cuya frialdad atenaza el corazón.

Los “nombres clásicos” de Cannes, los Kaurismäki con el Premio del Jurado por la deliciosa y tan sensible Las hojas muertas, Kore-eda (aunque fuese a través del guionista de Monster, Yuji Sakamoto), Wenders por su citado protagonista o Bilge Ceylan gracias a la poderosa actriz Merve Dizdar de Las hierbas secas, también quedaron debidamente incluidos en el Palmarés. Hay que congratularse, porque han contribuido de nuevo a la larga tradición de un Festival que, sin duda, no sería igual de imprescindible sin ellos.


(Publicado por "Turia" de Valencia, 2 de junio de 2023). 




Demasiada Palma para "Anatomía de una caída"

 

Justine Triet, con su Palma de Oro por "Anatomie d'une chute"

Era ‘Anatomie d’une chute’ la favorita de la crítica francesa, siempre tan chovinista. Bastante menos de la internacional, aunque siempre estuvo bien situada en las calificaciones. Por mi parte, vaticiné la probabilidad de que “el sólido film de Justine Triet entre en el Palmarés final de este Cannes 2023”, pero lo decía pensando sobre todo en Sandra Hüller, su protagonista. De ahí a que este cuarto largometraje de su realizadora haya obtenido la Palma de Oro existe una distancia excesiva y que no se corresponde con la mayor entidad de otros títulos de la Sección Oficial. Pero el Jurado presidido por el triunfador del pasado año, Ruben Östlund, así lo ha decidido, otorgando por solo tercera vez esa Palma a una cineasta, y hay que respetarlo como la opinión de los nueve profesionales que lo integraban. Opiniones tan válidas como las de cualquier otro participante en esta buena edición del Festival.

Al menos, no hay disparates flagrantes en el veredicto final, y eso es de agradecer, aunque sí haya ausencias tan notorias como las de Marco Bellocchio y Ken Loach, cuya magnífica ‘The Old Oak’ cerró el certamen con su cántico a la solidaridad y a la lucha en común contra cualquier forma de xenofobia y racismo. Realmente, salvo esas excepciones, son todos los que están, aunque con un orden que no es el que yo hubiera preferido.

Jonathan Glazer logró el Gran Premio del Jurado por "The Zone of Interest"

Mi favorita, igual que la de buena parte de los asistentes, era ‘The Zone of Interest’, sobre todo por lo que tiene de confrontar al espectador con una realidad histórica tan tremenda como la del Holocausto y hacerlo de manera tan inteligente y sutil como lleva a cabo Jonathan Glazer. Al concederle el Gran Premio, el Jurado la ha situado en segundo lugar de sus preferencias, optando con ‘Anatomie d’une chute’ por la crisis de una pareja de escritores que queda de manifiesto en el juicio contra la mujer, quizá responsable de la muerte de su marido, antes que realzar la perspectiva innovadora sobre la barbarie del exterminio nazi que lleva a cabo ‘The Zone of Interest’, apoyándose en la novela del fallecido en estos días Martin Amis.

Detrás de estos dos films, y del Premio a la Mejor Dirección a Tran Anh Hung por su habilidad casi coreográfica al reflejar los exquisitos menús de ‘La passion de Dodin Bouffant’, el Palmarés incluye de una u otra forma a los “nombres sagrados” de Cannes. Ya sea el Premio Especial del Jurado para la preciosa ‘Las hojas muertas’, de Aki Kaurismäki; o la inserción de ‘Monster’, de Hirokazu Kore-eda, aunque el premio es para un guion que en este caso no es suyo, sino de Yuji Sakamoto, quien usa el llamado “método Rashomon” para contar lo mismo desde tres puntos de vista diferentes, lo que siempre impresiona mucho a los jurados. Mientras que ‘Las hierbas secas’, de Nuri Bilge Ceylan, queda destacada por el trabajo de su protagonista femenina, la muy convincente Merve Dizdar en el papel de una mujer a la que un atentado terrorista ha segado una pierna; y ‘Perfect Days’, de Wim Wenders, mediante el Premio al Mejor Actor para Köji Yakusho como ese hombre callado y misterioso que limpia con acusado perfeccionismo los váteres públicos de Tokyo.

