Las Jornadas de Valladolid



JORNADAS SOBRE LA DISTRIBUCIÓN INDEPENDIENTE
(Con motivo del XXV Aniversario de ADICINE y X de FILMIN)
Valladolid, 24 y 25 de octubre de 2017

CONCLUSIONES

1.             Como coorganizadores de las Jornadas, ADICINE y Filmin desean agradecer, sincera y profundamente, a la Semana Internacional de Cine de Valladolid la oportunidad de debatir en público y en privado la problemática de la distribución independiente de cine en España. Por parte de los asistentes a las Jornadas, se valora de manera especial el foro de diálogo abierto por el Festival de Valladolid que, sin duda, redundará en una adecuada comprensión de la realidad actual de cada sector.

2.           El objetivo fundamental de la distribución independiente es, desde siempre, la satisfacción y el enriquecimiento cultural del espectador, brindándole una oferta de las obras cinematográficas lo más diversa y variada posibles. De hecho, la distribución independiente constituye en España entre un 20 y un 25 por ciento de la recaudación obtenida por el cine en salas anualmente.

3.           El panorama que se ofrece a la distribución independiente se ve abocado a una situación paradójica: mientras a la tradicional exhibición en salas se han sumado nuevos canales de comunicación con el espectador, como las televisiones de pago y las plataformas digitales, cada vez resulta más dificultosa la amortización de los títulos adquiridos en los mercados internacionales, que demandan progresivamente precios más elevados.

4.         Se reconoce la decisiva aportación para la existencia de la distribución independiente que supone el apoyo de los poderes públicos a través del Programa Media y de las ayudas del ICAA. Asimismo, se considera que el estreno en salas cinematográficas continúa siendo el primer paso decisivo para que los filmes lleguen al espectador y continúen posteriormente su camino por los diversos canales de difusión existentes.

5.           Precisamente por ello, se recomienda la flexibilización de las actuales ‘ventanas’ que la industria mantiene a partir de su estreno en salas. De esa forma, se lograría además combatir el fenómeno de la piratería audiovisual.

6.           Resultan también fundamentales las plataformas digitales para disfrutar de películas y series en el ámbito doméstico mediante una propuesta lo más diversificada posible. Se estima necesario que —al igual que se está planteando actualmente en Francia— las plataformas digitales de raíz extranjera que se han implantado recientemente en España contribuyan al Fondo de Protección a la Cinematografía de nuestro país.

7.             Una labor relevante de la distribución independiente es la comercialización de las películas españolas, dado que las que son adquiridas por las ‘Majors’ (alrededor de diez o quince al año) solo suponen un pequeño porcentaje de la producción global.

8.             Se constata, con preocupación, cómo las películas de cine independiente atraen hoy en España a un público de mayor edad que el de décadas anteriores, y se confirma la necesidad de trabajar de forma conjunta para despertar el interés de generaciones cuya presencia es cada vez menor en las salas.

9.              De ahí que todos los convocados manifiesten su convicción de que la educación audiovisual se convierta ya en un compromiso de los poderes públicos, estatales y autonómicos, en aras a formar desde la infancia y la adolescencia a quienes serán los espectadores del futuro.

10.       Un camino fundamental para la distribución independiente es la adquisición de los derechos de sus películas por parte de las televisiones públicas y privadas. Especialmente en el caso de las primeras, se considera que la programación de sus obras constituye tarea básica de una televisión que no tendría que atender únicamente a sus resultados de audiencia.

11.       No deben identificarse en ningún caso las películas independientes con filmes raros, difíciles, minoritarios o pertenecientes a un determinado gueto cultural. Dado que todas las televisiones, sean públicas o privadas, buscan legítimamente satisfacer las preferencias de su público, se aprecia que pueden existir nichos suficientes para programar las películas incluidas en los amplios catálogos de los distribuidores independientes. Esta apuesta podría implicar un menor desembolso económico por parte de las televisiones, que serían así capaces de atraer a un sector de sus espectadores con una oferta distinta de la actualmente existente.

12.             Se estima que, en el caso de contar con la promoción adecuada, las películas de las distribuidoras independientes podrían llegar a atraer a un público televisivo más amplio. Si, como queda dicho, la distribución independiente en salas supone cerca de una cuarta parte de la recaudación anual, un hecho similar podría producirse en su repercusión en las audiencias televisivas.

13.           Las televisiones asistentes a las Jornadas advierten de que su programación de cine es susceptible de sufrir alteraciones en el curso de los próximos años, derivadas del flujo de espectadores hacia los canales de pago. Ello irá unido al propio fenómeno televisivo en su conjunto, fruto de la multiplicidad de canales y de las variaciones que se están experimentando dentro de los hábitos de ocio.

14.           También por parte de los operadores televisivos se sugiere a los distribuidores independientes la conveniencia de que cuenten con ellos a la hora de realizar sus adquisiciones en los mercados internacionales, porque consideran que así resultaría más sencillo su encaje dentro de las rejillas de programación.

15.       En este sentido, sugieren a los distribuidores independientes la posibilidad de aunar esfuerzos entre ellos para proponer ofertas conjuntas de películas con las que negociar de forma más directa con los operadores televisivos.

16.           Por otra parte, se valora de manera especial el gran esfuerzo realizado por la exhibición y la distribución en la digitalización de las salas, producto de una evolución tecnológica que han debido asumir de manera privada, sin las ayudas públicas que se han concedido en otros países de nuestro entorno.

17.          Los distribuidores independientes plantean al sector de la exhibición (al que consideran un colaborador imprescindible para dar visibilidad a sus películas) la conveniencia de que no existan desigualdades acusadas entre los porcentajes obtenidos por ellos y las ‘Majors’ sobre el precio de la entrada. Esas diferencias se perciben asimismo en el número y emplazamiento de sesiones dedicadas a las películas independientes, así como en la difusión y emplazamientos de materiales promocionales como ‘trailers’ y ‘displays’. Y también por las variaciones en la relación con los integradores, destinados inicialmente a amortizar los gastos de la digitalización de las salas

18.           Todas las partes participantes en las Jornadas han constatado la pasión por el cine que mueve a los diversos sectores convocados, que encuentra su primer eslabón en la exhibición cinematográfica, tanto la perteneciente a grandes circuitos como a salas independientes. Dicha pasión se concilia con el lógico interés de cada empresa por mantener y potenciar su cuenta de resultados.

