Máxima expectación en Cannes ante la proyección de ‘Megalópolis’, la última película de Francis Ford Coppola, ya con 85 años a sus espaldas. Las noticias llegadas desde Estados Unidos eran contradictorias, había quienes hablaban de obra maestra y quienes aseguraban que era un desastre absoluto. De hecho, ninguno de los grandes Estudios de Hollywood ha querido ampararla para su distribución mundial y, con la carga de un coste de 120 millones de dólares, la película está siendo vendida país por país.
Creo que no hay que situarse en ninguno de los dos extremos
de valoración sobre ‘Megalópolis’ que antes he citado. Ante todo, porque
Coppola merece todo el respeto del mundo por haber creado obras maestras
imperecederas como la trilogía de ‘El Padrino’ y ‘Apocalypse Now’, por la que
obtuvo aquí la Palma de Oro, segunda después de la lograda con ‘La
conversación’. Y, a partir de ese respeto, debe decirse que nos hallamos ante
una película muy fallida, pero no vergonzante; grandilocuente, pero no privada
de sentido en su apuesta por un mundo diferente; de inferior valía que otros
trabajos de su autor, pero donde vuelve a temas tan queridos por el él como la
lucha por el poder (en este caso, entre un arquitecto visionario, con capacidad
nada menos que para detener el tiempo, y un alcalde corrupto, además de un
tercer grupo malévolo), su predilección por personajes que tratan de sacar
adelante sus ideas a toda costa, y un estilo con cierta tendencia al énfasis.
Coppola llama a ‘Megalopolis’ con razón “una fábula”, y lo es
por su paralelismo entre la decadencia histórica del Imperio Romano y el que
percibe como ya próximo del Imperio Norteamericano, con Nueva York como
símbolo. Aunque no pierde una tan entusiasta como ingenua esperanza en un
porvenir positivo, representado por el bebé de la pareja principal. Precedida esa
idea por una amplia alocución del protagonista, César Catilina (¿recuerdan las
catilinarias latinas?), que remite inevitablemente a la de Chaplin al término
de ‘El Gran Dictador’, como otros diversos aspectos del film nos conducen hasta
la ‘Metrópolis’ de Fritz Lang.
"The Damned", de Roberto Minervini
Se “comió” Coppola enterita la jornada, aunque dejando algún
espacio para las secciones paralelas, donde destacó en Un Certain Regard ‘The
Damned’, primera película de ficción del italiano Roberto Minervini, la típica
“película de Festival” que gusta mucho a la crítica especializada y a los
cinéfilos de pro, pero poco atractiva para el público en general por su
excesiva monotonía al enfocar un episodio de la Guerra Civil estadounidense.
Mientras que, en el apartado Cannes Première, Rithy Panh volvía en ‘Cita con Pol
Pot’ a la denuncia de la barbarie de los jemeres rojos camboyanos, con una
mezcla entre el documental y la ficción que demuestra que domina infinitamente
mejor lo primero que lo segundo.
(Publicado en "El Norte de Castilla", 18 de mayo de 2024).
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