Elena Martín, tras recibir el Premio a la Mejor Película Europea de la Quincena de Cineastas

Fuera ya del Palmarés oficial, subrayemos que los dos documentales que han obtenido el Premio, especializado en ellos, L’oeil d’or, quedaron mencionados en la crónica del viernes dedicada a las nuevas orientaciones del género: la tunecina ‘Les filles d’Olfa’ y la marroquí ‘La madre de todas las mentiras’. Al tiempo que ‘How to Have Sex’, de Molly Manning Walker, lograba el Premio de la sección paralela Un Certain Regard, una película que iba a rodarse en Magaluf pero que no llegó a autorizarse para no consolidar la idea de este enclave mallorquín como sede del “turismo de borrachera”, por lo que se filmó en Malta. Y terminemos estas crónicas de Cannes 2023 con la nota satisfactoria de que Elena Martín haya obtenido, con su ‘Creatura’ el Premio a la Mejor Película Europea de la Quincena de Cineastas.

¡Hasta la 77 edición del primer Festival del mundo!


(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 28 de mayo de 2023).


Un Festival es una ventana abierta al mundo


Suele hacérseles menos caso que a las películas de ficción, pero lo cierto es que los documentales van abriéndose paso cada vez más en los Festivales, Cannes incluido. Las diversas secciones del certamen los acogen, hasta conformar una verdadera ventana al mundo que nos rodea. Cada uno con un territorio distinto que explorar, pero con una característica común muy marcada: el deseo de huir del puro reportaje televisivo, aunque perfectamente digno en su contexto, y de las entrevistas a “cabezas parlantes” como estructura narrativa. Otras son las ambiciones y perspectivas que, por fortuna, ofrece el género documental.

"Les filles d'Olfa", de Kaouther Ben Hania 

Así, la Sección Oficial amparaba la presentación de ‘Les filles d’Olfa’, donde la tunecina Kaouther Ben Hania refleja la inserción de dos de sus hijas en las filas yihadistas mediante su sustitución por dos actrices que encarnan la historia familiar junto a las otras dos hermanas reales y la propia madre. O la francesa Mona Achache que reconstruye en ‘Little Girl Blue’ también la vida de su madre (interpretada por Marion Cotillard) y su abuela dentro de un mundo intelectual en el que juega un papel decisivo Juan Goytisolo. O la marroquí Asmae El Moudir al abordar en ‘La madre de todas las mentiras’ los sangrientos incidentes de 1981 en su país a través de las figuritas de barro que hace su padre.

Más allá de este ámbito femenino y familiar, en ‘Occupied City’ Steve McQueen desarrolla durante cuatro horas la memoria de un Amsterdam ocupado por los nazis simplemente con una voz en “off” que describe con frialdad lo que sucedió entonces en una serie de edificios, contrastándolo con la actual realidad de la ciudad. Y en ‘Juventud (La Primavera)’ Wang Bing efectúa un retrato de la sociedad china fijándose en una factoría textil a la que acuden a trabajar jóvenes de todas partes, en lo que – en tres horas y media– es tan solo una parte del proyecto total emprendido.

Mezclando con frecuencia documental y ficción, podría seguir citando títulos significativos que estamos viendo en Cannes, pero no continuaré para no cansar al respetable. Solo dejar constancia de esa fértil ventana que se abre al mundo y que en tantas ocasiones no sabemos aprovechar debidamente. También Wim Wenders podría unirse a la lista, con su ‘Anselm’, rodado en 3D sobre el famoso pintor alemán Anselm Kiefer. Pero, teniendo una doble participación en esta edición del Festival, nos centraremos en la que Wenders presenta a competición: ‘Perfect Days’, un relato bastante enigmático e incluso secreto, donde el autor alemán rinde tributo a la capital japonesa, que ya había abordado en 1985 con ‘Tokyo-Ga’, hasta convertir su película no en una “road movie”, sino en una ‘street movie’ por sus calles pobladas de humanidad.

"Perfect Days", de Wim Wenders

Por ellas circula incesantemente Hirayama, un limpiador de servicios sanitarios cuyo mutismo se corresponde con un trabajo que, sin duda, no corresponde a su clase social. ¿Por qué lo hace, y con tanta dedicación y exigencia perfeccionista? Queda a la interpretación del espectador, que se hace más preguntas que darse respuestas en este ‘Perfect Days’, homenaje al instante de vivir algo con intensidad, pero tan fugaz como la luz que penetra un momento entre las hojas de los árboles. Se trata de la más valiosa obra de ficción de Wenders en años, lo que quizá no sea demasiado decir, pero sí que su silencioso protagonista, Köji Yakusho, puede optar con suficientes méritos al Premio al Mejor Actor de esta edición de Cannes.

En el maratón de cine italiano que ha montado el Festival dentro de sus últimas jornadas, además de Bellocchio y Moretti, le toca el turno a Alice Rohrwacher con ‘La chimera’. Pero no voy a poderles hablar hoy ni de ella ni, lo que es peor, de ‘The Old Oak’, de Ken Loach, porque los horarios disparatados de este año impiden su visión antes del cierre de esta crónica. “Dommage”…, que dicen los franceses.