19.        En función de cuanto se ha expuesto anteriormente, se subraya la necesidad de dar continuidad a los espacios de diálogo entre la distribución independiente, los operadores televisivos, las plataformas digitales y la exhibición. Solo con un continuo debate entre estos agentes de la industria audiovisual española cabe llegar a soluciones fructíferas en beneficio de todos, y principalmente de los espectadores.

20.          La Semana Internacional de Cine de Valladolid, ADICINE y Filmin valoran de manera muy positiva el tiempo y esfuerzo dedicados por todos los participantes en las Jornadas con el fin de exponer su visión ante la problemática expuesta por la distribución independiente.

Participantes

Javier Angulo (Director de la Semana Internacional de Cine de Valladolid)
Daniel Bajo (Karma Films)
David Corchero (DeAPlaneta)
Enrique Costa (Ávalon Distribución)
Juan Carlos de la Hoz (Abordar)
José Antonio del Saz (Canal Sur Televisión)
Eduardo Escudero (A Contracorriente Films)
Unai Fernández (Barton Films)
José Antonio Fernández Pascual (Barton Films)
Mercedes Gaspar (La Fragua Audiovisual)
Jesús Gómez Cambronero (Festival Films)
Juan Ramón Gómez Fabra (Federación de Cines de España, FECE)
Enrique Gonzalez Kühn (Caramel Films)
Francisco Heras de la Calle (Cines Manhattan)
Álex Lafuente (B Team Pictures)
Fernando Lara (Coordinador de las Jornadas)
Mikel Lejarza (Atresmedia Cine)
Agustín Llorente (Kinepolis)
Nieves Maroto (Super8 Distribución)
Juan Marsal (Yedra Films)
Andrés Martín (Vértigo Films)
Jacobo Martín Fernández (Subdir. Gral. de Promoción y Relaciones Internacionales ICAA)
Alex Martínez Roig (Movistar+)
Milagros Mayi (RTVE)
Javier Montero (Con un Pack)
José María Morales (Wanda Visión)
Miguel Morales (Asociación de Distribuidores Independientes Cinematográficos, ADICINE)
Lara Pérez Camiña (B Team Pictures)
Álvaro Postigo (Mk2 Cines sur)
Eva Rekettyei (Yelmo Cines)
Diego Rodríguez (Márgenes Distribución)
Carlos Rojano (Filmax International)
Stefan Schmitz (Ávalon Distribución)
Alfred Sesma (Pack Màgic)
Johanna Tonini (Movies for Festivals)
Juan Carlos Tous (Filmin)
Millán Vázquez-Ortiz (Freak Independent Film Agency) 

Valladolid, 25 de octubre de 2017


El profundo universo de los sueños



Federico Fellini es una fuente inagotable de exposiciones. Hace unos años, les hablé de una –espléndida– que le había dedicado CaixaForum. Tiempo atrás, también las salas de Filmoteca Española albergarían la figura del autor de Ocho y medio. Otras muestras más reducidas han surgido aquí y allá. Y las que se avecinan, porque en 2020 se celebra el Centenario del nacimiento de Fellini, y en Italia se está ya preparando un amplio conjunto de actividades, como corresponde a quien quizá sea su cineasta ilustre por excelencia.

De momento, tenemos ahora, y hasta el 21 de enero, la exposición “Federico Fellini. Sueño y diseño” en el madrileño Círculo de Bellas Artes. Se trata de una muestra singular, porque no intenta tener un carácter enciclopédico, sino todo lo contrario: bucear en el “onirismo visionario” de su autor, lo que unido a su “exuberancia” y a su “pasión por el psicoanálisis” (versión Jung) tras su largo tratamiento con el doctor Ernst Bernhard, conformarían de manera decisiva la personalidad felliniana. Así al menos lo establece Gianfranco Angelucci, comisario de la exposición del Círculo y a quien pertenecen los términos que acabo de entrecomillar. Todo un experto en la vida y obra de alguien que, como en Amarcord, hizo de sus recuerdos y sus sueños un terreno fértil para el torrente de imágenes que crease.

No supone su único atractivo, porque hay también dibujos y fotos de notorio interés, pero el punto fuerte de la muestra es el visionado de los tres “spots” que Fellini realizase en 1992 para el Banco di Roma. Él, que era un enemigo declarado de la publicidad, sobre todo cuando cortaba las películas en televisión (“Nunca se deben interrumpir las emociones”, sostendría, en una famosa diatriba contra Berlusconi), se dejó ganar por la generosa oferta de esa entidad bancaria. Pero tampoco era la primera vez, ya había filmado antes anuncios para Campari y pastas Barilla, en una labor más frecuente de lo que parece entre los grandes directores.

Sueño del túnel, Sueño del ‘Déjeuner sur l’herbe’ y Sueño del león en el sótano son los títulos de esos tres breves anuncios, aunque el proyecto incluía también otros, como “Sueño del huevo” y “La máquina de los sueños”, que no llegó a rodar; al fin y al cabo, Fellini moriría poco tiempo después de este epílogo publicitario, en 1993. Tomados casi siempre de las páginas de su enciclopédico “Libro de los sueños” (incluido asimismo en la muestra), su esquema es muy sencillo: la pesadilla angustiosa de un ciudadano al que un psicoanalista recomienda que, por lo menos para que esté tranquilo económicamente, deposite su dinero en el Banco di Roma. Papel del psicoanalista que iba a interpretar el propio Fellini, pero que acabó confiando a nuestro Fernando Rey, de quien también estamos ya celebrando su Centenario. El tiempo pasa para todos de manera implacable.

