Intensa polémica sobre la Palma de Honor a Alain Delon


Les prometí en la crónica de ayer contarles el revuelo que se ha producido en Cannes, y prácticamente en toda Francia, por la Palma de Oro de Honor que el Festival ha otorgado a Alain Delon. El motivo no es la brillante carrera del actor, por supuesto, sino su postura personal ante determinados hechos. Diversas asociaciones feministas han recordado “sus manifestaciones machistas”, en las que incluso parecía justificar el pegar a una mujer, mientras que los colectivos LGTBI le acusan de “homófobo” al haber criticado la adopción de niños por parejas homosexuales. Y la mayoría le echa en cara sus relaciones políticas, en especial su amistad con Jean-Marie Le Pen, el fundador del Frente Nacional.

Alain Delon, tras recibir la Palma de Oro de Honor

“No estamos concediendo a Delon el Premio Nobel de la Paz, sino un reconocimiento a su indiscutible trabajo”, ha defendido en rueda de Prensa el director del Festival, Thierry Frémaux. Y el propio Delon, que ya cuenta con 83 años, acepta en una larga entrevista publicada por el diario local ‘Nice Matin’ que “se me critique sobre muchas cosas personales, mi vida es mi vida y solo a mí me pertenece. Pero no sobre mi trayectoria profesional, que es la que le pertenece a todo el mundo”. Una trayectoria que, en efecto, incluye títulos magistrales como ‘El Gatopardo’, ‘Rocco y sus hermanos’, ambas con Visconti, ‘El silencio de un hombre’ de Melville, ‘El eclipse’ de Antonioni, ‘A pleno sol’ de Clément o ‘El asesinato de Trotsky’ y ‘El otro señor Klein’ de Losey (que es la que se verá en el homenaje del Festival). O del enorme éxito popular que alcanzaron ‘La piscina’, con su pareja de entonces, Romy Schneider, ‘El Tulipán Negro’ o ‘Borsalino’.

Por ahí, ninguna discusión sobre la justicia de un galardón que, además, Cannes, ya ha dedicado con anterioridad a otros intérpretes franceses: Moreau, Deneuve, Belmondo, Léaud… La cuestión estriba en la personalidad pública de Delon, tan poco agradable para muchos sectores. Veremos qué sucede pasado mañana, cuando se le entregue esta Palma de Honor, aunque no en la sala principal del Palacio del Festival, la Lumière, sino en una adjunta más pequeña, la Debussy, dedicada a las secciones paralelas y a los pases de Prensa. ¿Querrá decir algo esta localización?

Pero vayamos a las películas de la jornada, donde ha destacado sin duda ‘Les Misérables’, ópera prima de Ladj Ly, realizador francés de origen maliense. No, no se trata de una nueva adaptación de la novela de Victor Hugo, aunque se desarrolle en su misma zona, Montfermeil, no en el siglo XIX sino en el XXI, cuando se sitúa en esa “banlieue” de París llena de colmenas humanas donde habitan básicamente emigrantes negros de segunda o tercera generación, como lo hizo en su día el propio director del film. Se nota a la legua que Ly conoce a la perfección ese ambiente y, por ello, ‘Les Misérables’ respira verdad, autenticidad, al reflejar el enfrentamiento directo y violento entre un grupo de adolescentes del barrio y tres policías destinados a él.

"Les Misérables", de Ladj Ly

Muy bien rodada dentro de un esquema de película de acción (me recordaba al Alberto Rodríguez de ‘7 vírgenes’ o ‘Grupo 7’), que se inicia con la explosión de alegría colectiva por el triunfo de Francia en el Mundial del pasado año, y rápidamente se centra en una cotidianeidad marcada por el enfrentamiento y la discordia, registradas por el “dron” que maneja un solitario crío y que se convierte en testigo privilegiado de cuanto sucede en las calles. Ladj Ly finaliza su relato con un fragmento de ‘Los Miserables’ donde Víctor Hugo aseguraba que no había malas personas ni malas hierbas, sino malos cultivadores que generan unas y otras…

Mucho menos encomiable es el resultado de la brasileña ‘Bacurau’, donde Kléber Mendonça Filho y Juliano Dornelles mezclan cosas tan dispares como la alegoría política, una remembranza de aquel Cinema Novo Brasileiro de los 60 estilo ‘Antonio das Mortes’ y unas gotitas de “realismo mágico” latinoamericano. ¿Resultado? Que en la mayor parte de la película no se sabe muy bien lo que está sucediendo, que se juega en ella a demasiados palos y que el conjunto acaba siendo muy indigesto. De Mendonça Filho guardábamos buen recuerdo por su  ‘Aquarius’, que se vio aquí hace tres años y que en España se llamó ‘Doña Clara’. Ahora, cuando se ha unido en la dirección con su habitual diseñador de producción, Juliano Dornelles, no cabe consolidar aquella positiva impresión.

(Publicado en "El Norte de Castilla", 17 de mayo de 2019).

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