(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 26 de mayo de 2023).

 


Cuando Nanni Moretti se fusiona con Fellini

 

"Il sol dell'avvenire", de Nanni Moretti

El lector y posible espectador de ‘Il sol dell’avvenire’ debe saber que en ella va a encontrarse a un Nanni Moretti en estado puro, con toda la carga de protagonismo y personalismo que ello implica. Desde los ya lejanos tiempos de ‘Caro Diario’ y ‘Abril’, todavía en la década de los 90, no veíamos al cineasta italiano tan en primera fila, con sus reflexiones sobre la vida y el cine continuamente presentes. Aunque esta vez fusionando esas típicas formas suyas con un continuo homenaje a Fellini, no ya solo explícito con imágenes de ‘La dolce vita’ sino con el papel dado al circo, a personajes fuera de la norma o incluso a la música funambulesca de Nino Rota. Cabría decir, así, que ‘El sol del porvenir’ es una especie de ‘Ocho y medio’ con ribetes muy “morettianos”, trufado con recuerdos estilo ‘Amarcord’.

Curiosa esta deriva de un cineasta hacia otro con quien no parecía tener especiales concomitancias. Pero así es el autor de ‘La habitación del hijo’, Palma de Oro en 2001, aunque sí queden aquí constantes su rechazo hacia los films donde se celebra la violencia (“Os arrepentiréis algún día de lo que estáis haciendo, cuando ya no tenga remedio”, llega a decir a un realizador que va a terminar su ópera prima con una ejecución a sangre fría), las diferencias generacionales o el papel jugado en su país por el Partido Comunista, que llegó a contar con dos millones de afiliados.

Es precisamente en un momento decisivo de esta formación política cuando se sitúa la película que, en la ficción, Moretti está dirigiendo: su separación de la Unión Soviética, marcada por Togliatti con muchas dudas después de que invadiera en 1956 Hungría. La estancia de un circo de exiliados de ese país, al que ha invitado una sección local del PCI romano, va alternándose en la trama con otra separación, la deseada por la propia mujer del realizador, o la relación de su hija con un diplomático polaco mucho mayor que ella.

A la hora de narrar un momento de grave crisis en la izquierda italiana, Moretti/personaje se encuentra con que todo va derrumbándose alrededor, aunque –dentro de la mejor tradición comunista– no reniega de un optimismo que expresa en dos finales, uno complementario del otro: el de todo el equipo de rodaje bailando como peonzas (lo que incluso escenificaron en la entrada al Palacio del Festival) y el propiamente dicho que cierra el film. Es ‘Il sol dell’avvenire’ una película irregular, algo habitual en Moretti, con situaciones fallidas como las relativas al tramposo coproductor francés y el citado diplomático o la propia crisis matrimonial, al lado de secuencias francamente brillantes, cálidas y divertidas.

"La passion de Dodin Bouffant", de Tran Anh Hùng 

En una propuesta radicalmente distinta, un “resucitado” Tran Anh Hùng nos habla en ‘La passion de Dodin Bouffant’ de alta cocina, fogones cultivados, menús exquisitos y elaboración de platos sublimes. Y digo lo de “resucitado” porque, aunque tenga en su haber diversos títulos recientes, este cineasta vietnamita residente en Francia no había vuelto a repetir los éxitos de sus iniciales ‘El olor de la papaya verde’ y ‘Cyclo’, con la que llegó a obtener en Venecia el León de Oro de 1995. Su trabajo de ahora consiste básicamente en recoger, en una especie de fluida coreografía, cómo dos cocineros de especial talento, bien interpretados por Juliette Binoche y Benoît Magimel (a quien Albert Serra parece haber vuelto a poner en órbita después de ‘Pacifiction’), preparan con talento, mimo y gusto exquisito los más variados alimentos, riquísimos postres incluidos.

En eso consiste el ochenta por ciento de las dos horas y media del film, en el que lo más interesante es la identificación entre profesionalidad y pasión amorosa, sin la cual la primera se diluye, pero solo hasta que llega un buen recambio y surge la transmisión de maestros a aprendices. Visto por la selecta audiencia de la Gran Sala del Festival sin duda ‘La passion de Dodin Bouffant’ habrá sabido distinto a su contemplación en un pase de Prensa formado por periodistas que en muchas ocasiones durante el Festival solo comemos un bocadillo… y gracias.


(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 25 de mayo de 2023).