Dibujo de Fellini para "El libro de los sueños" 

(Publicado en "Turia" de Valencia, octubre de 2017).

El descubrimiento de Colom


Ramón Colom, durante su comparecencia en el Festival de San Sebastián de 2017

Al tiempo de una semana (y las que vendrán…) de extrema tensión en Cataluña, el cine español también ha tenido su maremoto particular. La Rueda de Prensa de Ramón Colom, el presidente de FAPAE –la patronal de los productores audiovisuales–, en el Festival de San Sebastián ha supuesto un cúmulo de acusaciones contra distintos compañeros de profesión, donde las palabras “conspiración”, “chantaje” y “corrupción” no han faltado. Sin dar nombres concretos, pero dejando bastante claro a quienes se refería, Colom ha descubierto públicamente una realidad muy inquietante.

Podrá discutirse si era el escenario, el momento o el guion adecuados para que el todavía responsable máximo de FAPAE lanzase sus dardos con tal acritud. En sus palabras, había mucho de desahogo personal, de explosión indignada, de no aguantar más después de casi cuatro años de mandato y ya cercanas las elecciones para el cargo, previstas para noviembre. Pero, conociendo un poco los entresijos del cine español, me parece perfectamente comprensible este arrebato de sinceridad. Supone una muestra de que el agua ha rebosado el vaso, de no poder soportar ya una situación tan deteriorada. Le habría sido mucho más cómodo a Colom hacer un resumen amable de su etapa (lo que detalló en la primera parte de la comparecencia) y marcharse por la puerta de atrás con una sonrisa de buena voluntad. Optó, en cambio, por dejar las cosas claras y no atenerse a la “corrección política”. Considero adecuada su actitud.

Porque las cosas no pueden seguir así, con un grupo de productores “de toda la vida” que siguen manejando impunemente el cotarro. Ni siquiera de manera frontal, asumiendo responsabilidades visibles, sino –como el propio Colom denuncia– a base de citas conspirativas, cenas donde se toman acuerdos ventajistas o búsquedas de adecuar la legislación a sus intereses particulares. Llevan demasiado tiempo actuando de esta forma, sacando claros beneficios de tal conducta y arramblando con cuanto se les pone por delante, ya sean directores y directoras generales o numerosos productores que se ven impotentes para revertir la situación y no quedarse descolgados. Colom ha vivido en estos cuatro años, desde dentro de FAPAE, cuanto otras y otros también hemos sufrido. E incluso ha prevenido del peligro de que cierre o desaparezca la entidad en un próximo futuro, con lo que se perdería un interlocutor necesario para nuestro cine.


Así están las cosas, pero así, insisto, no deben continuar, por lo que el aldabonazo, el “descubrimiento” de Colom puede resultar de gran utilidad. Si quieren profundizar en el tema, la página “web” de la televisión del Festival de San Sebastián guarda su intervención íntegra, que duró casi una hora tras las preguntas de los periodistas. No se la pierdan. No tiene desperdicio.

(Publicado en "Turia" de Valencia, octubre de 2017).

Carta de una lectora


A propósito del artículo "A una niña que va a nacer", la lectora de "Fotogramas" Sandra Reguilón envió una carta a la revista, que reproducimos. La acompañaba de un foto de su hija Laia, recién nacida, al lado de la página con dicho artículo. Este es su texto:


    Querido "Fotogramas":

   Ya son 28 años que llevas acompañándome durante todos los meses. Hemos vivido juntos tanto los buenos como los malos tiempos. Esta ocasión es especial, ya que me acompañas en el nacimiento de mi hija Laia. Al leer la firma invitada de este mes, he reflexionado sobre ello.

Quiero que mi hija aprenda a soñar de la mano de Spielberg, que se ría con los Monty Phyton, que conozca la España de Almodóvar  y Berlanga, que reflexione sobre la luz y oscuridad del ser humano de la mano de Scorsese, que vuele por África en avioneta con  Robert Redford y que sea una niña con la compañía de Pixar.

Querida Laia, Indiana Jones, Hermione Granger, Marty Mcfly, Brave y tantos otros personajes, están deseando que les conozcas.
  Tienes una vida entera de cine por delante.

Sandra Reguilón




A una niña que va a nacer


Podríamos ponernos en plan sesudo para argumentar la necesidad de la alfabetización audiovisual en nuestro país. Podríamos acudir en nuestro auxilio a diversas directivas de la Unión Europea, o a las recomendaciones mil veces expresadas por comités de expertos de todo el mundo mundial. Podríamos fijarnos en las estupendas y contrastadas iniciativas en este terreno de países cercanos como Francia, Gran Bretaña o Dinamarca.

Pero no lo voy a hacer. Voy a fijarme, en cambio, en esa niña muy cercana que va a nacer dentro de poco (no, no se asusten, no es “la niña de Rajoy”) y lo que yo deseo para ella. Entre otras muchas cosas, y de manera fundamental, que reciba una educación como la que yo no recibí. En un capítulo básico, como es el del conocimiento, comprensión y disfrute del lenguaje audiovisual. Deseo que aprenda a leer y a escribir, por supuesto; quiero que se familiarice con la música, con las artes plásticas, con el teatro, con todo aquello que va a permitir su desarrollo cultural. Pero igualmente, ¿por qué no?, con un mundo fascinante de imágenes en movimiento que van a irrumpir inmediatamente en su vida a través del televisor y el ordenador.

Me imagino a esta niña jugando muy pronto a “mover” sus dibujos en “stop motion” o a intentarlo con figuras de plastilina. Me gusta sentirla divertida y emocionada ante films, primero de animación, luego de imagen real, que no sean solo los de consumo masivo. Me complace verla conocer, paso a paso, ese lenguaje y familiarizarse y encariñarse con nombres fundamentales del cine español y de otras latitudes. Me identifico con sus sensaciones al acudir a una sala de cine para ver en pantalla grande lo que ha aprendido en los libros y en fragmentos de películas, en cómo se traduce ese lenguaje tan peculiar y tan universal. Incluso me la imagino haciendo sus pinitos, con los compañeros de clase, poniéndose a realizar un corto con una pequeña cámara o hasta con un teléfono móvil. Creo que sería feliz con todo ello.

