Bellocchio reconstruye los macroprocesos contra la Mafia



Pocos confiaban en que Marco Bellocchio, muy cerca de cumplir los 80 años, hiciera una buena película centrada, a estas alturas, en la Mafia. Se ignoraba posiblemente que sus títulos más valiosos no son precisamente los míticos de sus inicios, como ‘I pugni in tasca’ o ‘Nel nome del padre’, sino varios de aquellos que ha realizado ya en el siglo XXI: ‘Buongiorno, notte’ (sobre el secuestro y asesinato de Aldo Moro), ‘Vincere’ (centrado en el ascenso de Mussolini) y ‘Fai bei sogni’, pasando de lo político al intimismo y que ya elogiamos cuando fue ofrecida por la Quincena de Realizadores en 2016.
"Il traditore", de Marco Bellocchio

Por ello, ha sido una sorpresa para la mayoría el logro de ‘Il traditore’, que refleja la historia real de Tommaso Buscetta, el “arrepentido” de la Mafia que confesó ante el juez Falcone las actividades criminales de muchísimos de sus antiguos compañeros. Calificación esta de “arrepentido” que él niega rotundamente, porque realiza su delación en nombre de los “principios” de la Cosa Nostra en la que se integró y que entiende traicionados por la violencia y la crueldad del clan de los corleoneses (dirigido por el sangriento Toto Riina) para hacerse con el dominio del tráfico de drogas en Sicilia. Un periodo convulso de la Historia italiana, entre la década de los ochenta hasta bien entrados los dos mil, que tuvo a su héroe cívico en la figura del juez Giovanni Falcone, asesinado brutalmente en un atentado que la película reproduce con maestría, sin obviar la despiadada celebración con que su muerte fue recibida por los mafiosos.

Con un protagonismo especial para los tres macroprocesos en los que se vio envuelto Buscetta entre los insultos de su antiguos correligionarios, ‘El traidor’ recoge la herencia del mejor “cine político” de su país para narrar en dos horas y media unos hechos, por desgracia, reales y todavía muy cercanos. Bellocchio lo lleva a cabo con energía, dominio narrativo y esa eficacia que acredita a un cineasta muy experimentado. Que ha sabido aprovechar las posibilidades de un guion espléndido (salvo algunas ensoñaciones del protagonista y ciertos paralelismos con animales en cautividad) y que potencia las posibilidades interpretativas de un Pierfrancesco Favino, en el papel de Buscetta, convertido ya en firme candidato al Premio al Mejor Actor.

"Mektoub, My Love: Intermezzo", de Abdellatif Kechiche

El envés de la jornada competitiva ha llegado con ‘Mektoub, My Love: Intermezzo’, del autor de ‘La vida de Adèle’, con la que Abdellatif Kechiche logró con absoluta justicia la Palma de Oro hace seis años. Se ha metido en llevar a cabo una trilogía, de la que el film ahora presentado es la segunda parte, marcada sin duda por el signo de la desmesura en todos los sentidos. No ya por su duración de tres horas y media, sino por la misma propuesta que inspira el proyecto, centrado en un grupo de jóvenes que pasan el septiembre todavía veraniego de 1994 en un lugar de la Costa Azul.

Quienes vieran la primera entrega de ‘Mektoub, My Love’, que llevaba como subtítulo ‘Canto uno’ (el Festival de Sevilla la dio a conocer en España), no se sorprenderán con esta segunda. Que no es que continúe el relato donde terminó la anterior, sino que supone una especie de variación sobre lo que ya se había contado en ella. De hecho, la situación inicial en la playa –con la presentación de los personajes– resulta casi idéntica, para centrarse inmediatamente ¡durante más de tres horas! en la misma discoteca de machacona y estridente música electrónica, que bailan sin cesar este grupo de, sobre todo, amigas y familiares.

Solo una prolongada escena de sexo oral en los lavabos, filmada sin ningún tapujo, y una brevísima secuencia final con Amin, el chico tan deseado como pasivo (de gran parecido con el exfutbolista Raúl) que sobre todo mira a sus colegas, nos liberan del infierno de la susodicha discoteca. Al menos en el primer capítulo de la trilogía, aquel ‘Canto uno’, había otras situaciones diferentes en escenarios distintos, que hacían todo más llevadero que en este ‘Intermezzo’. Ah! La palabra árabe “mektoub” hace referencia a la idea de “destino”. No es que eso aclare nada de esta película insufrible, que hay quien elogia por su “valentía”, pero lo señalo para que quede constancia de un término empleado cada cierto tiempo en los diálogos sin que sepamos muy bien lo que con él se pretende decir…

(Publicado en "El Norte de Castilla", 25 de mayo de 2019).

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