Palabras tras recibir la Espiga de Oro de Honor


Buenas noches.

No es nada fácil este momento para mí. Porque me embargan dos sentimientos complicados de expresar en pocas palabras. El primero es el de la gratitud por entregarme esta Espiga de Honor: gratitud a Javier Angulo, a todo el equipo de la Semana y al Patronato que la sustenta. Y mi enorme gratitud a la ciudad de Valladolid, que siempre me acogió con los brazos abiertos, y al público vallisoletano, que supone la razón de ser, la columna vertebral del Festival.

El otro sentimiento es el de la emoción. Emoción por estar ante ustedes y por estar al lado de mis compañeros. He querido que subieran conmigo al escenario quienes, de aquel decisivo grupo que tuve a mi lado, siguen felizmente trabajando para la Semana. Porque esta Espiga no es individual, es colectiva, es de todas y todos los que están junto a mí esta noche. Es de ellos tanto como mía, como también del recordado Juan Carlos Frugone, de Victoria Fernández, Juan Antonio Pérez Millán, Eduardo Rodríguez Merchán, Carmen Pascual, Tomas Adrián, Javier Ureña..., de todos cuantos me acompañaron en un apasionante trayecto de veinte años.

Permítanme, para finalizar, dedicar esta Espiga a mi mujer, Patricia; a nuestra hija, Emma; a los familiares que me acompañan hoy y que quiero personificar en mi hermana, Carmen, el alma actual de esa familia; y a los amigos que también han querido celebrar conmigo el galardón. Y, asimismo, “in memoriam”, dedicársela a un gran amigo, mío y de la Semana, que ha fallecido hace unos días, José Díaz de Espada.

Desde lo más profundo de mi corazón, gracias infinitas por veinte años de felicidad.


Buenas noches.

(Palabras pronunciadas en la Gala Inaugural de la 60 Semana Internacional de Cine de Valladolid, el 24 de octubre de 2015).

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