No, no se trata de formar cineastas desde las aulas, para eso ya están –si se siente tal vocación– las Escuelas o Facultades correspondientes. Se trata de una cuestión de educación, de que esa niña salga de su instituto o su colegio sabiendo quién era Buñuel, Berlanga, Bardem o Fernán-Gómez; o por qué son importantes Almodóvar, Erice, Gutiérrez Aragón, Amenábar, Josefina Molina, Pilar Miró, Isabel Coixet o Icíar Bollaín; o cuánto han significado el neorrealismo, la “Nouvelle Vague” o los “clásicos” norteamericanos y los “independientes”. Porque también de Historia estamos hablando, de una Historia de menos de 125 años que resulta perfectamente asumible en su imprescindible relato del siglo XX y lo que llevamos del XXI.

Yo no quiero que esta niña que hoy evoco sea una autodidacta que tenga que buscar aquí y allá –como debimos hacer nosotros, por desgracia– lo que tiene derecho a que se le enseñe de manera ordenada y metódica. Nada memorística, nada de aprenderse la filmografía centenaria de un John Ford como si fuera la lista de los Reyes Godos. Nada aburrida, porque la pedagogía actual posee recursos suficientes para que no lo sea en absoluto. ¿Es tan inaudito pedir para el cine lo mismo que para otras disciplinas contemporáneas, lo mismo que para una literatura que nos permite conocer a Cervantes y Machado, una pintura que nos aporta a Goya y Picasso, una música que nos habla de Mozart y Falla, un teatro que nos acerca a Shakespeare y a Lorca?


La Academia del Cine Español ha emprendido con decisión un camino con el fin de que esa cría que va a nacer, y cuantos le preceden en edad, posean los instrumentos necesarios para convertirse en personas educadas en el medio audiovisual y, por tanto, con capacidad crítica ante él. El papel de la Academia no es poner en práctica un plan educativo concreto, sino canalizar ante las autoridades públicas, estatales y autonómicas, lo que desde hace tiempo es una amplia demanda social e insistir en que han de transformarla en realidad. De una vez por todas.

(Publicado en "Fotogramas" nº 2.087, de septiembre de 2017, dentro de la sección "La firma invitada"). 

Sin tópicos ni retóricas



Con motivo de la entrega en Madrid de los Premios Platino, se han celebrado una serie de actividades con el cine iberoamericano como protagonista. Es importante referirse a él con datos concretos y, por ello, ha destacado entre estos actos la presentación del Anuario del Cine Iberoamericano, elaborado por Barlovento Comunicación y MRC bajo la dirección de Fernando Labrada y Ricardo Vaca. Un instrumento imprescindible para conocer la realidad del cine en español y portugués, para saber con certeza el terreno que pisamos y no el que suele esgrimirse a base de tópicos y retóricas.

Vayamos con algunos de esos datos, referidos al pasado año: en el conjunto de los 22 países que incluyen el área iberoamericana, se estrenaron en salas comerciales 900 películas “propias”, entendiendo por tales las producidas en cada una de esas naciones. Donde la población mayoritaria se da en Brasil (209 millones de habitantes) y México (128), con Colombia y España en tercer y cuarto lugar, lo que no coincide con su PIB “per cápita”, ya que Puerto Rico y España son los únicos en superar los 25.000 dólares. Por otra parte, sorprende que la República Dominicana encabece el “ranking” de las cuotas de mercado –es decir, de la relación entre espectadores de cine nacional y extranjero–, con un 26%, por delante de Brasil (18%), España (17%) y Argentina (14%). Sin embargo, los títulos más taquilleros han sido dos brasileños, Os Dez Mandamentos y Minha Mâe é uma Peça, con 11,3 y 8,1 millones de espectadores; otros tantos mexicanos (¿Qué culpa tiene el niño? y No manches, Frida), con 5,9 y 5,1; y el español Un monstruo viene a verme, con más de 4 y medio. También llama la atención que se hayan proyectado 234 “óperas primas”, el 26% del total, una cantidad excesiva que proviene, sobre todo, de los documentales.

Pero estas cifras adquieren su verdadera relevancia al constatar que, frente a los 900 films de producción nacional ya citados, se han estrenado 4.515 extranjeros, la inmensa mayoría norteamericanos, y con la particularidad de que lo han sido en casi todos los países iberoamericanos. Lo que significa que nos hallamos en un mercado fortísimamente colonizado, afirmación que siempre suena a demagógica pero que se atiene a la realidad. Viene a corroborarlo otro dato: mientras la taquilla conjunta del cine en Iberoamérica representa el 8,89% del total mundial, lo logrado por las películas de esa área no llega siquiera al 1%. Casi siempre en sus países de origen, porque un problema básico de la producción iberoamericana es que “viaja mal”, siendo muy difícil –por ejemplo– ver un film español en Colombia, uno mexicano en Argentina y no digamos uno peruano, boliviano o costarricense en cualquier lugar.

Presentación del Anuario del Cine Iberoamericano en la Casa de América (Madrid)


Así son las cosas, no como difunden tantos discursos grandilocuentes. Y aunque les haya mareado un poco con estas cifras, les deseo feliz verano.

(Publicado en "Turia" de Valencia, julio de 2017).

En compañía de otros


Tras recoger su Halcón por La reconquista, Jonás Trueba subrayó algo tan importante como evidente: que los Turia son los únicos Premios que unen el cine con otras disciplinas y actividades muy diversas como el teatro, las artes plásticas, la televisión, la labor periodística, las contribuciones cívicas, la educación o la gastronomía y la enología. Y está bien que así sea, porque el cine no es un compartimento estanco que funcione en el mundo con leyes propias y alejadas de la sociedad, sino que está inmerso en ella, al lado de muchas iniciativas y trabajos que configuran también el tejido cultural y político de un país. Si el panorama de un cinéfilo obseso se reduce a las imágenes que guarda en su cabeza como tesoros inexpugnables, la Turia le dice cada año que no, que el hecho cinematográfico no vive aislado, sino en continua relación con cuanto le rodea.