Bellocchio continúa desentrañando la Historia italiana


"Rapito", de Marco Bellocchio

Desde el secuestro y asesinato de Aldo Moro, que abordó en su magistral serie ‘Exterior noche’ (visible en Filmin), o los atentados mafiosos contra los jueces que les perseguían en ‘Il traditore’, Marco Bellocchio se retrotrae hasta 1858, cuando la Iglesia secuestró a numerosos niños judíos que habían recibido el bautismo por influencia de criados o familiares y ya consideraba hijos de Cristo para adoctrinarlos en la fe católica. El caso más resonante fue el de Edgardo Mortara en Bolonia durante el pontificado de Pío IX, que despertó no ya justas actitudes anticlericales sino la repulsa internacional.

Da gusto cuando en el cine una historia, y más aún la Historia con mayúsculas, es narrada con la solvencia y precisión que muestra Bellocchio en este ‘Rapito’ (‘Raptado’), su film más reciente cuando ya ha cumplido los 83 años. No resulta nada fácil reflejar una etapa tan convulsa de Italia, donde el poder secular fue progresivamente enfrentándose al eclesiástico, con un Vaticano que sentía el abismo bajo sus pies si perdía los privilegios del llamado “Papa Rey”. Gracias al dominio creativo demostrado tras una carrera que comenzase nada menos que en 1965, pero que en los últimos años todavía se ha visto acrecentado, Bellocchio sabe cómo hacer llegar un relato a los espectadores mediante un sólido guion y una puesta en escena potente, cómo dirigir bien a los actores, cómo hacer convincente una ambientación de época, cómo montar con eficacia narrativa… En pocas palabras, cómo hacer buen cine de verdad.

Claridad comunicativa que no se da precisamente, sino todo lo contrario, en el caso de Wes Anderson, que con ‘Asteroid City’ vuelve a proponernos un ejercicio autoral vacuo y gratuito, sin apenas gracia. Le llegó a funcionar en algunas ocasiones, sobre todo en ‘El Gran Hotel Budapest’, de hace casi diez años, pero desde entonces su fórmula va a peor. Reconozco que por la elección de personajes bastante bobos, el tono de su foto e incluso la presencia de numerosos intérpretes famosos que corren a rodar a su lado, viendo una sola imagen de sus películas sabemos que es de Anderson. Pero tal “mérito” no compensa esta banal propuesta de ‘Asteroid City’, situada en 1955 como podría ser en cualquier otro momento y cuyos exteriores se rodaron en los aledaños de Chinchón y Colmenar de Oreja, absolutamente irreconocibles. Sé que el cineasta norteamericano tiene seguidores muy fieles y devotos; puede deducirse de las líneas anteriores que no me he contado ni me cuento entre ellos.

"Kubi", de Takeshi Kitano

Pero si difícil es saber lo que Anderson ha querido decir, tal dificultad llega al máximo con el Takeshi Kitano de ‘Kubi’. Había apuestas a la salida de su proyección para ver quién la ganaba contando a los demás lo que acababan de ver… Ni siquiera releyendo despacio el “press-book” que acompaña al film y que hace hincapié en lo famoso e importante que fue el “Honno-Ji Incident”, acaecido ayer mismo, el 21 de junio de 1582, podíamos ir más allá de haber contemplado continuos enfrentamientos entre clanes, facciones, traidores, héroes y mártires que se enfrentan con el afán de lograr no se sabe bien si el poder tribal o la unificación de Japón. Otros espectadores se dedicaban a hacer cuentas de los centenares de cabezas cortadas que registran las imágenes o a imitar los sucesivos pasos de un harakiri que el film muestra de forma tan pedagógica. Mientras que los más exquisitos confirmaban su sospecha de que el nivel de homosexualidad entre los aguerridos samuráis era mucho más que frecuente.

Asegura Kitano que con ‘Kubi’ ha querido hacer un homenaje al maestro Akira Kurosawa. ¡Qué lejos queda de ello! Y qué lejos de aquel cineasta que ganase el León de Oro en Venecia por ‘Hana-bi’ en 1997 y a quien el Festival de Valladolid dedicase al año siguiente la primera retrospectiva completa (incluyendo sus valiosas pinturas) que se hacía en el mundo sobre su obra.


(Publicado en "El Norte de Castilla", de Valladolid, 24 de mayo de 2023).