No me corresponde escribir la crónica de los XXVI Premis Turia; otros compañeros de la revista ya se encargan de ello. Pero sí quiero resaltar ese carácter multidisciplinar que les caracteriza y les da personalidad propia. Concretada este año en una ceremonia en el Teatre Talia que apenas superó las dos horas, algo realmente excepcional cuando se recuerdan ediciones que han duplicado, y más, tal duración, “recorte” que todos los asistentes acogimos muy positivamente, no como los de Montoro...

Pese a contar con el pie forzoso del decorado de “Por los pelos”, la obra que se ofrece en ese mismo escenario, la entrega de los dieciocho Halcones (incluyendo el dedicado al cortometraje) tuvo ritmo y agilidad, con intervenciones emotivas como la de la presidenta de la Asociación de Víctimas 3 de Julio a propósito del documental galardonado La estrategia del silencio, o vibrantes como las palabras del director del Instituto Sorolla a la hora de valorar y defender la educación pública en el 50 Aniversario de su centro. También la presencia de jóvenes cineastas como Nely Reguera, Alberto Morais o el citado Jonás Trueba para recoger sus trofeos, junto a figuras de la dimensión de Rodolf Sirera o Núria Prims, contribuyó a realzar la gala. Igual que resultó muy sugerente contemplar las dos caras del periodismo ofrecidas por el veterano José Martí Gómez y la “intrépida reportera” Cristina Pardo.

De todo ello deja constancia gráfica El Flaco en este mismo número (por cierto, si todavía no la han visto, acudan sin demora a su espléndida exposición en la sala Acadèmia de La Nau). Sus fotos nos permitirán revivir momentos especiales del pasado sábado 8, como ya hemos hecho en tantísimos Premis anteriores. Mantenerlos veintiséis años, por encima de crisis, obstáculos económicos e incluso amenazas de bomba, no es precisamente tarea fácil. A imagen y semejanza de la propia publicación: unos premios diferentes para una revista diferente.

Todos los galardonados, al final de la entrega de los XXVI Premis Turia

(Publicado en "Turia" de Valencia, julio de 2017).

Núria Prims, la viuda negra


Núria Prims, como la Carlana de "Incerta glòria", de Agustí Villaronga

Impresiona verla, erguida como una estatua trágica, junto a los muros de su mansión, dominando el panorama de un pequeño pueblo del Bajo Aragón. Estamos en la retaguardia del frente, durante la Guerra Civil, pero en unos momentos de tensa calma, de espera indefinida hasta que las armas vuelvan a sonar. A ella la llaman la Carlana y a sus vecinos los considera sus súbditos esta mujer que ha sufrido en carne propia la barbarie bélica y que ahora se yergue en una mezcla de deseo de venganza y de sojuzgamiento. Nada le hará detenerse en sus pretensiones, mezclando el temor y la seducción hacia quienes se sienten indefensos ante su extraño poderío. Los que dimanan de la protagonista femenina de Incerta glòria, la magnífica película de Agustí Villaronga que adapta la obra homónima de Joan Sales, considerada por muchos “la gran novela catalana del siglo XX”.

La Carlana es a nuestros ojos Núria Prims, que ha sabido dotar a esta “viuda negra”, cuya figura nos retrotrae a la Bernarda Alba lorquiana, de un magnetismo inolvidable, de una fuerza casi telúrica sobre la que se articula el film. Aquella misma Núria Prims que a los trece años se sintió incapaz de comunicar convincentemente las palabras del propio Lorca ante un público de su barrio barcelonés de Sant Andreu, asume hoy en plenitud los rasgos de un personaje donde el drama aparece por todos sus resquicios. “La Carlana es una mujer muy apegada a la tierra, como un ave rapaz. De cintura para arriba es una araña y de cintura para abajo, un águila. Pero no es mala. Si no has recibido amor, tampoco sabes darlo”, definió con exactitud la actriz a su personaje en el diario “Ara.cat”, para cerrar sus palabras con la convicción de que “todos llevamos una Carlana dentro”.

Núria Prims

Le habíamos perdido un tanto la pista a esta excelente actriz catalana, que debutase en cine con Historias del Kronen, de Montxo Armendáriz, en 1995, y que luego trabajaría con otros notables directores como Joaquim Jordà (Un cos al bosc), Maria Ripoll (el episodio L’oïda de El domini dels sentits), Fernando Colomo (Los años bárbaros), Lorenzo Soler (Saïd), Juan Luis Iborra (Tiempos de azúcar), Joaquín Oristrell (Inconscientes) o Carles Torras (Trash). Aunque la popularidad de Núria Prims en su tierra le vino desde la pequeña pantalla, con la Mariona Montsolís de la larguísima serie Nissaga de poder, iniciada en 1996, y ya en toda España con la doctora del servicio de urgencias Leyre Durán de Hospital Central, a la que interpretó muy convincentemente durante varias temporadas.

Pero después de 2010, se hizo el silencio… Con su hijo Nour (luz, en árabe), todavía un crío y hoy adolescente, Núria Prims dejó la profesión en busca de tranquilidad, de la naturaleza y de otro tipo de vida menos estresante, lo que encontró en Menorca, su lugar de residencia durante estos últimos años. Una decisión personal perfectamente respetable, e incluso lógica para quien es Libra –necesitada, por tanto, de equilibrio y armonía–, la de este “retiro” provisional. Un aislamiento (nunca mejor dicho) del que le sacaría, por fortuna para sus muchos admiradores, Agustí Villlaronga, como también después Marc Recha en su todavía no estrenada La vida lliure, con la “ventaja” para ella en este caso de filmarse en la propia Menorca.

Posee Núria Prims dos características básicas de toda actriz importante: unos ojos profundos que traspasan con su mirada y unas manos capaces de agarrarse como garfios a sus personajes, a los que siempre dota de una enorme intensidad. Confiesa que le resultaron muy complicadas de rodar las escenas de la seducción manipuladora ejercida por su Carlana de Incerta glòria. Nadie lo diría… Porque, al igual que el ingenuo oficial republicano Lluís, el espectador más frío cae rendido a una atracción erótica en absoluto superficial, sino que nos reclama desde las simas de una conciencia trágica a la que difícilmente podríamos sustraernos. Ahí radica esa fuerza tan especial de la que se muestra capaz Núria Prims en el gran papel de su vida.

(Publicado en el Extra de "Turia" de Valencia, dedicado a la XXVI edición de sus Premios anuales, julio de 2017).

Las señoras de 60 años



Tienen mala prensa, a menudo son ridiculizadas en las redes sociales, sufren bromas e ironías. Pero la verdad es que el tinglado cultural de este país no se sostendría sin ellas. Me refiero a las mujeres de 60 años, más o menos, que acuden masivamente a cines, teatros, museos, exposiciones, recitales, conferencias y cualquier actividad valiosa que se convoque. A menudo van juntas, en grupo, con cita previa establecida por teléfono o internet para conocer y disfrutar de tal o cual cosa. Y da gusto verlas, interesadas por todo, participando en todo, pasándoselo en grande ante una película, una función, unos cuadros o unas actuaciones musicales. Han superado el llamado “síndrome del nido vacío” y ahora se sienten en libertad para ser ellas mismas, sin sujeción a un hogar, unos hijos o un marido, que habitualmente se queda apoltronado en el sofá de casa, consumiendo televisión sin parar.

Suponen un verdadero fenómeno sociológico, que podemos comprobar día a día, pero que no se limita a nuestro país. Recientemente, Aki Kaurismäki aseguraba que había hecho su última película, El otro lado de la esperanza, pensando en ellas, en las mujeres de 60 años que constituyen el nicho principal de su público. Muchos lo tomaron por una “boutade”, muy propia del sentido del humor del gran cineasta finlandés (al que, por cierto, Sigfrid Monleón dedicó un excelente artículo en estas mismas páginas de Turia a propósito de dicho film). Pero nada de gracieta para llamar la atención: Kaurismäki estaba afirmando una realidad palpable, que ya no son los adolescentes quienes aseguran el éxito de una película, salvo que sea de “superhéroes” y no la puedan cazar en sus ordenadores o móviles, sino estas estupendas señoras de cierta edad. Ellas, practicantes de un feminismo que no se autodefine como tal, liberadas de ataduras domésticas, integran un auténtico ejército de “receptoras culturales” que ha llegado para quedarse.


No duden de que si –según sus organizadores– la Feria del Libro de Madrid acaba de tener un 66% de visitantes femeninos, frente al solo 34% de masculinos, buena parte de ese porcentaje corresponde a mujeres que ya han llegado a la sexta década de su vida. Una vida que ahora quieren completar con todo aquello que, probablemente, no pudieron hacer en su juventud, que respiran hoy con plenitud para gozar de cualquier iniciativa que les procure una satisfacción que antes les estaba vedada. Sucede lo mismo con los cursos de mayores, con universidades, centros y escuelas para personas que no alcanzaron a disponer de la formación que deseaban. Amistades inesperadas, confidencias largo tiempo reprimidas, el intenso sentimiento de pertenecer a un grupo, conforman también este universo femenino. Al que los creadores deberían tener muy en cuenta a la hora de imaginar y elaborar sus obras.

(Publicado en "Turia" de Valencia, junio de 2017).

Dos o tres cosas que yo sé de él


Más allá de la calidad concreta de las múltiples obras que en él se ofrecen, el Festival de Cannes sirve cada año para auscultar por dónde va el mundo del cine. En este sentido, hay un par de cosas o tres que merece la pena resaltar tras la 70 edición del certamen:


Ante todo, la lucha que se avecina –o que está ya– entre las diversas formas de mostrar y recibir las películas. La larga discusión sobre los dos títulos que presentaba Netflix en la Sección Oficial ha valido como punta de lanza de un debate fundamental. ¿Debe privilegiarse a las salas o el signo de los tiempos hace que las imágenes “se consuman” básicamente en soportes domésticos o individuales? Almodóvar y otros muchos profesionales se han pronunciado en público por lo primero, aludiendo a la inigualable sensación de verlas en pantalla grande, con la proyección y el sonido adecuados, además de la experiencia que supone participar en un acto comunitario. Otros, más pertenecientes al mundo de la industria, argumentan que esa postura no busca sino poner puertas al mar y que la revolución digital ha llegado para quedarse en los sectores de la producción, la distribución y la exhibición. Aunque también los hay más “equilibrados”, que piensan que ambos caminos de difusión no resultan excluyentes y que pueden convivir las salas con las plataformas de internet sin antagonismos insuperables. La polémica está servida y de cómo se resuelva va a depender en gran medida el futuro de la cinematografía mundial.

Ruben Östlund, ganador de la Palma de Oro con "The Square"

Otra constatación importante que nos ha dejado Cannes es que se está produciendo un cierto relevo generacional entre los cineastas. Frente a una edición como la del pasado año, en que uno de los realizadores más veteranos en ejercicio, Ken Loach, ganó la Palma de Oro con Yo, Daniel Blake, en esta ocasión los privilegiados por el Palmarés son en su mayoría directores nacidos en la década de los 70. De hecho, los de mayor edad como Michael Haneke (de 1942) o Jacques Doillon (de 1944) fueron ignorados a la hora del reparto de premios. Lo que ello suponga cara al desarrollo del “cine de autor” está por ver, aunque el panorama general recién mostrado por Cannes no invita precisamente al optimismo.