La banalidad del mal, en primer plano

 

En una edición del Festival de Cannes dominada por cuestiones éticas y con las ideas del suicidio y del desarraigo afectivo muy presentes, media docena de películas han dominado hasta ahora la Sección Oficial. Tres de ellas pertenecientes a cineastas suficientemente acreditados que –como dijimos en nuestra crónica anterior– pueblan el principal escaparate del certamen: Las hojas muertas, de Aki Kaurismäki; Las hierbas secas, de Nuri Bilge Ceylan, y Monster, de Hirokazu Kore-eda. Por encima de ellas, en mi criterio, la obra hasta ahora más importante de la Competición: The Zone of Interest, del británico Jonathan Glazer, conocido sobre todo por sus trabajos en vídeo, y que se basa en la novela del mismo título del fallecido en estos días Martin Amis. Films a los que cabe añadir el francés Anatomie d’une chute, de Justine Triet, y, en sentido negativo pese a la expectación despertada, May December, del gran autor de Carol y Lejos del cielo, Todd Haynes.

¿Por qué destaco en primer término The Zone of Interest? Porque se trata de una película que interpela directamente a la conciencia del espectador, que no puede asistir impasible contemplando la tranquila y ordenada vida familiar del comandante del campo de concentración de Auschwitz mientras, solo separados por un muro, se extermina a millares y millares de personas. O cómo se prepara con frialdad funcionarial un “transporte” de judíos húngaros para ser asesinados en las cámaras de gas. Justo esa “banalidad del mal” a la que se refirió Hannah Arendt al hablar del Holocausto nazi.

"Las hojas muertas", de Aki Kaurismäki

Reconozco que, ante relatos así, que responden a una tremenda realidad, los relatos individuales palidecen un tanto. Pese a tener una historia de amor tan tierna, emotiva y cálida en su frialdad como la de Las hojas muertas, donde Kaurismäki muestra lo mejor de su estilo en un enfoque muy cinéfilo y donde, junto a otros cineastas, la sombra de Chaplin planea con especial fuerza. O, en el caso del Bilge Ceylan de Las hierbas secas, de reforzar su maestría a la hora de filmar las conversaciones de sus personajes: un profesor destinado a una aislada y gélida zona de la Turquía profunda, con una mujer a la que un terrorista suicida segó una pierna, y el vecino de habitación del maestro, también atraído por la misma mujer. Y en cuanto al Monster de Kore-eda lo que, bajo una apariencia de similitud, tiene de variación respecto a la obra anterior de su autor, que –con un guion ajeno– se lanza a una estructura tipo Rashomon para narrar un episodio de posible “bullying” desde tres perspectivas diferentes.

A la hora de intentar determinar lo que es verdad y es mentira, Justine Triet ha elegido en Anatomie d’une chute la vía del juicio contra una mujer que quizá haya matado voluntaria o involuntariamente a su marido, escritor frustrado frente al éxito de ella como novelista, que en apariencia se suicidó. Habrá que ver por dónde transitan los muy importantes cineastas que todavía no han salido a escena cuando escribo esta crónica: nada menos que Loach, Bellocchio, Moretti, Wenders, Anderson, Tran Anh Hung, Catherine Breillat o Alicia Rohrwacher, de todos los cuales se espera lo mejor.

"Cerrar los ojos", de Víctor Erice

Lo mejor que también llegó de las diversas secciones en que la Selección Oficial se ha multiplicado, arruinando la hasta ahora muy valiosa muestra paralela Un Certain Regard. Así, bajo una u otra etiqueta, han venido, por ejemplo, la ya clásica Killers of the Flower Moon, película/serie donde Martin Scorsese demuestra hallarse en plena forma al reflejar la criminalidad contra los indios Osage en los años 20 del pasado siglo mediante un esquema muy similar al de sus films sobre la Mafia y con un Robert De Niro sobresaliente en su papel de todopoderoso “padrino”. Y hemos asistido al anhelado regreso de Víctor Erice al largometraje con su Cerrar los ojos, profunda investigación sobre un actor que se creía muerto tras abandonar un rodaje en marcha, y que quizá sea el hombre carente de memoria que se encuentra en una residencia andaluza. Sin olvidar, pese a su propuesta más propia del videojuego que de la tradición anterior de la serie como cine de acción, a un Indiana Jones and the Dial of Destiny que seguro que va a constituir una bendición para las taquillas.

Vaya un último párrafo a destacar la trasformación positiva que está experimentando el cine documental, con títulos como Occupied City, del británico Steve McQueen; Les filles d’Olfa, de la tunecina Kaouther Ben Hania, o Little Girl Blue, de la francesa Mona Achache, que se alejan del todo, afortunadamente, del tradicional esquema de las cabezas parlantes.


(Publicado en "Turia" de Valencia, 26 de mayo de 2023).