Nicole Kidman, en la multicoproducción "El asesinato del ciervo sagrado"


Quizá porque –tercera consideración– ese “cine de autor” cada vez está más sujeto a condicionamientos económicos que se han convertido en una auténtica superestructura. No resulta extraño ver una coproducción sueco-eslovena-franco-neozelandesa, por ejemplo, con lo que eso supone de control por parte de múltiples comisiones que tienen que aprobar el proyecto, ya sea con dinero público o de las televisiones. Hasta qué punto ello no les está coartando a los cineastas la posibilidad de expresarse en libertad, es otro asunto que merece la máxima atención.

(Publicado en "Turia" de Valencia, junio de 2017).

El territorio de la memoria



Texto de presentación del cuarto tomo de la colección "75 años de estrenos de cine en Madrid", de Juan José Daza del Castillo, donde se abarca el periodo 1964-1968. Esta presentación, que tuvo lugar en el Hotel Ritz, de Madrid, el 1 de junio de 2017, se iniciaba con unas palabras de agradecimiento al autor del libro y a los asistentes al acto, para seguir con los siguientes párrafos:

Dicen los neurólogos que la memoria se sitúa en unas pequeñas terminaciones nerviosas del cerebro, que se activan cuando una determinada situación, palabra o hecho llega hasta nosotros. No supone, por tanto, que continuamente estemos recordando con mayor o menor intensidad, sino que tiene que darse algún factor externo o interno que genere esos recuerdos. Hasta que, poco a poco, se conforma una Memoria global, que puede ser individual o colectiva en función de aquella circunstancia que la haya puesto en acción.

Pues bien, el libro que hoy me complazco en presentar posee todos los atributos para que nuestra memoria se active continuamente. En cada ficha de película estrenada en Madrid, con los datos de su director, sus intérpretes, su duración, el cine que la exhibió, su distribuidora, los días que permaneció en cartel e incluso algo tan “antiguo” como la calificación moral que recibió (aspectos que Juan José Daza incluye puntualmente título a título), sentimos restallar un fogonazo de memoria. Revivimos aquella sala ante la que tuvimos que hacer una espera tan larga, aquellas carteleras que nos impresionaban, aquella película con la que disfrutamos, aquella compañía que nos hizo feliz, si es que no fuimos solos, que también tenía su encanto... La incomparable liturgia de la sala oscura, el silencio compartido (todavía no había llegado, afortunadamente, la era de las palomitas), el respirar en común la película, sentir las emociones que se desprendían de la pantalla, los apasionados comentarios a la salida del cine…

Una experiencia impagable (aunque costara, poco, la entrada), que el libro de Daza nos hace recuperar. Parece mentira que una sucesión de fichas posea esta capacidad de evocación para quienes fuimos espectadores continuos en esos cinco años que en sus páginas quedan recogidos. Lo que cabría considerar como un conjunto de datos fríos se convierte así en una rememoración en toda regla. Y quien más quien menos reproducirá en su memoria lo que aquellas sesiones de cine significaron, aunque los más jóvenes nos miren como “bichos prehistóricos” porque ellos no lo vivieron.

Esos años 60 fueron realmente los de la eclosión de las salas madrileñas, y las de España entera. Sobre todo, las que albergaban enormes pantallas destinadas al Cinerama, el Todd-Ao o los 70 milímetros. Títulos como “La conquista del Oeste”, “Cleopatra” o “Lawrence de Arabia” se perpetuaban de una manera que hoy, sujetos a una exhibición intensiva en multisalas, resulta casi inimaginable. La crisis del cine derivada de la extensión masiva de la televisión había llevado a Hollywood a competir con ella merced al tamaño de la pantalla y a la especial calidad de la imagen y el sonido. Era la forma de “sacar” al público de sus casas, prometiéndoles una forma de espectáculo al que no podrían asistir desde sus sofás. Una estrategia que impidió que la televisión arrasara con todo.

Pero también, en un contexto español, la década de los 60 supone la llegada de las “Salas Especiales” y “de Arte y Ensayo”, donde la mano represora de la censura franquista se abría ligeramente para dejarnos ver lo que en otros países se contemplaba sin ningún problema. Jóvenes universitarios y profesionales inquietos alternaban en ellas con muchachas “de calcetines blancos” que, antes incluso del dominio de las minifaldas, respiraban sus primeras bocanadas de libertad. Allí, de aquellas salas, surgieron muchas parejas que se fueron conociendo a base de Polanski, Resnais, Buñuel o Fellini; que encontraron interlocutores que teorizaban sobre las tendencias más significativas del cine europeo; que su unían en sus críticas al Régimen; que tuvieron hijos concebidos a 24 imágenes por segundo.

Pero también este cuarto volumen de Juan José Daza significa un retrato de la ciudad de Madrid. La “polis” griega, la “civitas” romana, se basaba en una experiencia común de convivencia, de ciudadanía, de compartir cosas dentro de la comunidad. Y en pocos lugares cabía hacerlo de la manera en que se producía en las salas, que, además, conformaban una auténtica geografía de la ciudad. El mapa de Madrid podía seguirse a través de sus cines, con concentraciones tan intensas como las de la Gran Vía o la calle Fuencarral en zonas burguesas, o Bravo Murillo, General Ricardos y los Paseos de Delicias y Extremadura en sectores populares. Muy raro era el barrio madrileño donde no hubiera diversas salas, aunque fueran de primer, segundo o hasta tercer reestreno, con copias que iban rayándose y deteriorándose sucesivamente a medida que pasaban una y otra vez por los proyectores. También ahí se daba una clara diferencia de clases: entre las copias impolutas de la Gran Vía y las plagadas de rayas y saltos de imagen que llegaban a las salas de tercer orden, había un mundo que reflejaba profundamente las desigualdades de una sociedad que empezaba entonces a conocer el desarrollismo.

Sin embargo, todo conformaba una misma ciudad, la de los potentados y los desheredados, las de los biempensantes y los progresistas, la de los ricos y los pobres. Todo era Madrid, un Madrid que en buena parte ya no existe, como han dejado de existir la mayoría de las salas que Daza reseña. Producto de los tiempos y de un modelo de consumo entonces impensable, otras salas han nacido en el extrarradio de la ciudad, igual que en la mayoría de las capitales europeas. ¿Mejor o peor? No seamos apocalípticos y pensemos que el cine, en el centro de Madrid o en la periferia, siempre ha estado vivo.

Estas y parecidas reflexiones me han surgido repasando con detalle las páginas del cuarto volumen de “75 años de estrenos de cine en Madrid”. Otras diferentes se les plantearán a ustedes, porque el territorio de la memoria es fértil, enriquecedor y muy personal. Solo cabe desear que Juan José Daza continúe con esta iniciativa única, que él ha emprendido con voluntad férrea y a la que todavía le quedan numerosos tomos con los que documentarnos, conocer más sobre el cine y sobre Madrid y, sobre todo, disfrutar tanto como él lo hace elaborando pacientemente esta colección.


Tal como éramos



Prólogo al cuarto volumen (1964-1968) de la serie de libros "75 años de estrenos de cine en Madrid", de Juan José Daza del Castillo, publicado por Ediciones La Librería: 

Si no fuera porque le conozco personalmente, pensaría que el nombre de Juan José Daza del Castillo correspondía a toda una entidad o institución. Porque es tan ingente la obra que ha acometido, que parece imposible que esté siendo desarrollada por una sola persona (aunque “con la inestimable ayuda”, como él mismo la califica, de Alín Acatinca y Carmen Vega). Uno diría que esta labor de reseñar sala a sala cuantos estrenos cinematográficos se han producido en Madrid durante 75 años, desde 1939 tras la Guerra Civil, sería objeto del amplio equipo de un centro público, con los necesarios medios humanos, documentales y tecnológicos puestos a su disposición. Craso error: es obra de alguien único, que se pasa días enteros en la Hemeroteca Nacional recogiendo todo tipo de datos. De ahí habían nacido hasta ahora tres tomos, dedicados a los periodos 1939-48, 1949-58 y 1959-63; nace ahora el cuarto, que comprende entre 1964 y 1968, el que me honro en prologar con estas líneas.

Editados por La Librería, además, en tan solo tres años, lo que habla de una vastísima preparación previa para hacer posible el extremadamente minucioso recorrido por la programación de los cines madrileños, con la ficha de cada película exhibida, incluyendo cuánto duró en cartel e incluso la “Calificación Moral” recibida. Y acompañado por un espacio previo para Noticias del año, que aporta informaciones relevantes y muchas veces poco conocidas, y el Resumen de la temporada. Lo que, unido al Índice de títulos citados, convierte prácticamente al volumen en un Anuario de cuanto ha sucedido en el campo cinematográfico. Con ello, la indudable vocación de Juan José Daza, que ha dedicado gran parte de su vida a la exhibición, se transforma en un empeño enormemente útil no ya solo para historiadores y eruditos, sino para aficionados en general que quieran rememorar aquellas carteleras o conocerlas de primera mano.

Unas carteleras que, en la década de los 60, viven en Madrid –y en toda España– una verdadera explosión. Es una auténtica “Edad de Oro” de las salas, que duplican su número en nuestro país durante tan solo una década, como consecuencia de que cada españolito va al cine nada menos que una media de doce veces al año (el doble que en Alemania), cuando en la actualidad no va más de dos. Es el momento de las grandes pantallas para albergar las proyecciones en Cinerama, Todd-AO o 70 milímetros, con que la industria de Hollywood trata de combatir denodadamente la infiltración popular de la televisión. Es cuando era posible que una película llegase a ser proyectada durante 639 días consecutivos, entre el 19 de abril de 1963 y el 19 de enero de 1965, como logró La conquista del Oeste en el Cine Albéniz, estableciendo un récord absoluto. O cuando también se eternizaban en la pantalla títulos como West Side Story y Doctor Zhivago en el Paz, Cleopatra en el Conde Duque o Lord Jim, en el Palafox. Aunque no sucedía lo mismo con films españoles del máximo nivel de calidad, caso de El verdugo (28 días), La Tía Tula (otros 28), Nueve cartas a Berta (42) o La caza (tan solo 7).

Lo que supuso la llegada en 1967 de las llamadas “Salas Especiales” y “de Arte y Ensayo”; las modificaciones legislativas aplicadas por José María García Escudero al frente de la Dirección General de Cinematografía, con un cierta apertura de la censura; el hecho de que Alegre juventud fuera en 1964 la primera película no religiosa autorizada a proyectarse durante la Semana Santa; que nada menos que al 61% de las 1.456 películas calificadas entre 1963 y 1966 por la autoridad eclesiástica les fuese aplicado el 4 de “Gravemente Peligrosa” (hombre, tan malos no hemos salido…); que el precioso Cine Doré se salvara milagrosamente de la piqueta al pensarse en él como futura sede de la hoy Filmoteca Española; que la sala preferida de Azorín fuera el pequeño Cine Gong, situado en la calle de Marqués de Cubas y que pasaba con frecuencia films en versión original “avant la lettre”…


Todo esto lo sabemos o lo recordamos ahora gracias al trabajo de Juan José Daza, en un ejercicio de memoria que va mucho más allá del frío dato, de la estadística objetiva. “La nostalgia ya no es lo que era”, sostenía Simone Signoret, pero en este volumen recuperamos lo mejor de ella. Pasando y paseando por sus páginas, uno rememora tantas miles de horas disfrutadas ante la pantalla, pero también las enormes carteleras, las interminables colas de espectadores, el ansia hacia lo maravilloso que nos esperaba, las personas queridas que nos acompañaban. Íbamos al cine tal como éramos, tal como vivíamos, sentíamos y anhelábamos: ahí radica la principal lección de los impagables libros de Juan José Daza, este confeso admirador de Dreyer, Kurosawa, Fellini y Wilder, que le enseñaron “a amar el cine”. Apasionadamente.